Algunos subestimaron la capacidad de Venezuela para colarse en el top tres del recién finalizado 6to. Clásico Mundial de Béisbol, pero los sudamericanos se impusieron con autoridad
No fueron los samuráis nipones, en esta ocasión, dueños y señores del 6to. Clásico Mundial de Béisbol. Ni siquiera se asomaron a la gran final del torneo ni acariciaron un buen resultado a la altura de las cinco ediciones precedentes.
Ellos, como otro gigante de la pelota mundial: Estados Unidos, sucumbieron ante un conjunto que, para orgullo latinoamericano, fue todo coraje durante la justa: Venezuela. Los sudamericanos se coronaron campeones del 6to. Clásico casi sin una sola mancha en el trayecto, y alzaron el trofeo destronando gigantes.
«La próxima vez que vayan a hacer un ranking internacional tendrán que poner a Venezuela como número uno del planeta», exclamaba entre la euforia de los vencedores, el jugador más valioso del Clásico: Maikel García.
Y es cierto. Algunos subestimaron la capacidad de esta selección para colarse en el top tres del recién finalizado torneo. Poco a poco, desde la fase de grupos, fueron desmitificando aquello de que eran un conjunto competitivo, pero sin capacidad real para prender la llama que les permitiera erigirse con el título.
Pero luego de dejar en el camino al potente Japón, en la etapa de cuartos de final, las miradas se pusieron más serias para pronosticar el punto cimero de los sudamericanos. Mientras que en la tierra de la arepa, la afición era consciente de que algo grande se traían entre manos este grupo de talentosos jugadores.
La noche del 17 de marzo fue intensa en Caracas, igual que en cada rincón de la geografía venezolana. Acuña, Arraez, Suárez, Tovar, Salvador, Palencia, Chourio o Abreu, son algunos de los hombres que pusieron por los cielos las ansias de un país.
Venezuela, cuya mejor actuación anterior fue un tercer escaño durante la edición de 2009, se une ahora a Japón (2006, 2009, 2023), República Dominicana (2013) y Estados Unidos (2017), como las únicas naciones campeonas del torneo.
Los sudamericanos no solo ganaron de forma inobjetable, sino que lo hicieron derrotando con contundencia cada rival. No hubo invictos en esta cita, lo que demuestra cuánta paridad van tendiendo los clásicos a medida que sobrepasan la mayoría de edad.
Veinte años hace ya de la primera edición y el evento continúa consolidándose como el principal torneo a nivel de selecciones nacionales del mundo. Cada nueva versión supera la anterior en participación de las más grandes estrellas del juego, interés del público, asistencia de aficionados a los estadios y ganancias para los involucrados.
Cuba, por su parte, culminó en un rezagado 10mo. puesto, muy alejado del cuarteto de honor que redondeó en la pasada edición. La sorpresa entre los 20 conjuntos participantes fue, sin discusión, Italia, un equipo plagado de jugadores que militan en las Grandes Ligas del béisbol estadounidense y que parecía un «aplastagigantes» indomables.
Si bien es cierto que el Clásico Mundial necesita empezar a moverse, a variar sus sedes, en la práctica se ha convertido en un éxito rotundo, pues ya el campeón también se sale de las probabilidades.