«Mira, el trato es este: si no me envías una foto, iré a por tus padres; entraré en tu perfil, buscaré a tu madre y le enviaré capturas de pantalla de todo lo que me dices. ¿Quieres eso?», decía el texto que recibiera la joven.
Previamente había intercambiado mensajes personales con quien ahora asumía el rol de su agresor por medio de redes sociales.
La coacción, en este caso, deviene una trampa. La respuesta de la joven brasileña, permeada por la vergüenza y la humillación, no fue distinta a la de muchos niños y adolescentes que actualmente son víctimas de acoso sexual o sextorsión en línea: «No lo hagas, porque si mis padres ven esto, mi madre se enfadará mucho más conmigo y mi situación empeorará muchísimo».
De acuerdo con lo planteado por la Unicef en el informe Through Children’s Eyes: How Digital Technologies Enable Child Sexual Abuse (A través de los ojos de la infancia: cómo las tecnologías digitales facilitan el abuso sexual infantil), unos 20 millones de niños y niñas de entre 12 y 17 años –casi uno de cada cinco– sufrieron al menos una forma de explotación y abuso sexual facilitados por la tecnología, en un solo año, en 21 países de África, Asia, América Latina y el Caribe, y Europa del Este.
Según el documento, dado a conocer a inicios de septiembre, las plataformas digitales utilizadas a diario fueron la vía para esas acciones, «a veces por parte de personas que ya conocían y otras por individuos a quienes habían conocido inicialmente en línea».
Se trata de un fenómeno generalizado en nuestros días tras el auge de las tecnologías de la información y las comunicaciones. Sus consecuencias suelen ser pensamientos y conductas suicidas, elevados niveles de ansiedad; además de repercusiones en la escolarización, las relaciones y la vida cotidiana de los menores.
Por otra parte, uno de los elementos más preocupantes es que la mayoría de las víctimas no buscaron ayuda. En los casos analizados, menos del 1 % se denunció ante la policía, los servicios sociales o líneas de asistencia, y más de cuatro de cada diez no se comunicaron a nadie en absoluto.
En ese sentido, la Directora Ejecutiva de Unicef, Catherine Russell, manifestó: «El informe pone de manifiesto una dolorosa realidad (…) Estas experiencias provocan un profundo malestar emocional y angustia mental. Muchos niños y niñas sufren en silencio, sin saber a dónde acudir en busca de ayuda. No podemos mirar hacia otro lado».
Que «los mismos espacios digitales donde aprenden, juegan y se relacionan con sus amigos» sean inseguros para los más pequeños resulta un peligro que debe ser seguido de cerca por los adultos, responsables, en definitiva, de su bienestar.
Las plataformas convencionales, no por ser usadas cotidianamente son seguras. Proteger mejor a la infancia en la era digital es una emergencia mundial que no debe ser desatendida.
En cifras:
Resultados en un año en los 21 países analizados
15 millones de niños estuvieron expuestos a contenido sexual no deseado
9 millones de niños recibieron la invitación a participar en conversaciones de índole sexual o compartir imágenes sexuales en contra de su voluntad
4 millones de niños vieron cómo se compartían imágenes sexuales suyas sin su permiso
60 % de los abusos ocurrieron en redes sociales
14 % de los abusos tuvo lugar en videojuegos
57 % de los casos involucraba a un agresor que el niño ya conocía
38 % de los casos, los niños conocieron al agresor en línea
Plataformas de redes sociales donde se registró la mayor parte de los abusos:
50 % Facebook
9 %WhatsApp
24 % Instagram
13 % Snapchat
12 % TikTok