Hemodiálisis en resistencia

Foto: Lilian Salvat
Foto: Lilian Salvat

Manzanillo.Marzo 13.— En el Hospital Clínico Quirúrgico Docente Celia Sánchez Manduley de esta ciudad, donde la ciencia y la voluntad humana se entrelazan para sostener la vida, el Servicio de Nefrología y Hemodiálisis continúa funcionando sin interrupciones a pesar de un escenario nacional marcado por carencias, tensiones energéticas y dificultades logísticas.

Allí, en medio de máquinas que suplen la función de riñones agotados, late también la vocación de un colectivo que no se permite descansar.

La doctora Leyde Rodríguez Tamayo, jefa del servicio, encabeza este equipo que asume jornadas extenuantes para garantizar un tratamiento que no admite pausas.

“Nuestro trabajo no puede detenerse, los pacientes dependen de estas máquinas para vivir, y eso nos obliga a reorganizarnos, y a buscar alternativas», afirma con serenidad, aunque en sus palabras se adivina el peso de la responsabilidad.

El área de cobertura es amplia y compleja, “atendemos pacientes desde Veguita, Yara y Manzanillo, hasta los municipios costeros, llegamos a Niquero y Pilón, es una región extensa y con realidades muy diversas”, explica la especialista.

Actualmente, el servicio atiende 109 pacientes, aunque en otros momentos han superado los 125, la distribución semanal se mantiene en dos grandes grupos de 53 pacientes lunes, miércoles y viernes, y 55 martes, jueves y sábado.

Enfrenta, como el resto del país limitaciones severas, la doctora Rodríguez Tamayo no evade la realidad: “El país atraviesa una situación muy difícil. Hay escasez de recursos, problemas con el transporte, limitaciones materiales. Pero no podemos parar, la hemodiálisis es un tratamiento vital”.

Las dificultades se multiplican a diario, falta de combustible para trasladar a pacientes de municipios lejanos; condiciones materiales deterioradas en las salas; colchones insuficientes; problemas con el agua, alimentación limitada; escasez de medicamentos, que obliga a muchos pacientes en ocasiones, a traer su tratamiento de base.

Aun así, el servicio no se detiene, “hemos tenido que modificar nuestro sistema de trabajo, los pacientes de Manzanillo se trasladan como se puede, con apoyo del gobierno local, ya sea en ecotaxis, guaguas o cualquier medio disponible, a veces llegan tarde, pero llegan y nosotros los dializamos”.

Para los pacientes de municipios más distantes, la alternativa ha sido el ingreso permanente en el hospital, hoy, entre 50 y 60 pacientes permanecen hospitalizados de manera continua.

La sala de nefrología cuenta originalmente con 15 camas, además de un cubículo especial para observación, pero la demanda obligó a ampliar la capacidad. “El hospital nos aprobó dos o tres salas adicionales, allí distribuimos a los pacientes, cada sala con su enfermera y con nuestro equipo pasando visita y administrando medicamentos según la disponibilidad”.

El funcionamiento del servicio descansa sobre un personal reducido; una enfermera por sala de ingreso; dos o tres por cubículo de hemodiálisis, a veces una cuarta según la rotación, todo esto con el apoyo vital de cinco especialistas y diez residentes, responsables de la atención médica directa.

Es un trabajo que exige precisión, resistencia física y una sensibilidad especial; trabajadores del servicio reconocen que, en medio del esfuerzo colectivo, también emergen sombras, “hay choferes que priorizan el dinero antes que el deber de ayudar a un enfermo. Eso duele», nos comenta una de las enfermeras del servicio.

A pesar de todo, el servicio continúa, no por inercia, sino por convicción. En el silencio de la sala, entre el sonido constante de las máquinas y la mirada agradecida de quienes dependen de ellas, se confirma una verdad, en el Hospital Celia Sánchez Manduley, la hemodiálisis no es solo un servicio médico, es un acto diario de titanes.

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