Lilita: madre, esposa y artesana

Foto: cortesía de la entrevistada
Foto: cortesía de la entrevistada

Manzanillo. Mayo 10.- Carmen Lilia Quesada Regueiro, de 38 años, empieza cada jornada con una agenda que no cabe en ningún reloj. Madre de tres hijos de distintas edades —y por lo tanto, con intereses opuestos—, sabe que su día no será lineal. Pero además de mamá, Lilita, como todos la conocen, es esposa, hija, trabajadora, amiga y artesana. “Cada día vivo emociones distintas y desafíos distintos», resume.

Uno de esos desafíos llegó para quedarse y transformarlo todo. Su segunda hija tiene síndrome de Down, y ese diagnóstico inicial fue, en sus palabras, una escuela de vida. “Pasé por muchos procesos de duelo, de aceptación, de felicidad”, confiesa. Lejos de verlo como una carga, hoy se siente agradecida por poder acompañar cada logro de su hija paso a paso.

Entre el trabajo, los niños, la casa y su esposo, Lilita teje, el tejido a crochet no es solo un hobby: es su pasión, un rincón donde el silencio y las manos crean algo tangible. Pero para llegar a ese momento de paz, ha debido aprender a delegar. Cuenta con el apoyo incondicional de sus padres y de su pareja actual, aunque el padre biológico de sus hijos vive lejos. “Así puedo trabajar y sacar tiempo para mí y para hacer las cosas que me gustan”, explica.

Lilita asegura que en su hogar cada persona cumple un rol y eso les permite funcionar como un engranaje. “Si todos ponen de su parte, se puede hacer todo”, afirma.

Por eso, cuando se le pide un consejo para madres jóvenes, no duda: “Sean madres, pero también todo lo demás”. Carmen Lilia invita a repartir las tareas, a pedir ayuda, a no romantizar el sacrificio absoluto. “Formen un hogar funcional, juntos”, insiste. Al final, ella sigue siendo esa mujer de 38 años que teje mientras escucha la risa de sus hijos, y que aún encuentra tiempo para ser amiga de sí misma.

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