Amanecer de Rebeldía y confirmación revolucionaria

Amanecer de Rebeldía y confirmación revolucionaria

Amanece en la mañana de la Santa Ana y Cuba reedita uno de los hechos más trascendentes del acontecer revolucionario en pos de la soberanía plena, un suceso protagonizado por los jóvenes de la Generación del Centenario quienes dejaron correr por sus venas con más ímpetu la esencia de las ideas del Apóstol de la independencia.

Otros jóvenes del presente visten de forma simbólica los uniformes, empuñan las armas, invaden los predios de los otrora Cuartel Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, de Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente.

En la invasión vibra el espíritu rebelde de la patria, y se rememora el ejemplo de dignidad agigantado entonces en los pechos anhelantes de libertad al ver a la madre y sus hijos en agonía, en pena, tras el zarpazo sangriento de un dictador el 10 de marzo de 1952, de un Fulgencio Batista servil a los intereses del gobierno imperialista yanqui que sumía en hambre, desempleo, pobreza, represión brutal, a todo el pueblo, al eliminar las garantías constitucionales.

Diferentes son las circunstancias del asalto de hoy. Su naturaleza es evocativa, e imbrica el impulso de la sociedad libre de aquellos desmanes y en proceso de renovación, de actualización incluso desde la Constitución de la República, en busca de potenciar que la ley primera sea, como aspiró José Martí, el culto a la dignidad plena del hombre.

Desde esa dimensión vuelven los asaltantes de ayer al recuerdo, convertidos en fuerza vital, desafiante a los obstáculos, a las limitaciones de armas y a la exposición de perder hasta la vida por mantenerse fieles a sus principios y a la voluntad de contribuir con la emancipación del terruño y su pueblo.

Se crecen en la custodia de una obra construida desde la base de su actuar político, de su convicción en el triunfo, materializado en enero de 1959. Pues, como expresara Fidel Castro Ruz,  tiempo después al suceso: “El Moncada nos enseñó a convertir los reveses en victorias. No fue la única amarga prueba de la adversidad, pero ya nada pudo contener la lucha victoriosa de nuestro pueblo”.

“Nos mostró el valor de una doctrina, la fuerza de las ideas, y nos dejó la lección permanente de la perseverancia y el tesón en los propósitos justos. Nuestros muertos heroicos no cayeron en vano (…) Los vemos renacer en las nuevas generaciones que crecen al calor fraternal y humano de la Revolución”.

Fidel, el joven absuelto por la historia, el líder indiscutible de la avanzada que despertó el torrente martiano dormido en las entrañas de la Isla, el jefe de las acciones de ayer, el paradigma de revolucionario y adalid de la Cuba en Revolución, permanece en la primera fila.

También Raúl Castro Ruz, Abel y Haydée Santamaría Cuadrado, Melba Hernández, Raúl Gómez García, Boris Luis Santacoloma, Jesús Montané Oropesa, Ñico López, y otros, transfirieron a la nación su heroicidad tras la jornada en la que se proclamaron como hombres y mujeres libres o mártires.

De su legado y virtudes se nutren cubanos y cubanas y, en particular Miguel Díaz-Canel Bermúdez, quien asume los destinos de la Mayor de las Antillas para dar continuidad a la obra gestada desde el 10 de octubre de 1868 con el grito emancipador de Carlos Manuel de Céspedes e impulsada hace 65 años con las acciones de los asaltantes, futuros integrantes del Movimiento 26 de Julio.

En palabras recientes durante la clausura de la primera sesión ordinaria de la IX Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros confirmó su apego a esa herencia, en especial a la de quienes le precedieron en el cargo.

“Fidel, desde la eternidad donde ahora habita, fue la imagen recurrente durante los minutos que duró el acto solemne aquel 19 de abril. En esos instantes lo pensé muchas veces: aquilaté mejor su insuperada talla de estadista continental y mundial, recordé algunas de sus inagotables lecciones políticas y humanísticas, valoré más sus “cualidades de conductor revolucionario” y asumí como propio su firme credo martiano, la profunda convicción de que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.

“Raúl, alzando mi brazo, fue entonces la certeza de que tenemos un guía, lúcido e incansable, cuyo apoyo no he dejado de sentir ni un día. Soy, por tanto, un presidente afortunado, no solo por el extraordinario pueblo al que debo servir, sino por la excepcionalidad de quienes me han antecedido. ¿Cómo entonces cumplirles?”

Como aseveró en su discurso queda mucho por hacer y no será fácil, como no lo fue para los iniciadores, “¿Y para aquellos que, derrotados, pero jamás vencidos, salieron de la prisión al exilio, del exilio al Granma, del Granma a la Sierra y de la Sierra y la clandestinidad a la conquista de la esperanza, esa que llevamos 60 años defendiendo?”

Desde este retorno a los atributos intrínsecos de la nación, a la convicción y capacidad de lucha, resistencia y amor a la Patria de su pueblo, este 26 de Julio evidencia el andar de la Isla en efervescente fortalecimiento, para erigirse más unida, justa, combativa ante lo mal hecho, equitativa, incluyente, respetuosa, próspera.

El día de la Rebeldía Nacional en este amanecer de nuevos asaltos, se acentúa como irrefutable verdad del carácter indestructible de la Revolución Cubana.

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