El arte se expande desde la Casa de Cultura de Manzanillo

Más de un centenar de aficionados de las artes plásticas asisten a los talleres de la Casa de Cultura de la ciudad del Golfo de Guacanayabo // Foto: Denia Fleitas Rosales
Más de un centenar de aficionados de las artes plásticas asisten a los talleres de la Casa de Cultura de la ciudad del Golfo de Guacanayabo // Foto: Denia Fleitas Rosales

Manzanillo. Abril 3.- La tarde cae sobre la ciudad y, como un río que se abre en múltiples brazos, la Casa Municipal de Cultura derrama su caudal artístico hacia las comunidades. Allí, donde la vida cotidiana pulsa con sencillez, se levantan talleres de danza, literatura, teatro, música y artes visuales, guiados por la vocación de 24 instructores que hacen del arte un puente entre generaciones.

“Ahora el centro cultural es la comunidad”, afirma Yarixa Quintana Reyes, directora de la institución, su voz tiene la firmeza de quien donde es útil y responde al llamado a transformar los espacios de creación. “Aunque mantenemos talleres en la Casa, el enfoque está en los barrios, en las casas, en los consejos populares. Allí la gente se siente más cómoda, con lo que tiene a mano, y el arte se vuelve cotidiano”.

Yarixa Quintana Reyes, directora de la Casa de Cultura Municipal// foto: Lilian Salvat Romero

De las artes plásticas a las artes visuales
El cambio de nombre no es un mero formalismo. “Las artes visuales abarcan más que las plásticas”, explica Quintana. “Incluyen fotografía, audiovisuales, instalaciones, hasta una penca de palma puede convertirse en obra; queremos que los niños, jóvenes y adultos descubran que el arte está en todo lo que nos rodea”.

Cada tarde, a partir de las cuatro y media, la Casa vibra con música y danza. Los sábados, las artes visuales toman protagonismo. El teatro se despliega lunes, miércoles y viernes. “Buscamos que los horarios coincidan con el regreso de los niños de la escuela, para que la afluencia sea mayor”, comenta la directora.

En Caimares, en el Consejo Popular 1, en el 5 y en el 6, los instructores han sembrado talleres que florecen en dibujos, fotografías y modelados. “El promotor cultural hace un levantamiento de los aficionados y, con ese diagnóstico, trabajamos. Pero también hacemos intervenciones: actividades interdisciplinarias que despiertan vocaciones en el mismo barrio”, añade Quintana.

» Todos los que sienten amor por el dibujo pueden venir sin pena”, asegura Leonel Salati Álvarez, instructor de artes plásticas desde 2008. Su oficio es enseñar desde la base, cómo trazar una botella, cómo dar vida a una naturaleza muerta, cómo copiar una fotografía. “Se les hace una prueba de actitud, y si tienen vocación, se les guía paso a paso”.

Leonel Salati Álvarez, instructor de artes plásticas // foto: Lilian Salvat Romero

Salati confirma que la especialidad cuenta con siete instructores. “Algunos se dedican al dibujo, otros al modelado, otros a la fotografía. Cada tema tiene su especialista. Y también preparamos a los jóvenes para las pruebas de la Academia de Holguín. Ya dos aficionados han ingresado allí, con excelentes resultados”.

La Casa de Cultura no es solo un espacio de iniciación, sino también de tránsito hacia la profesionalización. “Cuando los estudiantes llegan a séptimo grado, los preparamos específicamente para la Academia. Es una oportunidad de superarse, de convertir la vocación en carrera”, explica Insalati, quien recuerda con orgullo su misión internacional en Venezuela entre 2014 y 2016.

Las palabras de la directora y del instructor se entrelazan como pinceladas en un lienzo común, el arte no es un lujo, sino un derecho. “Queremos que todos los grupos etarios participen: niños, jóvenes, adultos mayores. Que el arte se viva en la comunidad, en las casas, en la calle”, insiste Quintana

Así, entre talleres y comunidades, la Casa de Cultura de Manzanillo se reinventa. El arte visual se abre como un abanico que incluye barro, retrato, fotografía y audiovisual. Los instructores, con su entrega, despiertan talentos y preparan futuros artistas. Y la ciudad, con cada taller, se vuelve más sensible, más crítica, más humana.

El arte no se encierra en paredes, se expande, se multiplica, se hace pueblo, en Manzanillo, la Casa de Cultura es semilla y cosecha, raíz y horizonte.

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