Hombre que jamás se rinde

Las privaciones de su cuna humilde, en el reparto Los Pinos de La Habana, no impidieron que creciera y se formara con los más altos valores de un hijo que optó por el bando de los que aman y fundan.

Sencillo albañil que aprendió los avatares de la vida y supo de otros oficios,- estuvo dotado del afán de construir, razones suficientes para que empuñara un rifle calibre 22 y tomara por asalto el Moncada.

Luego de prisión fecunda donde entonó las notas del Himno de Bayamo, durante visita del tirano, a su cárcel en Isla de Pinos, parte al exilio en tierras mexicanas y retorna en la expedición del Granma, a petición de su Patria amada que lo llamaba “a vencer o a morir.”

La Sierra conoció los tenaces pasos del destacado poeta de la guerrilla, que vestido de verde olivo, con barba, botas y fusil, escribía canciones de amor y de gesta como la de Girón donde mostró sus cualidades de estratega.

El Comandante, el amigo fiel de Fidel, el hombre de mirada serena y franca sonrisa, el cómplice de las travesuras de Camilo, es figura prominente de Cuba, con cargos importantes en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y compositor de centenares de canciones populares y autor de una docena de libros memorables.

Su aguda sensibilidad lo convenció de que solo con el corazón se puede hacer poesía y viajar con la imaginación cuando las circunstancias nos llevan de prisa por los años.

De él, de Juan Almeida Bosque aprendimos «¡Aquí no se rinde nadie!», que con una palabrota o sin ella, es expresión que trasmite valentía a nuestro espíritu de lucha y patriotismo.

Hace hoy 10 años Almeida no está físicamente, pero su impronta permanece en el lomerío, en el rocío de las mañanas e inspira a los poetas, que guitarra en mano, mantienen vivo su ejemplo.

El Héroe de la República de Cuba, reposa hoy en la más digna cuna, la de la Revolución que abriga y cuida celosa su estatura de hombre que jamás  se rinde.

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