Tati Mendoza, 82 años y el compromiso de continuar haciendo por el deporte

José Antonio Mendoza Cedeño // Foto Denia Fleitas

La historia del manzanillero José Antonio Mendoza Cedeño recorrió el mundo entrelazada en una pelota de voleibol, primero como jugador y luego como integrante del equipo técnico nacional de este deporte en la etapa revolucionaria, y como formador de disímiles generaciones de jugadores y profesionales médicos, que hoy reconocen en él al profesor, el ejemplo, al amigo.

Pero lo que hace trascender a Tati Mendoza, como todos le llaman, e ingresar la lista de las Glorias del deporte cubano y de esta ciudad del Golfo de Guacanayabo, es sobre todo su pasión por el juego, y su entrega a la tarea de formar voleibolistas, y especialmente, como él asegura, “formar hombres, poner en sus manos los valores que les permiten ser personas de voluntad y de bien”.

Su aporte invaluable al desarrollo deportivo nacional y local, su grandeza como ser humano en el que resaltan la modestia y la sencillez, sobrepasan su estatura; superan los 82 años que este 12 de enero cumple, orgulloso de haber servido a la sociedad, de honrar al máximo inspirador de su obra, su papá Pepe Mendoza, corredor de automóviles y ganador en la carrera inaugural de la carretera nacional en el tramo Manzanillo – Yara.

“Comencé como todos los jóvenes, aprendiz de todo y maestro de nada; practiqué béisbol, softbol, fútbol, natación, todas esas actividades a las que la juventud se dedica en su tiempo libre. Cuando comienzo los estudios, la Juventud Católica me invita para integrar el primer equipo de voleibol y ahí comencé, para luego entrar a jugar en la Escuela profesional de Comercio de Manzanillo”.

En aquel período previo al 1959 “en que las actividades deportivas recaían sobre instituciones fraternales, sociedades, instituciones religiosas, colegios, me invitaron junto con Richard García a integrar el primer equipo de primera categoría de Jiguaní, de una sociedad cosmopolita; participo en un Campeonato Nacional, clasifico para una preselección nacional y entro en la palestra de deportistas reconocidos en Cuba”.

Entonces, tuvo el privilegio de integrar el equipo nacional que asistió al III Campeonato mundial de la disciplina que se celebró en París, Francia, en 1956; luego del triunfo integró la delegación de los III Juegos Panamericanos Chicago 1959.

“Inicialmente participábamos con resultados heredados de tiempos anteriores, pero Cuba recibió ayuda de técnicos extranjeros que se dedicaron a tratar de mejorar el deporte en la nación; por lo cual me convocaron a trabajar como traductor, intérprete y entrenador auxiliar del técnico checo de voleibol Lumir Miatecek, y por supuesto mi amor por el voleibol era tan grande que dejé mi plaza de profesor del Colegio de La Salle y me fui a trabajar”.

Tati Mendoza: “el deporte ha sido mi vida" // Foto Denia Fleitas
Tati Mendoza: “el deporte ha sido mi vida” // Foto Denia Fleitas

“Luego emprendí la tarea de seleccionar el equipo que compitió en los Centroamericanos y del Caribe de Kingston, Jamaica, en 1962; yo en el sector masculino y Andrés Hevia en el femenino. No solo éramos nosotros dos, sino que estaba Eugenio George, que fue uno de los mejores entrenadores de voleibol masculino de Cuba y Roberto Ponce que auxiliaba en el femenino; equipo que inició una gira por los países socialistas y al regreso nos dispusimos a participar en los juegos de Kingston”.

“Fuimos Eugenio y yo los que conformamos la primera preselección juvenil, y reunimos a todos los valores jóvenes que luego integrarían los próximos equipos representativos de Cuba”; y recuerda “la participación en Indonesia en los Juegos de la Fuerza, de los hoy países no alineados, donde logramos el primer lugar en el torneo de compensación”.

