Dianelis de la Rosa: educar es un compromiso de amor (+Podcast)

Dianelis de la Rosa Medina, promotora del programa Educa a tu hijo // Foto Denia Fleitas Rosales

“Para mí un niño significa lo más grande, los niños son mi vida”. Y la voz que nace alegre de las entrañas toma los colores del amor. “No soy solamente promotora, he sido payasa, he sido niña, he sido Alelí, Violeta, he sido tantas cosas, que ya no sé… educadora”–sintetiza, “decirse maestro es decirse creador, y eso he tenido que ser yo”.

Dianelis de la Rosa Medina es sencillamente maestra, profe, seño, como quieran llamarle los pequeñines o los padres que han encontrado un camino de orientación y saber en su entrega y pasión profesional.

Esta manzanillera lleva marcadas en su esencia las huellas de 17 años de ejercicio como licenciada en Educación Preescolar, y los seis últimos en el programa Educa a tu hijo; emite la mezcla de ternura y empeño al que debe aspirar todo aquel que quiera cultivar hombres.

“Cuando se ha logrado sensibilizar a la familia, tocar las fibras más sensibles, te lo agradecen infinitamente; y aunque te envejeces porque los años no pasan por gusto, la familia te ve y dice mira niño tu maestra, y eso le queda a uno para toda la vida”.

“Con una buena orientación, preparación, sistematización de las tareas, se logran maravillas, lo que te propongas. Tienes que tener la habilidad de enamorarlas, de movilizar muchas personas, de comunicarte bien y hablar todos los lenguajes: el corporal, coloquial, técnico, para saber llegar, y demostrarles que lo más importante es el niño, que se quieran que se amen”.

Así asegura ha crecido también como promotora y madre de dos hijos, aunque sienta suyos aquellos a los que enseña nociones del mundo en las llamadas casitas de juego del consejo popular cuatro Celia Sánchez Manduley, y antes en los círculos infantiles.

“Nunca me fui, ni en los peores momentos de trabajo ni de mi vida, porque uno tiene momentos buenos y otros no tan buenos. Nunca me fui, como maestra, y no creo que me vaya, porque sé hacer otras tantas cosas, pero creo que lo que mejor sé hacer es preparar a la familia”.

Dice con la mirada fija y el recuerdo, quizás, en el cariño sincero de los príncipes enanos que disfrutan de cada nueva poesía o canción, del cuento que protagonizan sus animales preferidos, de descubrir a su lado el mundo de colores, de sentir más pegaditos a sí el esfuerzo de mami y papi porque aprendan la lección.

“Si en algo no me equivoqué fue en elegir esta profesión, porque con un niño puedes hacer todo – refiere mientras se apodera de su garganta el nudo del estremecimiento. Si tienes el deseo de hacer y preparación puedes enseñarlo a cantar, a bailar, leer y escribir, a entender el mundo que les rodea, que para ellos es tan difícil y no lo comprenden”.

Con similar naturalidad a la que derrocha en cada encuentro con los niños, niñas y sus familias, con la profundidad de quien dice lo que sabe desde el alma, refleja su ser en las palabras.

“Es un compromiso conmigo, con la familia que me hizo, con aquellas que conozco porque las he preparado hoy y pasan algunos años, llega un nuevo miembro y hay que volver a recordar algunas cosas y enseñar otras nuevas… y también un compromiso de superación; por lo tanto, educar es un compromiso de amor”.

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