Bancarización, avances técnicos y voces ciudadanas en un proceso en marcha

Foto: Marlene Herrera
Foto: Marlene Herrera

Manzanillo. Marzo 29. — En los últimos dos años, la bancarización ha transformado la manera de pagar en esta ciudad. Los códigos QR se han multiplicado en negocios de trabajadores por cuenta propia, cooperativas y MIPYMES. El Cuerpo de Inspección realiza visitas periódicas para verificar que las cuentas fiscales sean las correctas, y se han instalado paneles solares en varios cajeros automáticos para garantizar su funcionamiento ante las interrupciones del servicio eléctrico. Sin embargo, como ocurre con todo proceso de cambio profundo, la implementación encuentra matices en la experiencia cotidiana de los manzanilleros.
Daysi, de 67 años, confiesa que aún no se atreve a usar el cajero sola. “Una vez me equivoqué tres veces y me bloquearon la tarjeta. El cajero automático me queda cerca, pero las letras son muy chiquitas y las opciones me lían. He visto a gente que se le queda la tarjeta atrapada, yo no quiero pasar ese susto”, comenta.
Este tipo de dificultades no son aisladas. A pesar de los esfuerzos por extender la cultura del pago electrónico, una parte de la población adulta mayor enfrenta barreras concretas. Mientras tanto, otros ciudadanos han logrado adaptarse mejor a las nuevas tecnologías, aunque sus quejas apuntan hacia otras aristas del proceso.

“Antes esto era un suplicio, se iba la luz y el cajero muerto. Desde que pusieron los paneles, trabaja 24 horas, eso es verdad. Pero el problema ahora es otro: le cargan muy poquito efectivo», explica Lázaro quien lleva media hora en el cajero.
La instalación de paneles solares ha sido una solución técnica importante para mantener los cajeros operativos las 24 horas, especialmente en un contexto de inestabilidad eléctrica. Sin embargo, la disponibilidad de efectivo dentro de esas máquinas sigue siendo un desafío logístico que afecta directamente la confianza del público en el sistema. No es la única restricción que enfrentan los ciudadanos al intentar disponer de su dinero.
“Lo que más me tiene harta es el límite de extracción. Aquí solo puedes sacar 5,000 pesos diarios por persona. Pero luego vas a pagar a una tienda o a un cuentapropista y muchos todavía se niegan a aceptar transferencia. ¿Entonces qué hago? No puedo sacar dinero por el límite, y tampoco puedo pagar con el teléfono porque el comercio pone peros, expresa Migdalia, una ama de casa con visible enfado mientras guarda la tarjeta.
La bancarización en Manzanillo avanza con pasos firmes en infraestructura y regulación, pero su éxito definitivo dependerá de que los distintos eslabones de la cadena —bancos, comercios, inspectores y ciudadanos— logren sincronizarse. Como toda transformación requiere tiempo, ajustes y, sobre todo, escucha activa de quienes la viven cada día.

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