Manzanillo. Marzo 31.– La celebración del Día del Libro Cubano trae a la memoria aquella ley del Gobierno Revolucionario que, en 1959, creó la Imprenta Nacional de Cuba. Fue el primer eslabón de una política que décadas después, se profundizaría con el Sistema de Ediciones Territoriales (SET), un proyecto impulsado por Fidel Castro para descentralizar la producción literaria y dar voz a autores de todas las provincias.
En Granma, esa política encontró una de sus expresiones más consecuentes en Ediciones Orto. Fundada en 2003, esta casa editorial con sede en la ciudad del Golfo del Guacanayabo, lleva más de dos décadas trabajando para divulgar la obra de escritores radicados en la región oriental y preservar el patrimonio cultural local.
«El nombre de Ediciones Orto no es casual, rinde homenaje a la revista literaria que en 1912 creara Juan Francisco Sariol, una publicación que en su momento fue faro de la vanguardia cultural en Manzanillo», explica José Ángel Valdor Illana, quien asume por el momento la dirección de la Editorial.
“Antes de Orto, la iniciativa del SET en Granma había sido asumida por Ediciones Bayamo, que venía publicando cuadernos breves de escritores locales, pero hubo un reclamo de intelectuales manzanilleros para tener un sello propio que representara la tradición literaria de esta porción suroriental ”.

Entre sus primeros títulos figuraron obras que marcaron el inicio de una travesía editorial todavía vigente, entre ellos Signos de resurrección, de Juventina Soler Palomino, Palabras para el sordo, de Julio Sánchez Chang, Mensajes del pan, de Arístides Vega Chapú, Desde los pasos ajenos, de Orlando López Rodríguez, El reverendo del nogal, de Ángel Larramendi Mecías y Después de Dos Ríos, presencia y recepción martiana en Manzanillo, de Delio Orozco González.
A pesar de no contar con infraestructura propia para imprimir sus libros en la ciudad —un déficit que arrastra desde su fundación—, Ediciones Orto ha logrado publicar más de doscientos títulos de autores cubanos y extranjeros, organizados en cuatro colecciones que abarcan poesía, narrativa, ensayo y literatura infantil.
Pero su labor no se limita a lo contemporáneo, desde la editorial han apostado también por la recuperación de la memoria impresa de la ciudad, con ediciones facsimilares de textos salidos de la antigua imprenta El Arte. “Se trata de redescubrir obras que estaban casi olvidadas”.
Valdor añade que la editorial ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos incorporando la producción de títulos digitales, lo que le ha permitido ampliar su alcance más allá de las fronteras del territorio. Y en eventos como la Feria Internacional del Libro de La Habana, Orto ha sido una presencia constante, llevando sus títulos al centro del debate literario nacional. “Siempre llevamos temas sugerentes que atrapan al público lector”, afirma Valdor.
Por su parte la editora y escritora manzanillera Marlen Moreno Sosa, explicó la realidad que atraviesa la Editorial. “Actualmente el trabajo se dificulta el doble, por una parte, por la crítica situación electroenergética del país y que afecta a Manzanillo por largos períodos de tiempo, impidiendo realizar el trabajo de edición de los ejemplares previstos. A eso se suma la carencia de insumos. Y ahora también enfrentamos el desgaste de los medios digitales, ya que las computadoras donde debemos realizar los trabajos de edición y diseño están rotas”.
La editora asegura que de esta situación tiene conocimiento el Centro Provincial del Libro y que están a la espera de una solución. Mientras tanto, el equipo busca alternativas para no detener por completo su labor.
A pesar de los obstáculos, Ediciones Orto se ha propuesto para el presente año un plan de publicación de 27 libros, 13 de ellos impresos y 14 en formatos digitales. La variedad es amplia, «van desde novela hasta libros infantiles, pasando por textos didácticos y materiales esenciales para estudiantes de Secundaria Básica y Preuniversitario».
El equipo editorial trabaja con lo que tiene. Lo encabeza Ángel Larramendi Mecías, aunque por sus problemas personales ha tenido que delegar temporalmente en Valdor Illana, quien además asume labores de diseño. Moreno Sosa, como editora, completa un núcleo pequeño que busca soluciones momentáneas para no frenar la salida de los títulos previstos.
“Sabemos que la situación es difícil”, reconoce Valdor. “Pero la literatura no puede esperar. Hacemos lo que está a nuestro alcance para que estos libros lleguen a los lectores”.
Para la Editorial manzanillera, cada 31 de marzo, es la oportunidad de demostrar que el acceso a la literatura no es un privilegio, sino un derecho al alcance de todos. Propósito que sigue vivo, gracias a la inventiva de un equipo que lo da todo, aún en medio de las tormentas.