Manzanillo. Dicimebre 8. – Tras el paso del huracán Melissa, la provincia no solo enfrenta la reconstrucción de infraestructuras, sino también el proceso de sanar el impacto emocional en su gente. Para hablar de esta respuesta, conversamos con el MSc. Erik Santana Prohenza, Psicólogo de Salud, Presidente del Grupo Provincial de la Sociedad Cubana de Psicología y miembro de la Brigada de Salud Mental para Emergencias (BRISAM).
P: ¿Cuál es la mayor enseñanza que deja Melissa 2025 en el ámbito del cuidado de las personas?
ESP: La enseñanza es clara y contundente, la salud mental debe ser una parte fundamental en la gestión de cualquier desastre. El huracán reafirmó que atender el sufrimiento psicológico es tan urgente como repartir agua o techos. Sin calma y esperanza, la reconstrucción material es mucho más difícil.
P: ¿Cómo se organizó esa atención psicológica en medio del caos inicial?
ESP: La clave fue el trabajo en equipo y la coordinación, no fuimos psicólogos aislados. Trabajamos codo a codo con médicos, enfermeros, maestros, la Defensa Civil y los propios líderes de las comunidades. Esta red permitió, por ejemplo, garantizar un retorno seguro a la escuela para los niños, dándoles un espacio de normalidad y protección en medio de la crisis.
P: ¿Todos vivieron el impacto emocional de la misma manera?
ESP: Para nada. La vulnerabilidad dependió mucho de cómo cada familia y comunidad experimentó la inundación, no es lo mismo perder una cosecha que ver tu casa bajo el agua. Identificamos grupos con necesidades distintas: afortunadamente, los niños, bien acompañados por sus familias, no mostraron síntomas graves en general. El golpe más fuerte lo recibieron los adultos mayores, quienes a menudo sintieron una profunda tristeza y desarraigo, al ver alterado su entorno y sus recuerdos de toda una vida.

P: ¿Cómo hicieron para medir ese malestar y saber si la gente mejoraba?
ESP: La herramienta principal fue la visita directa, la conversación. Realizamos un recorrido casa por casa, usando una guía rápida que nos ayudaba a identificar señales de angustia, estrés o depresión. Este pesquizaje nos permitió no solo encontrar a quienes más necesitaban ayuda, sino también seguir la evolución de las personas.
P: ¿Y qué patrón de recuperación observaron en esas visitas?
ESP: Vimos una evolución con el tiempo, un camino hacia la recuperación. A los 5 días, con la ayuda inmediata, aparecían los primeros signos de alivio. Entre los 10 y 15 días, la gente empezaba su reorganización emocional, a procesar lo sucedido. Ya pasados los 15-20 días, se notaba una disminución clara de los síntomas más agudos en la mayoría, lo que confirmaba la importancia de nuestro acompañamiento continuo.
P: Esta experiencia, ¿qué dice sobre el futuro de la preparación ante desastres en Cuba?
ESP: Dice que debemos institucionalizar lo aprendido. Las BRISAM demostraron ser un modelo nacional exitoso, gracias al liderazgo de la Dra. Tania Peón Valdés. Por eso, es una necesidad estratégica que estas brigadas sean permanentes, que la salud mental esté escrita con letras claras en todos los protocolos de la Defensa Civil y el Ministerio de Salud Pública.
P: Para finalizar, ¿en qué se traduce todo este trabajo?
ESP: Se traduce en ayudar a recomponer la vida. La psicología en emergencias no cura casas, pero protege la dignidad de las personas, reorganiza su día a día y les proyecta esperanza de futuro. Nuestro compromiso ahora es crear un modelo cubano con protocolos claros: una respuesta rápida, la integración del apoyo en la comunidad, y el seguimiento para una recuperación plena. Es estar ahí, con profesionalidad y corazón, para que nadie se sienta solo en el camino de volver a empezar.