Es la ciudad del Golfo del Guacanayabo donde una pareja ha convertido su hogar en taller y su empeño en emprendimiento familiar, Lourdes González Pascual y Félix Monteto Viltres, ambos graduados universitarios, levantaron con amor y perseverancia este negocio que hoy, en 2026, se reconoce como símbolo de resiliencia y creatividad, TALUR.
El año 2021 fue un punto de quiebre, la carpintería que habían iniciado juntos quedaba lejos, y las restricciones sanitarias impedían llegar hasta allí, Lourdes lo recuerda con franqueza, «cuando la COVID, no podíamos salir de la casa y entonces nos quedaba lejos la carpintería, nosotros teníamos en la casa todas las máquinas que tenían que ver con la personalización, pero no le habíamos hecho mucho caso, eso estaba ahí, a mí no me gustaba la idea, incluso cuando mi esposo quiso empezar, yo hasta lloré porque no quería aprender nada de este tema; y ahora me encanta, yo amo todo esto; elprincipal impulsor de Talur es Félix, no es Lourdes”.
La carpintería quedó atrás y el emprendimiento de personalización tomó fuerza, Félix, con su carácter positivo y creativo, se convirtió en el motor del proyecto, Lourdes, aunque más reservada, fue la voz pública que dio rostro a TALUR.
“Lo que pasa es que quizás a mí es a la que más conocen, porque soy la que más he estado públicamente, la que más he dado la cara y esas cosas, pero Félix es quien diseña, quien hace todas las cosas más complicadas que lleva este negocio, porque esto no es algo tan fácil», reconoce Lourdes.
«Nosotros trabajamos con confesiones Antares aquí en Manzanillo, con confesiones Costas en Santiago de Cuba y con confesiones Melizas en Las Tunas, ahí personalizábamos los overoles que utiliza Cupet de toda Cuba, esas empresas lo confeccionaban y nosotros estampábamos bolsillos y espaldas, recogíamos las piezas, trabajábamos en la casa y luego entregábamos el trabajo concluido”.
Hoy, TALUR se distingue por su ética frente al cliente. Félix lo explica con claridad: «la mayoría de las veces trabajamos contra reloj, porque los clientes llegan y quieren que los trabajos se hagan quizás en tres o cuatro días, nosotros siempre le decimos que sí a los clientes, nos ponemos esos retos y gracias a la ayuda que tenemos de los muchachos, gracias al dominio de todas las cosas que hay que hacer aquí, pues entonces los trabajos siempre salen para la fecha que nosotros decimos, aunque pase lo que pase, eso tiene que salir”.
“En ocasiones no hemos podido terminar los trabajos aquí en la casa porque no hemos tenido corriente, porque los equipos que utilizamos son altos consumidores, tratamos de adelantar con los paneles y con la batería lo que es la impresión en las hojas, para que a la hora que llega la corriente pues solamente se hace los pullovers, las gorras, lo que tengamos que hacer”.
“Nuestro emprendimiento o negocio parte desde el ambiente familiar, lo hemos levantado con mucho empeño, mucho amor porque solo el Amor engendra la Maravilla”, dice Félix
La marca TALUR nace de la unión de sus nombres, Tato (como conocen a Félix) y Lourdes, la fusión que simboliza también la complementariedad de sus personalidades, ella, introvertida; él, un torbellino de soluciones y optimismo.
“Nuestra forma de producir es sin almacenar grandes cantidades de productos, por eso nos damos a la tarea de buscar lo que pide el cliente y en el momento que lo pide, así hemos hecho hasta ahora y en estos momentos de crisis apostamos por la supervivencia para luego seguir creciendo en la medida de las posibilidades”, asegura Félix.
Los contratos con empresas, UEB, MIPYMES y TCP del territorio son prueba de la confianza que han ganado. “Tenemos la dicha que la mayoría de nuestros clientes llegan para quedarse, eso para nosotros es un orgullo porque habla de la calidad y garantía de lo que hacemos”, afirma Lourdes.
La electricidad, siempre se esquiva, no ha sido obstáculo: “Da igual que sea a las 10 de la noche que a las 3 de la mañana, simplemente trabajamos con mucho optimismo y muchas ganas de echar pa’lante”.
El negocio es también un espacio de crecimiento para sus hijos, uno estudia Medicina, la otra cursa el preuniversitario. “Es un negocio totalmente familiar”, dice Lourdes con orgullo.
Más allá de los contratos y los productos, TALUR ha significado un puente humano, “de mi experiencia particular te puedo contar que me ha abierto muchas puertas, he conocido muchas personas y eso es algo bien gratificante más allá del beneficio material que me ha brindado”.
«Más adelante pensamos tener un local propio porque hasta el momento la casa donde vivimos es también nuestro lugar de trabajo”, proyecta Lourdes.
En 2026, TALUR se erige como ejemplo de emprendimiento en tiempos de crisis, un taller que no solo produce objetos, sino que engendra maravillas desde la unión, la perseverancia y el amor.
Su historia es la de una familia que convirtió la adversidad en oportunidad, y que hoy aporta al desarrollo económico y social de Manzanillo y la provincia de Granma.
TALUR es también reflejo de la estrategia nacional que impulsa las MIPYMES y los proyectos familiares como actores esenciales de la economía cubana; en cada pulóver estampado, en cada taza personalizada o contrato cumplido contra reloj, late la certeza de que el trabajo creador es fuerza vital para el país.
En tiempos de desafíos, TALUR demuestra que la creatividad, la disciplina y la fe en el futuro son motores de nación.
Productos terminados // fotos cortesía TALUR


