Un Solecito para alegrar las mañanas (+Audios)

Orestes Ernesto conversa con los pequeños y se divierte a pesar de ser un momento de mucha tensión para él dentro del programa // Foto Lilian Salvat Romero

Comienzan los compases de un tema musical infantil, y la voz del locutor que hasta este momento ha mantenido un estilo informativo se oye diferente, va a comenzar una conversación especial para estos tiempos de aislamiento por la COVID19. Sus interlocutores serán los pequeños de la casa, que con la espontaneidad de su edad, comenzarán un diálogo impredecible.

Eso ocurre cada mañana de lunes a sábado desde que se modificó la parrilla de programación por la presencia del nuevo coronavirus en el país y como parte de esos cambios dejó de salir el espacio infantil dramatizado Somos la niñez.

“Realmente la idea a mí se me ocurrió por problemas de tiempo -comenta Eduardo Bertot Vieito, actual director del programa Radar 1590- necesitaba llenar un espacio en el Radar; entonces me dije, el público infantil no está representado en la tira de la mañana, ni en ninguna de la programación, pues vamos incluirlo en el Radar”.

Eduardo y Yosvani apoyan con fragmentos musicales la conversación con los niños // Foto Lilian Salvat Romero
Eduardo y Yosvani apoyan con fragmentos musicales la conversación con los niños // Foto Lilian Salvat Romero

En un primer momento se comenzó a suplir la ausencia del gustado Somos la niñez, con un musical infantil y algunos consejos a los niños, pero la creatividad de Eduardo lo llevó a buscar otras formas de hacer, que resultaran más atractivas para los chicos de la familia.

“Me dije: hay que hacerlos protagonistas de esto, porque el niño en casa es muy inquieto, muy intranquilo, ¿cómo traigo a los niños de protagonistas a la radio? –nos cuenta Bertot Vieito- y me dije, deja poner en práctica lo que he aprendido aquí con mis maestros de la radio, que es hacer que el público sea partícipe, y ¿cómo la radio siempre llega a esas personas de una manera directa y atrayente?, ¡dándole protagonismo a ellos!, yo me voy a arriesgar y lo vamos hacer sacando a los niños en vivo”.

Y así, se puso en práctica esta iniciativa que ha llamado la atención de toda la radioaudiencia. El encargado de atender a invitados tan especiales es el experimentado locutor Orestes Ernesto Remón Saborit.

“Son realmente 15 minutos de tensión, para mí la parte más difícil del Radar está justo a las 7 y 45 cuando comienza el encuentro con los niños, porque son impredecibles, porque necesito cambiar obligatoriamente el discurso que llevo desde las seis de la mañana, es un punto de giro no solamente en el programa, sino también en mi vida”, comenta Orestes Ernesto.

“Son niños que nunca he visto, que no conozco, que no sé con qué me van a sorprender, que me proponen lo que van a hacer y a veces, no se dejan ni guiar por lo que yo quiero llevar en el programa, y esto me hace un poco más difícil el encuentro, aunque me convierte en una persona muy feliz”.

Con toda la profesionalidad que lo caracteriza Orestes intercambia sobre temas inesperados que proponen los duendes traviesos del hogar, quienes no sólo responden a las inquietudes del locutor, sino que preguntan y comentan con la familiaridad que propicia este encuentro telefónico a través de la radio.

“Me han sucedido muchas cosas y todas han sido inesperadas, de niños que me han dicho cosas que quizás yo no deba repetir, y las experiencias han sido muy buenas; muy famosa la anécdota de la niña que me pidió un celular porque yo me iba de viaje, porque le dije que si quería que le trajese algo y me pidió un móvil, o el niño que siempre me dice que me cuide mucho que me quiere volver a ver, la niña que me dice que hablo bien y canto bien”.

Las habilidades del equipo de trabajo dirigido por Eduardo, con Yosvany Mendoza en el sonido, se han  puesto a prueba por la ingenuidad y confianza con que se expresan los niños que llaman al programa.

“Nos han sucedidos cosas increíbles, los niños nos han sacado sables, como se dice en buen cubano, han dicho disparates que son las salidas propias de la edad, y que no las piensan, y hemos tenido que cerrar el micrófono porque Orestes está que no puede de la risa”, explica Eduardo Bertot.

Por eso, los oyentes de la octogenaria emisora, pueden disfrutar de un diálogo en el que Verónica, con sus siete años, cuenta cómo ayuda a barrer a su papá que mata las hormigas para que ella pueda “tirarse” a jugar al suelo; Austin, con sólo cuatro, hace partícipe a la audiencia de cómo fue su cumpleaños ahora que hay coronavirus; o Bryan, quien se dice amigo del locutor, le cuestiona si está usando el nasobuco, o si ya le fumigaron la casa.

“Lo que sucederá a partir de ahora es un compromiso que cada día me asusta más. Jamás imaginé que eso fuera a tomar la altura y vuelo que ha tomado, no lo imaginé jamás porque para nosotros fue completar un tiempo de programa y hacerlo con niños, que no creímos que fuera tan trascendental, y nos dimos cuenta que los niños nos han hecho grande un programa, yo ni lo imaginé, pongo las rodillas en tierra delante de ellos y hago una reverencia, una genuflexión, me rindo”, concluye Orestes Ernesto.

En AUDIO una muestra de la sección Solecito cantador

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