Perucho Figueredo, morir por la Patria es vivir

Morir por la Patria es vivir, fue una de las últimas frases, que según la historia, dijo aquel día de agosto del año  1870, Perucho Figueredo, camino a la muerte.

Palabras de aquel himno de combate, La Bayamesa, escrito por él, por coincidiencia, precisamente un 14 de agosto, tres años antes, mientras se preparaba la gesta libertaria.

Perucho Figueredo fue de esos patriotas cubanos que no dudaron para lanzarse a la lucha contra el oprobio español reinante en la Isla de Cuba, como pago por ser colonia.

Abogado, amante de la literatura y músico, abandonó fortuna y familia para ser parte de la causa revolucionaria por la que Céspedes había desatado la lucha independentista.

“Al frente de los míos me uniré a Carlos Manuel de Céspedes y con él he de marchar a la gloria o al cadalso” fue la expresión certera de Perucho después de su primer revés en Yara y ante la propuesta de muchos para desertar.

Así entró victorioso a Bayamo y ante una ciudad enardecida, repartió al pueblo los versos del Himno que ya tenía memorizado.

Días antes de su asesinato había caído prisionero de los españoles producto a una redada en la finca donde varios compañeros se guarecían.

Débil, cansado, con un pésimo estado de salud debido a los quebrantos de la guerra, a Perucho tienen que sostenerlo para lograr ir hasta el lugar exacto donde, seguro estaba, sería juzgado a la pena de fusilamiento, en Santiago de Cuba.

Así, el ejército español arrancó la vida de uno de los patriotas cubanos más cabales y distinguidos de la lucha mambisa inmortalizado por su temprana incorporación a la guerra y por escribir lo que después devendría en Himno de Bayamo.

De ahí que su obra La Bayamesa adquiera singular connotación con Perucho Figueredo, pues al decir de él morir por la Patria es vivir.

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