Celia Sánchez, la flor más autóctona de la Sierra y el Llano

Celia Sánchez en la Comandancia La Plata, junto al Comandante en Jefe Fidel Castro.
Celia Sánchez en la Comandancia La Plata, junto al Comandante en Jefe Fidel Castro.

Manzanillo. Mayo 9.— El almanaque señala que un día como hoy de 1920, en el Central Isabel del municipio de Media Luna nació Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley. Sin embargo, esta urbe costera la reclamó como suya desde muy temprano. Fue en esta ciudad del golfo de Guacanayabo donde la joven de cabello oscuro y mirada profunda forjó su carácter y donde, años después, tejió la red que sostendría la insurrección.

Aquí Celia, hija de un médico de ideas liberales avanzadas, dejó de ser la muchacha de familia acomodada para convertirse en la campesina de machete al cinto. Cuando otros guardaban silencio ante la tiranía de Batista, ella atesoraba armas, medicinas y mapas.

Manzanillo fue testigo de su primer gran acto de desobediencia, el 30 de noviembre de 1956, mientras los expedicionarios del yate Granma sorteaban el temporal hacia Las Coloradas, ella lideraba el alzamiento en la ciudad siguiendo las orientaciones de Frank País, para dividir las fuerzas enemigas.

Tras el desembarco del 2 de diciembre y la dispersión del grupo, la incertidumbre era total, la tiranía afirmaba la muerte de Fidel, mientras que Celia, con una convicción férrea, organizaba desde Manzanillo una red de colaboradores campesinos que resultó vital para la supervivencia de la guerrilla.

El 19 de diciembre, al confirmar que Fidel estaba en Cinco Palmas, se dio a la tarea de conseguir suministros, ropas, medicinas, hamacas y hasta galletas. Poco después, despachó los primeros refuerzos hacia la Sierra.

El encuentro con el líder de la Revolución llegaría en febrero de 1957 en la finca de Epifanio Díaz, en El Jíbaro, donde se reunió con Fidel Castro, Frank País y otros dirigentes para coordinar el apoyo desde el llano. Aquella noche, la historia se iluminó con otra hazaña, ella fue la encargada de guiar al periodista del New York Times, Herbert Matthews, hasta la presencia de Fidel, enterrando para siempre la mentira de la muerte del líder rebelde.

El 28 de mayo de 1957, formando parte del pelotón de la comandancia, combatió en El Uvero, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar la posición de soldado combatiente en las filas del Ejército Rebelde.

En una carta enviada desde la Sierra a Frank País, los guerrilleros escribieron «Cuando se escriba la historia de esta etapa revolucionaria, en la portada tendrán que aparecer dos nombres, David y Norma» (siendo Norma su nombre de guerra).

Su legado fundacional se consolidó el 4 de septiembre de 1958, cuando participó en la creación del batallón femenino Mariana Grajales, demostrando que las mujeres cubanas podían empuñar el fusil con la misma firmeza que los hombres. Este hecho, gestado en la retaguardia de la Plata, rompió esquemas en una guerra tradicionalmente masculina y abrió el camino para la plena incorporación de la mujer a la gesta libertadora.

Cuando el Comandante en Jefe entró en La Habana en 1959, ella no buscó reflectores. Como Secretaria del Consejo de Estado y diputada al Parlamento, prefirió seguir siendo el hilo que cosía la Revolución al pueblo . Desde su oficina, recibía cartas anónimas, visitaba barrios marginales y se aseguraba de que la educación y la salud llegaran a todos. Fue la principal promotora del Parque Lenin y se dedicó a recopilar la documentación de la guerra, creando la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado en 1964.

Manzanillo, mientras tanto, la guarda en cada esquina. Hoy su nombre está grabado en escuelas, en el Hospital Provincial y en sitios y monumentos de la ciudad. La casa donde vivió en la calle José de la Luz y Caballero es punto de peregrinación. Su casa natal en Media Luna, convertida en Museo Memorial en 1990 y declarada Monumento Nacional, atesora 234 objetos que narran sus primeros 20 años de vida .

Quienes la conocieron hablan de su sencillez absoluta, conduciendo su pequeño jeep sin escolta. De ella, Fidel Castro dijo que «era la calidad humana, la preocupación por la gente… la flor más autóctona de la Revolución».

Tristemente el 11 de enero de 1980, víctima de un cáncer de pulmón, se fue sin hacer ruido, como quien dobla una bandera al caer la tarde .

Por eso, a 106 años de su natalicio los manzanilleros la recuerdan y afirman que sigue siendo esa hija fiel que luchó por la Revolución Cubana hasta sus últimos días de vida.

Compartir en:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *