Legado de un pensador nacido en Manzanillo

Foto: Internet
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Manzanillo guarda en su memoria a Blas Roca Calderío como un hijo suyo que, desde la humildad de su cuna, llegó a convertirse en uno de los teóricos más lúcidos del pensamiento revolucionario cubano. Nació en esta localidad oriental en los primeros años del siglo XX, su instrucción formal apenas alcanzó el cuarto grado de la enseñanza primaria, pero esa carencia no limitó su desarrollo intelectual. Mediante un esfuerzo autodidacta, accedió a numerosos textos de contenido social progresista y encontró en el marxismo la herramienta teórica para comprender las injusticias de su tiempo.

A temprana edad obtuvo la habilitación para ejercer el magisterio y trabajó como maestro sustituto durante unos meses, sin embargo, la falta de recomendación política le impidió continuar en la docencia. Aquella exclusión, lejos de desanimarlo, lo impulsó a asumir una labor educativa desde otros espacios. Se incorporó al Partido Comunista, asumió la organización de la militancia en la provincia de Oriente y, desde la secretaría general de la Federación Obrera de Manzanillo, participó en diversas acciones de protesta laboral. Su actividad le valió la prisión, aunque ni el encierro logró silenciarlo, en cautiverio redactó materiales políticos como Voz proletaria y El Comunista, que circularon de manera clandestina.

Con el tiempo, su liderazgo trascendió el ámbito local y se proyectó a escala nacional. Fue designado secretario general del Partido Comunista y representó a Cuba en encuentros fundamentales de la izquierda mundial. Ocupó escaños como delegado a la Asamblea Constituyente y como diputado, pero nunca desvinculó su labor política de la causa obrera. Al lado de Lázaro Peña y Jesús Menéndez, contribuyó a la creación de una central sindical que integró a todas las corrientes del movimiento trabajador.

El triunfo revolucionario de 1959 abrió una nueva etapa en su vida. A pesar de carecer de formación jurídica universitaria, desplegó una notable capacidad teórica en el campo del derecho, la Revolución le encomendó la responsabilidad de reordenar la legislación judicial, a fin de adecuarla a la estructura socialista del país, y presidió la comisión redactora del anteproyecto constitucional. Por la solidez de su pensamiento, las universidades le confirieron el título de Doctor Honoris Causa en Ciencias Jurídicas. En los años finales de su existencia, recibió la distinción de Héroe del Trabajo de la República de Cuba.

Blas Roca Calderío falleció tras una prolongada enfermedad un 25 de abril de 1986, sus restos descansan hace 40 años en El Cacahual con honores de general muerto en campaña, cumpliendo su voluntad expresa de recibir sepultura en “tierra pelada”. Manzanillo, su ciudad natal, lo honra no mediante monumentos solemnes, sino a través de la permanencia de su ejemplo, cada joven que estudia contra las adversidades, cada obrero que defiende la unidad sindical y cada ciudadano que antepone la justicia social a los privilegios.

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