Defensa de amor por el más trascendente de los derechos, la vida

Doctora Lourdes Mustelier Gregorich, en defensa del derecho más trascendental, la vida

Con el alma empapada de recuerdos y recuperando energías para “volver a atender a mis pacientes”, la especialista en Medicina General integral Lourdes Mustelier Gregorich, es una de las más de 150 profesionales de las ciencias médicas que desde Manzanillo llevaron la esperanza a los habitantes de las más recónditas regiones de Brasil, y demostraron que Cuba defiende los derechos de su pueblo y del mundo.

“Como hija de padres campesinos del poblado de Jibacoa fue un poco complicado el estudio porque desde los 11 años me bequé en el Caney de las Mercedes para hacer la secundaria básica, luego cursé el preuniversitario en el Instituto Preuniversitario Vladimir Ilich Lenin de Holguín. De ahí, en pleno período especial, me decidí por la carrera de medicina la cual estudié en la Facultad de Ciencias Médicas Celia Sánchez Manduley de Manzanillo”.

“Fueron seis años de entrega a los estudios y gracias al esfuerzo de mis padres, hoy se ve el fruto del esfuerzo propio, de mi familia y de la Revolución, gracias a la que pude graduarme como médica y ejercer esta profesión de tanto humanismo y tan necesaria para la población”.

“Ya son 18 años en el ejercicio, me gradué el 13 de agosto del año 2000 en conmemoración al cumpleaños de Fidel Castro en una graduación masiva en la que tuvimos el privilegio cuatro mil galenos y enfermeras de que él estuviera presente, entonces el compromiso fue mayor. Todos saben el significado que tuvo y tiene nuestro Comandante en Jefe para todos y especialmente para este sector, y fue un orgullo ser graduados por él ese día”.

A casi dos décadas de asumir como suyo el dolor de los pacientes, significa que “el modelo de salud pública en Cuba es un ejemplo en el mundo, es el programa más abarcador, he tenido la oportunidad de estar en otros países y no existe nada comparado. Su enfoque preventivo es novedoso para el mundo y cuando hablamos las cosas que hacemos acá nadie cree que la medicina cubana es tan abarcadora”.

“Si bien comencé a desempeñarme en Jibacoa, ya he rotado por las diferentes áreas del Policlínico dos Ángel Ortiz Vázquez que atiende áreas urbanas y rurales como Troya, San Francisco, y creo que la satisfacción mayor es cuando pasamos por las calles y nos recuerdan, los pacientes nos saludan con cariño porque algún día los tratamos y expresan su agradecimiento”.

Brasil y el programa Más Médicos fue su segunda misión internacionalista, antecedida por las labores en Venezuela. De la experiencia en el gigante latinoamericano reseña “fue una experiencia enriquecedora e inolvidable, tuve la oportunidad de trabajar en un poblado de seis mil habitantes donde habíamos dos médicas cubanas, localizado a seis horas de Sao Paulo”.

“Existía un hospital donde los brasileños atendían las urgencias médicas, pero no así la medicina familiar, la cual desplegamos nosotras allí. La salud pública no tiene los mismos principios que el nuestro, así que carecían del contacto directo con el paciente, la prevención de las enfermedades, la educación para la salud. Nosotros marcamos la diferencia entonces, y aunque todos los días cuando limpiaban nuestra consulta ponían la silla del paciente al frente, nosotros al iniciar el día la llevábamos a nuestro costado para tener al paciente cerca, palparlo, tocarlo; lo cual fue novedoso al estar acostumbrados a escucharlos si, pero prácticamente no los miran a la cara, no los examinan y eso hacía que buscaran mucho nuestra consulta”.

“Un poblado pequeño, sin desarrollo y con la agricultura como fuente principal de los ingresos: los cultivos de caña de azúcar, limón, naranja; por cuya distancia de las grandes ciudades resultaba difícil la continuidad de estudios a los jóvenes que debían salir de sus casas a otros lugares y con apenas 15 y 16 años ya debían dedicarse a la cosecha, y esas dos realidades hizo notar la diferencia con nuestra nación, donde salud y educación son gratuitos”.

“La misión estaba prevista para tres años, y por lo que todos conocemos, las declaraciones del presidente electo de Brasil, estuve allí un año y medio, pero fue muy fructífero y dejó experiencias incalculables desde el punto de vista profesional y como personas. Dejamos amistades, pacientes que añoraban nuestra presencia allí, pero la decisión que tomó nuestro gobierno fue defender la dignidad de Cuba”.

Y de esa dignidad emanan igualmente realidades multiplicadas en esa región del sur de América. “El médico cubano marca la diferencia y les enseñamos a nuestros compañeros brasileños a tocar la persona, a escuchar, a llegar a lo más profundo que muchas veces no es la enfermedad, sino el contexto familiar, y nosotros dejamos eso allí”.

“Me marcó mucho una visita a una paciente con cáncer cerebral, a la que fui a llevar el resultado de un examen y los medicamentos para tratar una infección urinaria, y al llegar ella se había arrastrado hasta el frente de la casa de su hijo, al parecer por sed y no sé cómo porque ella no podía andar”.

“Cuando le expliqué a su hijo cómo dar los medicamentos, el hijo dijo que la iba dejar castigada al sol por treinta minutos por haber bajado, y entonces nuestra función como médicos cubanos, explicar a ese hijo que la señora había bajado porque tenía sed y que era su obligación atenderla… hasta eso fue y es parte de la tarea nuestra: enseñar que querer no es dar un plato de comida, es dar un beso, un abrazo, atención, preocuparse, brindar el amor del que carecen allá y a nosotros nos sobra; porque el médico cubano más que todo derrocha amor por sus pacientes y por todo el que está bajo sus cuidados”.

“Es que no hay profesión más humilde que la medicina, más bella, donde tienes que demostrar y dar amor a cada momento. Creo que cada médico se enriquece de las experiencias, de cada accionar, y el pueblo brasileño nos demostró que amaba al médico cubano y fue por nuestro trabajo en el lugar que nos correspondía”.

“El compromiso será siempre con nuestro pueblo, porque nada más gratificante que estar con tu familia, con tus pacientes de años que con tanta alegría te reciben y te preguntan cuándo va a comenzar doctora, cómo encontró la familia. Creo que el compromiso es seguir cumpliendo mejor con esta obra humanitaria, para crecernos como profesionales y para ayudar a cualquiera que lo necesite ya sea aquí o en cualquier parte que precise de nuestros servicios médicos”.

Lourdes Mustelier, abanderada del honor de la patria, es como sentenció Fidel en su jornada de graduación, vencedora de la muerte y campeona olímpica del verdadero humanismo, que señala el camino del mundo de mañana, desde la defensa del más trascendente de los derechos, la vida.

El médico cubano marcó la diferencia en la atención en salud
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El círculo de abuelos fue de mucha acogida por los pacientes brasileños
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Doctora Lourdes Mustelier Gregorich, en defensa del derecho más trascendental, la vida
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Lourdes Mustelier por la defensa del más trascendente de los derechos, la vida
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