Mujeres cubanas, fuerza del futuro revolucionario

Las mujeres trabajadoras aportan a la sociedad y al futuro // Foto: Denia Fleitas

Entre las huellas de nuestra historia, son visibles y preclaras las que a diario dejan las féminas cubanas. Armonía de ternura y fortaleza parece moldearlas. Desde que nacieron embriagaron al mundo de una brisa acariciante, esperanzas y bondad. Pero hoy, más que eso estimulan, con su andar pausado y firme.

Convertidas en una, por el lazo maternal de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), tienen la mirada firme en el porvenir, evocan la acción certera y consagrada.

Antes, cual palomas solitarias alzaban el vuelo para trasladar su mensaje. De sus ansias de libertad les nacieron alas. Carlota, oscurecida por su origen Lucumí, fue una de las primeras. De sus atuendos cimarrones brotó el espíritu que convocó a la rebelión en el lejano 1843.

Adela, Isabel, María, Mercedes, Enriqueta, Mariana, echaron raíces de amor en la patria, y sin olvidar la responsabilidad en el hogar, dieron riendas a su vocación de independencia.

El nombre de Ana Betancourt tañe cuando se habla de la participación activa y la defensa de los derechos femeninos. Su voz, en la Asamblea de Guáimaro, se escucha todavía:

“Ciudadanos: la mujer cubana en el rincón oscuro y tranquilo del hogar esperaba paciente y resignada esta hora sublime en que una revolución justa rompe el yugo y le desata las alas. Aquí todo era esclavo, la cuna, el color y el sexo. Vosotros queréis destruir la esclavitud de la cuna peleando hasta morir. Habéis destruido la esclavitud del color emancipando al siervo. ¡Llegó el momento de libertar a la mujer!”

Y su poder de actuar y hacer con autonomía viene implícito en la organización que aglutina hace 59 años a otras como Celia Sánchez, Melba Hernández y Vilma Espín, que aprendieron de ellas, se nutrieron, y esparcieron el espíritu de entrega, disposición, sacrificio y vanguardia.

Este 23 de agosto, las féminas cubanas despiertan con un matiz diferente en sus mejillas, y en los labios la sonrisa del orgullo por el nuevo aniversario de esta estructura que representa sus anhelos de justicia social y dignidad humana.

Casi seis décadas dando amor y asumiendo cada tarea en el primer puesto. Amas de casa, trabajadoras, intelectuales, campesinas y estudiantes, protagonizan hazañas de la vida cubana.

Su fragancia se desprende de la campaña alfabetizadora, donde el 59 por ciento de la fuerza era femenina, de los Círculos Infantiles, el programa Educa a tu Hijo; de la tierra y productos que cosechan con esmero, de la faena educacional y de la salud, de las diferentes esferas: económica, política y social, donde son gestoras de eficiencia, calidad y simpatía.

La FMC es una puerta a la preparación plena de la mujer. Enseña a pensar y actuar diferente, a asumir retos y no renunciar, a triunfar. Evoca con dignidad el ejemplo de aquellas que dieron sus vidas por lograr la igualdad de derechos y la participación activa en la construcción de una sociedad justa.

El ímpetu que le impregnó su eterna Presidenta Vilma Espín, la vitalidad y entrega de sus integrantes, a estos 59 años de creada, definen a la organización con claridad como sólida e invencible fuerza para las obras de hoy y del futuro revolucionario.

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