Manzanillo. Mayo 12.— “Durante el trabajo de parto yo estoy ahí para recordarle a esa madre que no está sola”, afirma Aliuska Bringas Silveira, enfermera de Ginecobstetricia que durante 18 años ha hecho del Salón de Parto del Hospital Materno Fe del Valle su segundo hogar.
En el Día de la Enfermera Cubana, esta mujer de Pueblo Nuevo se detiene un instante entre turno y turno para contar por qué sigue eligiendo la vocación más humana de todas.
Aliuska no llegó a la enfermería por azar. Desde pequeña supo que su camino estaría vinculado a la salud, inspirada por algunos familiares que ya habían abrazado este hermoso oficio. Pero el momento decisivo llegó con los Cursos de Superación impulsados en Cuba hace años, una idea de Fidel que, según recuerda con gratitud, le permitió realizarse siendo ya madre. “Ya tenía a mi niña mayor cuando comencé a estudiar. Hoy ella tiene 23 años y todo lo que hago es por ellos”, confiesa.
La difícil situación del transporte en Manzanillo obligó a su colectivo a reorganizar los turnos, ahora de 24 horas seguidas de trabajo por 72 de descanso. Una fórmula agotadora, asume, pero necesaria. “Cuando estás aquí, el tiempo vuela. No hay reloj que pare cuando ves nacer una vida”, afirma con la serenidad de quien ha aprendido a medir el tiempo en latidos y no en horas.
En el salón de parto, Aliuska no solo supervisa como jefa de equipo, se sienta al borde de la cama, toma la mano de la gestante y le habla con esa dulzura que la caracteriza. Su labor, explica, va más allá de lo clínico. “Les doy apoyo, compañía, aliento. Muchas llegan con miedo. Mi trabajo es hacerles sentir que no están solas en ese momento tan importante de sus vidas, trato de motivarlas ”. Paciente, empática, sabe que cada parto es una historia distinta y que cada madre necesita un ritmo diferente.
Pero Aliuska también ha mirado el oficio desde otras coordenadas. Cuando el mundo aún se recuperaba del Covid-19, partió en misión internacionalista a Venezuela. Tres años que, según confiesa, la marcaron gratamente. No solo por lo que pudo aportar, sino por todo lo que intercambió y aprendió .“Regresé con más herramientas y con las ganas multiplicadas”, dice.
Hoy, al celebrarse el Día de la Enfermera Cubana, Aliuska expresa el orgullo inmenso de pertenecer a su gremio. “Ayudar a traer vidas al mundo es un privilegio. A pesar de las duras condiciones por las que atraviesa el país, aquí —liderados por Moraima— buscamos atender a todas las madres que entran en trabajo de parto con amor y mucha paciencia ”.