Manzanillo. Enero 1.– El primer amanecer del año llegó a Manzanillo con una calma reflexiva, un respiro tranquilo después de los festejos y la algarabía de la víspera.
En el centro de la ciudad, el parque Céspedes se convirtió en el espejo de este estado de ánimo colectivo. No había multitudes apresuradas, sino un goteo constante de personas que formaban pequeños grupos familiares o de amigos, paseando sin prisa por los alrededores. El ambiente era de serena bienvenida, de conversaciones en voz baja y de miradas que parecían medir con esperanza el inicio de un nuevo ciclo.
La atmósfera era amenizada por un hilo musical que emanaba de los altavoces de la Casa de la Cultura municipal. La música, una mezcla de canciones tradicionales y éxitos contemporáneos, flotaba en el aire matutino, llenando los espacios entre las conversaciones y dando un toque de alegría discreta al parque. Este acompañamiento sonoro, promovido por las instituciones locales para celebrar la llegada del 2026, contrastaba con escenas de íntima introspección.


En varios bancos, personas solitarias observaban el ir y venir, absortas en sus pensamientos, disfrutando de la paz o simplemente esperando. Su presencia añadía una capa de profundidad a la escena, recordando que el año nuevo, más que una fiesta colectiva, es también un viaje personal.
Una de las imágenes más representativas de la mañana era la de jóvenes y algunos adultos concentrados en las pantallas de sus teléfonos móviles. Conectados al punto de acceso WiFi público del parque, enviaban los primeros Feliz Año través de mensajes y redes sociales, compartiendo quizás fotos o saludos de la celebración del día anterior.

El comercio mostraba un pulso desigual. Mientras la mayoría de las puertas permanecían cerradas, algunas tiendas aprovechaban la quietud para abrir. Establecimientos como La Elegante, recibían a los primeros clientes del año, quienes buscaban tal vez un detalle de última hora o simplemente disfrutaban de un paseo de compras sin aglomeraciones.
Los manzanilleros dieron la bienvenida al 2026 no con estruendo, sino con una esperanza sosegada y compartida, construyendo desde la calma los primeros recuerdos de un año que recién comienza.