Con voz pausada, y hablar prolijo, rememora el devenir de los siguientes 36 años en los que llevó al unísono el hacer como entrenador en el Instituto Nacional de Deporte (INDER) de Manzanillo, profesor de Educación Física y profesor de apoyo en la cátedra de Psicología de la Facultad de Ciencias Médicas Celia Sánchez, dada su formación también como Licenciado en Psicología y pedagogía; y fundador de la primera Comisión de atletas que se constituyó en el país.

Los saques de este hombre de piel cobriza, apasionado por el juego de las canchas y el golpe al balón para su paso al contrario por encima de la red, fueron certeros: Vanguardia Nacional de la salud por más de 10 años, y una vez como innovador de la ANIR, multilaureado en eventos de Historiadores del deporte.

Pero en particular, recibir la distinción Mártires de Barbado en el Museo Ñico López por el INDER, la Orden Mérito deportivo que otorga el Consejo de Estado, y su selección como el atleta cubano que recibió el fuego de los Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en La Habana en 1982, que procedente de México arribó por playa Las Coloradas.

“Son las cosas más grandes que pude haber recibido en mi carrera deportiva, porque son galardones de por vida, inolvidables”. Máxime cuando afirma con certeza que “el deporte ha sido mi vida. Además de mi especialidad de psicopedagogo, es lo único que he practicado y desarrollado, como voleibolista y formador de licenciados en Cultura física, y desde lo cual uno trata a pesar de los años seguir siendo útil a la sociedad”.

“Más que una razón, tengo una obligación, un compromiso con seguir haciendo en beneficio del deporte. Al igual que otros combaten en otras esferas, la labor de los deportistas es estar en esta trinchera que para nosotros representa el deporte” // Foto Denia Fleitas
“Más que una razón, tengo una obligación, un compromiso con seguir haciendo en beneficio del deporte. Al igual que otros combaten en otras esferas, la labor de los deportistas es estar en esta trinchera que para nosotros representa el deporte” // Foto Denia Fleitas

“Es un orgullo cuando veo que muchos deportistas a los que contribuí con su formación, porque sería egoísta decir que yo los hice pues formé parte de un sistema que los moldeó-son doctores, ingenieros, grandes entrenadores; pienso que esa semillita que yo tiré germinó y dio frutos”.

A sus 82 años, aunque fuera de la pista, sigue haciendo los servicios: colaborando con los entrenadores de hoy, en la búsqueda incesante de la historia del deporte, en la redacción de un libro aún inconcluso, conversando con las nuevas generaciones sobre la herencia de integridad de su amigo el Comandante Manuel Piti Fajardo Rivero, compartiendo sus vivencias con los manzanilleros.

“Más que una razón, tengo una obligación, un compromiso con seguir haciendo en beneficio del deporte. Al igual que otros combaten en otras esferas, la labor de los deportistas es estar en esta trinchera que para nosotros representa el deporte”.

“Sin la búsqueda de títulos personales, con el pensamiento en aportar a una cuestión que es un esfuerzo colectivo, y de honrar en cada paso a mi padre, quien nos enseñó que el hombre se mide por lo que hace cuando la gente no lo ve, la solidaridad, el amor a la Patria y sobre todo el ser fiel, y mi presencia aquí lo demuestra”.

Sus manos, que por muchos años sostuvieron y dieron con fuerza el balón del voleibol manzanillero y cubano, conservan las energías. Tati Mendoza disfruta con la avalancha contra la red de los voleibolistas de hoy, y su historia sigue recorriendo el mundo.

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Julian Naranjo F.
Invitado
Julian Naranjo F.

Que bueno, Manzanillo reconoce a uno de sus grandes, pero grande, grande.
FELICIDADES, MAESTRO DE LA VIDA.

Ariel Garcia Sanchez
Invitado
Ariel Garcia Sanchez

Felicidades Tati, buen maestro, buen amigo.

Chichi Palomino
Invitado
Chichi Palomino

Hola Tati, creia que ya habias dejado de estar perdiendo el tiempo… tus suenos fueron a dar a la basurta… todo sigue igual o peor… tu sabes viejo de que hablo…

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