Una casona neoclásica que custodia la memoria de Manzanillo

Foto: Claudia Sánchez
Foto: Claudia Sánchez

En uno de los corredores del Parque Central Carlos Manuel de Céspedes de Manzanillo, se alza una joya arquitectónica que se ha convertido en la conciencia histórica de su pueblo.

El Museo Municipal, de líneas neoclásicas impecables, abrió sus puertas por primera vez en 1893, cuando aún Cuba era colonia española. Su construcción, encargada por una sociedad de carácter instructivo y recreativo, refleja el esplendor de finales del siglo XIX, marcado por amplios ventanales, frontones triangulares y una simetría que evoca los antiguos templos griegos, adaptada al clima caribeño con altos techos de madera y frescos corredores.

Durante sus primeros años, el inmueble funcionó como casino y centro de reunión de la burguesía local, pero el destino guardaba para sus muros una vocación más profunda. Tras el triunfo de la Revolución Cubana en el año 1959, el edificio fue transformado en uno de los primeros museos municipales del país.

José Antonio Matilla Vázquez, director de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos de la ciudad, destaca que «su restauración respetó cada detalle original, desde las molduras de yeso hasta el piso de losas hidráulicas, demostrando que el valor histórico no reside solo en lo que se exhibe».

«El museo organiza sus salas como un viaje cronológico, la primera sala evoca la colonia, con muebles de época, documentos de la fundación de la ciudad y piezas arqueológicas aborígenes. La segunda sala se adentra en la República, un período complejo marcado por la corrupción y las luchas populares, representado mediante fotografías, periódicos y piezas museables de principios del siglo XX», explica Matilla.

La tercera sala, relata el gobierno revolucionario desde 1959, con énfasis en las campañas de alfabetización y las transformaciones agrarias. En la cuarta y quinta sala se ubican representaciones del arte y la cultura popular manzanillera con reconocimientos nacionales.

Este sitio histórico es, ante todo, un espacio vivo que representa la identidad de Manzanillo, lo que se expresa en sus actividades fijas. Allí, la Asociación Nacional de Ciegos y Débiles Visuales (ANCI) de la ciudad desarrolla el proyecto Con los ojos del corazón, así como el espacio Venga la esperanza, de la Asociación Cubana de Limitados Físico-Motores (ACLIFIM), que fomenta la inclusión y el acceso al patrimonio.

Además la institución organiza la muestra del mes, una iniciativa dedicada a la promoción del patrimonio cultural manzanillero, donde se exhiben piezas poco comunes o temáticas específicas de la identidad local. A estas actividades se suman los encuentros programados con las escuelas del territorio, que convierten el museo en un aula extendida.

Sin embargo, explica Matilla que «el edificio enfrenta desafíos propios del trópico y el paso del tiempo. La humedad afecta lentamente sus paredes, y los recursos para el mantenimiento escasean». Aun así, el personal del museo trabaja con una dedicación casi artesanal, utilizando técnicas tradicionales para conservar lo que consideran un legado irrenunciable.

Hoy, el Museo Municipal de Manzanillo es referente no solo como uno de los primeros de su tipo en Cuba, sino como un símbolo de la continuidad histórica de una ciudad que mira su pasado sin miedo. Por eso, cada 18 de abril, cuando el mundo celebra sus monumentos, la ciudad del Golfo celebra su propia alma, guardada en una casona neoclásica de 1893.

Infografía realizada en el 2023, aniversario 44 de la fundación del Museo Municipal de Manzanillo

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