Varias veces hemos llegado a este patio y siempre ocurre lo mismo, Rosita y Josué nos reciben con la sonrisa abierta y la hospitalidad que convierte su casa en un espacio donde nos sentimos parte de la familia; no es un patio cualquiera, es un rincón acogedor y mágico que ostenta con orgullo la quinta corona de la agricultura urbana, suburbana y familiar, un reconocimiento ganado a fuerza de trabajo constante y creatividad.
En apenas cien metros cuadrados, cada pedacito sorprende por lo que produce, hortalizas frescas, plantas vigorosas, animales saludables y un biodigestor que transforma los desechos en energía limpia y fertilizantes orgánicos, allí, entre el verdor y la sencillez, se respira innovación y esperanza, como si la tierra misma devolviera multiplicado el esfuerzo de quienes la cuidan.
Este matrimonio manzanillero de Rosa León Reyes (Rosita) y Josué Guilarte González, de origen campesino, continúa sumando resultados y reconocimientos en el ámbito de la agricultura urbana y la innovación tecnológica. Su proyecto, Patio La Rosita, convertido en microempresa desde 2022, ha sido referente nacional por la diversidad de producciones y el desarrollo de soluciones sostenibles, con una minindustrial que suma aportes como el bioproducto Germevit, líder de esta inventiva que evidencia la capacidad creadora de esta pareja y los hacen merecedores este año del Premio Provincial de Innovación Tecnológica.

«Este 2025, a pesar de las necesidades que pasamos todas las familias cubanas, ha sido un año de crecimiento para nosotros. La vida hay que trabajarla, y como tenemos la posibilidad de esos saberes, los hemos llevado a conocimientos importantes», nos comenta Rosita.
«Hemos logrado fortalecer la agricultura urbana, suburbana y familiar, nuestro patio se ha convertido en referencia nacional, un espacio donde la semillita de campesino a campesino ha crecido y se ha llevado a la comunidad. Lo compartimos con los niños de la Casa de Niños sin Amparo Familiar, con pequeños que hoy tienen sus patios en casa, sus animalitos, y con mucho orgullo siembran sus posturitas de lechuga. También lo llevamos a los círculos infantiles, donde los niños siembran, trabajan y se dan cuenta de que la agricultura urbana es muy necesaria».

P- Usted mencionaba que recientemente participaron en un evento internacional. ¿Podría hablarnos de eso?
«Sí, en octubre recibimos la visita del presidente provincial de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), vino con una comisión de compañeros que querían ver el patio, y quedaron tan contentos que nos invitaron al evento internacional de agroecología en noviembre.
«Fue un reto, porque en ese mes estábamos atravesando problemas de salud, pero nos enfrentamos y acudimos a la invitación. Allí presentamos trabajos sobre agroecología, que hoy por hoy es necesario cumplir como ley. Presentamos un proyecto y fuimos laureados. Vinieron expertos de Francia, de España, y de universidades de Cuba, de La Habana y de otras provincias. Cuando vieron el trabajo que hacemos, se quedaron muy contentos. También estuvieron presentes compañeros de aquí.
El biodigestor de la alegría, innovación agroecológica
En el corazón de este patio se levanta un biodigestor, una tecnología capaz de convertir residuos orgánicos en biogás y fertilizantes naturales, contribuyendo a la salud ambiental y a la soberanía alimentaria.
Josué, explica que el sistema aprovecha todo tipo de desechos orgánicos, excepto materiales inertes como piedras o vidrio, para producir metano (CH4), un gas limpio que sustituye al tradicional combustible doméstico.


“Con este biodigestor estamos produciendo gas que nos mejora la vida y la salud de todas las personas que utilizamos esta tecnología”.
El biodigestor no solo genera energía, produce también biol, un fertilizante líquido que regula y enriquece los suelos, y bioabono sólido, capaz de mejorar la calidad de las posturas agrícolas.
“La materia orgánica produce fito hormonas que fortalecen las plantas y garantizan cultivos de alta calidad”.
Esta iniciativa puede servir de respuesta a la necesidad urgente de reducir la contaminación provocada por el vertimiento de desechos sólidos y excretas en calles y espacios públicos, que afecta directamente la salud de la población. Con este sistema, los desechos se transforman en recursos útiles, cerrando un ciclo biológico que protege al ser humano, al medio ambiente y a todos los seres vivos.
Aplausos merecidos a este matrimonio que innova con ciencia y conciencia, «es el resultado de un trabajo sostenido durante varios años, en el que hemos desarrollado productos biológicos de gran eficiencia para la agricultura y la ganadería”, afirma Josué.
La experiencia se sustenta en la colaboración con investigadores de la Universidad de Granma y en la convicción de que la ciencia no requiere grandes laboratorios, sino creatividad y empeño.
“El cubano es muy emprendedor y eficiente en la investigación. El conocimiento científico es un patrimonio cultural que debe cultivarse”.
El biodigestor se inscribe en el marco del Decreto Ley 128 de la agroecología en Cuba, que promueve prácticas sostenibles frente al uso indiscriminado de químicos.
“Nosotros sí creemos en la agroecología y estamos convencidos de que es la vía para resolver los problemas de producción sin dañar la salud ni el medio ambiente”, afirma Rosita.
En el biodigestor de la alegría, como lo nombra ella, late mucho más que una tecnología, palpita la esperanza de un pueblo que, desde la raíz campesina, convierte las carencias en oportunidades y los residuos en vida. Rosita y Josué han demostrado que la innovación no necesita grandes espacios ni recursos infinitos, sino amor por la tierra, fe en la ciencia y voluntad de compartir.
Su patio manzanillero es hoy símbolo de resistencia y futuro, un lugar donde la agroecología se abraza con la ternura comunitaria y donde cada semilla sembrada anuncia que se puede florecer, incluso en los tiempos más difíciles.

