Desde los Joven Club de Computación en Manzanillo, su nombre se asocia a rigor, constancia y resultados; pero también a sensibilidad humana, a esa vocación que convierte cada logro en un impulso y cada reconocimiento en un deber renovado con su comunidad.
«Para mí es una gran responsabilidad, cada vez que participo en un evento y recibo un reconocimiento, eso me impulsa a comprometerme más con lo que hago, siempre digo que nuestro servicio está en función del usuario, y que debemos ofrecerle lo mejor.
Haber estado en el Congreso Internacional de Informática en la Educación, o en el CIPOS sobre redes sociales, me reafirma que lo que hacemos tiene impacto en la calidad de vida de otras personas; por eso cada logro es, más que un motivo de orgullo, un compromiso adicional. Me siento halagada, claro, pero también me da un poco de pena cuando me reconocen tanto, omo decía Martí, “honrar, honra”, y uno debe estar a la altura.
Además de ser una especialista destacada en el municipio y reconocida a nivel nacional, usted es madre, esposa y mujer.
¿Cuánto sacrificio implica sostener tantos resultados y proyectos a la vez?
«Mucho sacrificio y mucha organización, yo me levanto siempre de madrugada y dejo todo listo en la casa, a las siete de la mañana ya tengo el almuerzo y la comida del día preparados, en el primer horario visito las empresas del sector jurídico a las que presto servicio. En ocasionen estoy en el trabajo hasta las ocho o nueve de la noche, es el horario en que mejor puedo estudiar e investigar, porque hay menos interrupciones. Es un esfuerzo familiar, mi esposo me apoya muchísimo, se encarga de lo que haga falta para que yo pueda avanzar en los proyectos.
Mi hijo también me ayuda y entiende que estudiar y prepararme es parte de mi responsabilidad. Cada viaje, cada curso, cada investigación es un sacrificio compartido, por eso digo que mis logros son logros de toda la familia».
¿Cuáles son las proyecciones de Ariadna?
«Tengo varias, una de ellas es desarrollar un programa de estudios para la tercera edad, una propuesta que me hicieron a nivel nacional, Cuba es un país envejecido y la tecnología avanza a pasos agigantados. Quisiera que ese programa se implemente en todos los Joven Club y también en los consejos populares, para que nuestros adultos mayores puedan adaptarse, comunicarse mejor y tener más autonomía.
También quiero trabajar en un programa para la atención a niños y jóvenes talentos. El país ha invertido mucho en la formación tecnológica, ahí están la UCI, las cámaras de ingeniería, las instituciones informáticas, pero los Joven Club, por estar dentro de la comunidad, tienen un rol esencial en la informatización de la sociedad, me gustaría contribuir a ese relevo, a que las nuevas generaciones se impregnen de estos conocimientos y encuentren en la informática un camino de realizaciónin dudas, muchos proyectos y muchas ambiciones. Gracias, Ariadna, por su tiempo y por demostrar que la mujer cubana puede desarrollarse plenamente en el mundo de la informática y hacerlo con excelencia.
Hoy eres una de las profesionales más reconocidas del Joven Club de Manzanillo. ¿Por qué la informática y no otra profesión?
«Mi llegada a la informática fue casi inesperada. En 1997 trabajaba en la Unión de Jóvenes Comunistas, en el puesto de mando del festival que se celebraría en Cuba. Ese puesto funcionó dentro del Joven Club, y allí descubrí un mundo que me atrapó. Aunque mi labor inicial era para la juventud, convivir con el ambiente tecnológico despertó en mí una pasión que no imaginaba. Empecé cursos de operador de micro, conectividad y redes en el antiguo centro de cálculo, y desde entonces no me he detenido».
¿Cómo se consolidó esa vocación?
«Gracias al desempeño y al interés que mostré, me ubicaron directamente en el Joven Club para hacer el adiestramiento. Luego tuve la oportunidad de estudiar la licenciatura en Informática en el pedagógico de Manzanillo, donde me gradué con Título de Oro. Después continué capacitándome, posgrados en la UCI sobre ciberseguridad, criptografía, redes, análisis matemático, además de cursos de registro médico y, actualmente, la implementación de Versailles. La informática es un campo que exige actualización constante, y eso me motiva».
Como mujer en un sector históricamente masculinizado, ¿enfrentaste prejuicios?
«Sí, y lo recuerdo con claridad. Una vez fui a prestar un servicio de asistencia informática a un usuario del sector natural. Me hicieron esperar porque la dueña de la casa pensaba que el técnico sería un hombre. Cuando le dije que yo era quien arreglaría la computadora, se sorprendió de que una mujer dominara ese mundo. Le solucioné el problema y desde entonces muchos usuarios confían plenamente en mi trabajo. Hoy atiendo a varias empresas del sector jurídico y empresarial que contratan los servicios de Joven Club, especialmente en asistencia informática y ciberseguridad».
Haz estado al frente de varios proyectos de investigación. ¿En qué consisten?
«Lidere tres proyectos que tributan a Joven Club y al Ministerio de las Comunicaciones, el primero aborda la introducción de las TIC en el sistema agropecuario para promover buenas prácticas agropecuarias, con impacto directo en el desarrollo local; el segundo, junto a la Universidad de Ciencias Médicas, se centra en el uso correcto e inteligente de las redes sociales, para orientar a jóvenes y familias en el manejo responsable de las tecnologías; y el tercero busca alfabetizar digitalmente al adulto mayor, un sector que hoy interactúa con cajeros automáticos, mandos de televisión, teléfonos móviles y otros dispositivos. Queremos romper brechas intergeneracionales y mejorar su calidad de vida».
¿Qué representa para ti trabajar en el Joven Club?
«Es un compromiso con la comunidad, aquí la informática no es solo tecnología, es servicio, es educación, es acompañamiento. Cada usuario que aprende, cada familia que se beneficia, cada proyecto que impacta en la ciudad confirma que elegí el camino correcto. La informática me apasiona, y mientras más avanzo, más deseo aportar
La historia de Ariadna Alcalá Hernández es testimonio de cómo la pasión, el sacrificio y la constancia pueden transformar la vida personal y profesional en un aporte tangible al desarrollo de la comunidad.
Su entrega a la informática, su capacidad de liderazgo y su empeño en proyectos que tributan al bienestar social confirman que la mujer cubana no solo ocupa un lugar esencial en la informatización de la sociedad, sino que lo hace con excelencia, sensibilidad y visión de futuro.
Cada logro suyo es también el triunfo de una familia y de una ciudad que la acompaña, y cada reto asumido abre nuevas puertas para que la tecnología siga siendo puente de progreso y esperanza.