Cuando era pequeña me encantaba ir con mi abuela a la Playita, como usualmente le llaman las personas, a la zona costera donde termina el malecón manzanillero y por supuesto la atracción principal era el parque Elpidio Valdés, donde podía pasarme horas.
Hoy soy una joven y la ilusión de ver el lugar todavía perdura por la cantidad de recuerdos que me trae, pero se desvanece en un instante cuando paso por allí y veo como la destrucción y el abandono ha cobrado vida en este sitio.
Entonces ahí viene la interrogante, quién tiene la culpa? Por una parte están los que no velan por la conservación de los espacios públicos y por otra aquellos que no tienen sentido de pertenencia, ni educación.
Los parques, son espacios para brindar las mejoras risas infantiles y actualmente muchos tienen estructuras desmanteladas, cercas arrancadas y sus instalaciones vandalizadas. La imagen de un columpio vacío o una canal destrozada es un reflejo triste de una realidad que va más allá del simple deterioro físico, es un síntoma de la falta de cuidado y respeto.

Ahí debe venir la responsabilidad colectiva que tenemos como sociedad, no es posible que aquellos que deberían disfrutar y cuidar de estos espacios sean los mismos que los destruyan.
Es crucial que las autoridades y la comunidad trabajen de la mano para revertir esta tendencia. La implementación de programas de remodelación acompañado de otros sobre la importancia de cuidar los espacios públicos, son pasos necesarios para restaurar no solo un parque, sino también el tejido social de Manzanillo. Esto demuestra que la recuperación no solo depende de la inversión en infraestructura, sino también de un cambio cultural.
Solo así podremos asegurar que las futuras generaciones disfruten de parques infantiles que sean verdaderos refugios de alegría y que al igual que yo, puedan pasar horas en lugares como la Playita, por tener en buenas condiciones su atracción principal.