En esta porción suroriental de provincia Granma, brilla con luz propia una nueva generación de artistas que lleva en la sangre el amor por las tablas.
Tal es el caso de la talentosa Leidis Marian Benítez Iser, una joven titiritera recién graduada de la Academia de Actuación con Títeres de Granma, quien a través de su testimonio nos demuestra que su carrera es un fiel reflejo de cómo el arte se hereda, se nutre y se renueva.
“Creo que el arte no fue una elección para mí; fue más bien un descubrimiento natural, algo que siempre estuvo ahí, en casa. Desde niña, ver a mi mamá ensayar, sentir la energía que pone en cada personaje… eso no solo me llenaba de orgullo, sino que me hizo entender que ese era mi mundo. Por otro lado mi abuelo, con sus pinceles y colores, completaba ese paisaje. Ellos me enseñaron que la creación es un lenguaje familiar.

Entrar a la Academia de Títeres fue darle forma a esa intuición. Y es que, hay algo mágico en dar vida a lo inanimado, en conversar a través de un personaje que nace de tus manos, y aunque soy recién graduada, llevo unos cuatro años involucrada en proyectos teatrales aquí, por lo que he tenido la suerte de participar en varios eventos como lo son la Primavera Teatral, en tres ediciones de la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa y en varios festivales nacionales. Para mí cada salida, cada función, ha sido como una escuela paralela.
Hace poco me enteré de que estoy nominada al Premio a la Excelencia Interpretativa Miguel Benavides, lo que sin dudas es más que un honor y me llena de una motivación tremenda para seguir creciendo.

Tengo que destacar que un espacio fundamental en mi formación ha sido la Agrupación Teatral del Guacanayabo ATEGUA, donde mi mamá es integrante. Con mis compañeros he aprendido tanto, me han dado confianza y oportunidades preciosas formando parte de las puestas en escena de las obras Cuando fui pájaro y Un Puticlub en tiempos de cólera, que pronto llevaremos a la Jornada Villanueva. Por otra parte mi proyecto de graduación, fue la obra Un girasol pequeño.
Mi sueño ahora es consolidar un proyecto de títeres estable aquí, en Manzanillo, para llevar esta magia a más rincones. El teatro es más que mi profesión; es el aire que respiro. Y nada de esto sería posible sin el apoyo de mi familia, que ha sido mi primera audiencia, mi crítica más honesta y mi mayor impulso”.
En vísperas de celebrar el Día del Teatro Cubano, historias como la de Leidis nos recuerdan que la escena sigue viva, se rejuvenece y se enriquece con talentos que, desde lo local, piensan y sueñan en grande.