Signos para un actuar consciente por la naturaleza y la vida

Foto tomada de internet

La vida en este planeta azul que habitamos está en riesgo, de eso no caben dudas. Pero la buena noticia, aunque llega como uno de los efectos secundarios de la pandemia por el nuevo coronavirus, es que sí podemos revertir el daño y salvar nuestra y todas las especies.

A la par de las consecuencias a nivel global de la COVID-19, donde la pérdida de vidas humanas es la más penosa, se han difundido noticias alentadoras en relación al medio ambiente a raíz del aislamiento social y los cambios en el actuar cotidiano, por las medidas gubernamentales para detener su propagación.

El optimismo parte de datos como la disminución de los niveles de gases contaminantes en la atmósfera y una apreciable mejoría en la calidad del aire durante los meses de confinamiento en países como China.

En el gigante asiático durante la última semana de febrero se registró un descenso de los niveles de partículas PM 2,5 (las más dañinas para la salud) en un 33 por ciento, de dióxido de nitrógeno (NO2) en un 40 por ciento, y las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en cerca de un 25 por ciento.

Comparación entre la presencia de contaminantes en enero y febrero de 2019 y 2020 // Foto tomada de la NASA
Comparación entre la presencia de contaminantes en enero y febrero de 2019 y 2020 // Foto tomada de la NASA

Tenga usted en cuenta que el NO2 es un gas tóxico que ocasiona problemas respiratorios como el asma y se produce por el combustible de vehículos motorizados, fábricas e instalaciones industriales. Además, que una reducción del 25 por ciento de las emisiones de China equivale a una reducción del 6 por ciento global.

Otras ciudades altamente contaminadas como Buenos Aires, Santiago de Chile, Ecuador, según reportes de RT en español, sintieron el aroma de un espacio libre de impurezas, que resultan de la alta industrialización, el exceso de vehículos automotores en las calles con sus concernientes desprendimientos de gases nocivos.

Dichas señales ambientales llevaron incluso a realizar cálculos que en el período pandémico se alcanzaría la mayor caída de las emisiones de carbono desde la Segunda Guerra Mundial , dijo a la agencia de prensa Reuters el presidente del Proyecto Global de Carbono, organización que cuantifica los gases de efecto invernadero expulsados a nivel global anualmente.

Súme también como rasgos positivos evidenciados en la etapa, la repoblación de algunas especies asediadas constantemente por el hombre, y de ello dan fe algunas imágenes difundidas de animales en las calles de las ciudades desiertas y el regreso de la fauna a las aguas cristalinas de Venecia, ahora sin turismo ni cruceros por sus canales.

Igualmente apuntan como halagüeñas las restricciones establecidas sobre los animales silvestres en particular en lugares como China, para prohibir su comercio, lo cual resulta un aliciente al considerar referencias científicas alarmantes en relación a que más del 70 por ciento de las infecciones emergentes en humanos provienen de animales, particularmente de los salvajes.

Sin embargo, expertos advierten que estas manifestaciones son momentáneas, porque al levantarse el confinamiento se podría producir un repunte de la acción negligente del hombre, fundamentalmente en el ámbito industrial para la recuperación de las economías.

Insisten, por ejemplo, en que la disminución del dióxido de carbono antes elogiada no sería suficiente para detener el calentamiento global, teniendo en cuenta que estas emisiones deberían caer 7,6 por ciento cada año entre 2020 y 2030, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) para no perder la oportunidad de limitar el aumento de temperaturas en el orbe a 1,5 grados Celsius.

A raíz de esta pandemia generada por el SARS-CoV-2, se pone en tela de juicio el comportamiento de cada uno de nosotros en relación a la gran casa verde que poblamos y destruimos al invadir sus insospechados rincones, restando verdor y vida silvestre.

Elevar la conciencia sobre el cambio climático y analizar estos signos de recuperación mencionados dará la medida de que en el actuar consecuente de todos y la aplicación de medidas gubernamentales drásticas, como las aplicadas en esta contingencia, favorecerá la supervivenvia.

Queda el desafío de priorizar la salud y el bienestar sobre la economía, desde métodos sostenibles que reviertan el mal causado. Como aseveró el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres: «cualquier impacto ambiental positivo después de esta aborrecible pandemia debe comenzar por el cambio en nuestros hábitos de producción y consumo».

En igual medida que nos replanteamos durante esta cuarentena, hagámoslo respecto al ecosistema. Es urgente combinar activismo y optimismo para defender el espacio vital que nos corresponde en el planeta. Si esta última década fue la más caliente en la historia de la humanidad, y surgen turbulencias como la COVID-19, no perdamos tiempo, salvémonos y a nuestra naturaleza.

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