Manzanilleros siguen fieles al Beny

Foto: Claudia Sánchez
Foto: Claudia Sánchez

En el malecón de Manzanillo, una figura de bronce de más de dos metros de altura observa fijamente el litoral. Es Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez, Benny Moré, convertido en estatua desde 2005 en el mismo sitio donde ofreció su última presentación en esa ciudad costera.

A 63 años de su desaparición física, la escultura —primera dedicada al Sonero Mayor en todo el país— constituye un hito en el paisaje urbano de la ciudad del Golfo del Guacanayabo.

La obra, fundida en bronce, es fruto del trabajo del escultor Ramón Cisneros con la colaboración de Wilfredo Milanés, y se insertó en un proyecto de remodelación del litoral manzanillero que incluía el desarrollo de instalaciones socioculturales.

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El emplazamiento del monumento posee una carga simbólica significativa, fue precisamente en ese punto del malecón donde Benny Moré interpretó, por última vez, el repertorio que lo consagró como uno de los músicos más importantes de la cultura popular cubana.

Entre las canciones que formaron parte de aquella presentación, y que aún resuenan periódicamente en los alrededores de la estatua mediante un sistema de audio, se encuentra la pieza dedicada a la propia bahía de Manzanillo, compuesta por el bayamés Ramón Cabrera.

La historia de esa canción, incorporada por el Bárbaro del ritmo a su repertorio de temas consagrados a ciudades cubanas, se remonta a una noche de la década de 1950, cuando Cabrera, mientras degustaba las tradicionales lisetas del lugar, compuso la pieza a solicitud de su amigo Rubén Castillo Ramos. El gesto de Moré al adoptar esa obra y difundirla con su voz contribuyó notablemente a proyectar las virtudes del litoral manzanillero más allá de sus fronteras naturales.

La trayectoria profesional de Moré incluyó su paso por agrupaciones de renombre como el conjunto de Miguel Matamoros, así como por las orquestas de Dámaso Pérez Prado y Bebo Valdés, experiencias que resultaron formativas hasta que logró consolidar su propia agrupación.

Foto: Claudia Sánchez

En 1963 cuando la noticia de su muerte se extendió por toda la isla, Cuba perdió a una de sus voces más originales. Pero en Manzanillo, como en tantos otros lugares, la música y la memoria han encontrado formas concretas de perpetuar su legado.

Esa voluntad de preservación se materializa cada 19 de febrero, cuando un grupo de manzanilleros se congrega ante la estatua que custodia el malecón para depositar una ofrenda floral en homenaje al Bárbaro del Ritmo.

La iniciativa corresponde al Proyecto Amigos del Benny, surgido hace más de quince años y liderado por Mario Escalona Delgado, compositor y autor de algunas de las obras interpretadas por Moré.

El Proyecto que reúne a artistas, compositores y trabajadores de diversos oficios, entre cuyos integrantes figuran Lino Borbolla y Hugo Barraza Leyva, junto a otros manzanilleros han asumido la misión de mantener vivo el legado del Sonero Mayor.

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