La joya que adorna a la perla del Golfo del Guacanayabo

La joya que adorna a la novia del Golfo del Guacanayabo/Foto Lilian Salvat Romero

Manzanillo. Junio 24.- Con su elegante estilo ecléctico y arte morisco de gran riqueza arquitectónica, se erige majestuosa la Glorieta que centra el parque Carlos Manuel de Céspedes, principal de la ciudad del Golfo.
Orgullo de los manzanilleros, la joya arquitectónica arriba a sus 96 años de inaugurada, gracias al ingenio del arquitecto Carlos Segrera Fernández, aunque no fue el único que trabajó en este proyecto, inspirado en los kioscos del Patio de los Leones del palacio La Alhambra en España.
Muchos citadinos y foráneos son los que hoy se deleitan en la belleza de la declarada Monumento Nacional, la que pese a la oleada de polvo del Sahara, el sol no dejó de iluminar con su habitual brillo.
Rodrigo López Mena, es un golfeño que cada mañana llega hasta este sitio para contemplar su hermosura, disfrutar del trino de los pájaros que acompaña este espectáculo natural adornado por el arte de una planta hexagonal que se levanta algo más de un metro del suelo, con un zócalo exterior enchapado con lozas cerámicas vidriadas y dibujos intercalados, “es la segunda en el mundo y eso no deja que sea algo insignificante, ella nos identifica como manzanilleros, para uno que la ve a diario pudiera parecer algo común, pero cuando la detallas bien te das cuenta del buen gusto estético que tiene, yo vengo hasta aquí todos los día solo para verla”.
“Son muchos los que llegan a este parque a tirarse foto en la Glorieta como muestra que estuvieron en Manzanillo – comenta la citadina Diane Barbán Infante- los fines de semana los niños les gusta correr alrededor de ella, es sin duda algo que nos identifica en el mundo entero, porque según tengo entendido la otra que existe en España no tiene base, es directa al suelo y esta se levanta del piso, eso la hace única”.

Diane Barbán Infante, disfruta junto a su niña de la belleza de la Gloriera. /Foto Lilian Salvat Romero

Con genial simplicidad sobresalen sus 18 arcos peraltados y polilobulados que soportan 24 enjutas columnas pareadas que descansan sobre pequeñas bases, las personas no se cansan de admirar tanto esplendor y detalles que seducen a los visitantes.
Roberto de la Cruz Vega, no deja de contemplar tanta elegancia, “me parece que es la primera vez que la veo, cada día descubro algo nuevo, un motivo más para admirarla, antiguamente la banda de concierto de la ciudad tocaba ahí dentro, además sirvió para declamadores, poetas y otras muchas actividades culturales, ya por su edad no se hace nada ahí dentro solo en sus alrededores, pero no pierde su encanto”.

Roberto de la Cruz Vega, no deja de contemplar tanta elegancia./Foto Lilian Salvat Romero

“En el año 1963 conocí esta maravilla – comenta José Cesar Esteves, habanero radicado en Manzanillo -, vine aquí a tirarme una foto y quedé enamorado para siempre de ella; no solo para mí sino para todo el que se sienta manzanillero debe ser un orgullo, porque forma parte de la vida de los habitantes de esta ciudad, de su cultura, idiosincrasia, de su identidad y de su historia; tiene una forma muy peculiar que la hace elegante, única, sencillamente bella muy bella”.

José Cesar Esteves, habanero radicado en Manzanillo./Foto Lilian Salvat Romero

Un proyecto que surgió como homenaje al alcalde Manuel Ramírez León, quien sugirió que el dinero fuera destinado a una obra que perdurara a través del tiempo, que embelleciera y diera brillo a la ciudad. Casi todo el pueblo cooperó en esta construcción con horas extras de trabajo; el objetivo fue cumplido, hoy es la joya que adorna la ciudad novia del golfo del Guacanayabo.

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