Alsina: testimonio de un apasionado por la Literatura

Foto: Marlene Herrera
Foto: Marlene Herrera

Volvió a ser noticia en la ciudad del golfo, pretexto que justifica ir en busca del escritor, un apasionado de la buena Literatura que dice soñar poco pero en grande. Él es Juan Manuel Alsina Milanés, y este es el testimonio de su obra.

«Yo creo que desde el vientre de mi madre yo venía con un libro, porque mi papá fue un intelectual, una gente que leía mucho. Y yo digo que abrí los ojos en mi casa y lo primero que vi fue libros. No fue otra cosa.

Mi papá, antes de darme un juguete, que me lo daba, me daba un libro. Antes de un parque de diversiones yo iba a una librería, llevado por mi papá. Viajamos y primero una librería, después que te cargabas de libros,  vamos al parque de diversiones, porque él decía que esa era la única forma de, aparte de la educación que se puede dar en una casa, tomar cultura, coger conocimiento, no ser ignorante para que nadie te utilice y nadie te engañe. Y ese fue el mundo en que yo viví en mi casa.

Yo fui un niño precoz. Mis hermanas me enseñaron a leer, a escribir, me sabía los números. Cuando estaba en el preescolar, ya yo sabía esas cosas, por mi casa. Cuando yo fui a primer grado, a mi mamá le dijeron “puedes pasarlo para tercer grado”, que antes se hacía. Dijo mi mamá, “déjelo donde él está. Nada de quemar capas. Él sabe, pero está ahí.”

Y siempre recuerdo que en primer grado hicieron un concurso de lectura, y la maestra dijo, él va porque ese niño ya lee, no como los demás niños de primer grado.  Y yo gané el concurso. Nunca se me olvida que me regalaron una caja de lápices de colores y un libro de cuentos y uno de colorear. Porque ya yo leía con fluidez.  No era como un niño que estaba cancaneando. Ya yo sabía leer.

Y por eso yo crecí con los libros en mi casa. Mi papá tenía su librero. Mis hermanas en su cuarto tenían su librero. Yo en mi cuarto tenía mi librero. Yo sufrí amargamente cuando la permuta. Nosotros no estábamos en casa.  Estábamos de viaje. Mi papá, el pobre, llegó la permuta y  perdí casi todos mis libros. Mi papá no sabía más allá de los libros. Él no era para organizar cosas, eso lo hacía mi madre. Y él parece que no se percató de donde metieron los libros. Y los botaron. Y lo sentí amargamente porque yo sí tenía una biblioteca de literatura infantil. Yo tenía lo inimaginable en libros. Porque mi papá me los compraba.

Yo estaría como en primaria, cuarto, quinto, sexto grado, que ya uno va escribiendo, hace composiciones. Y Mowgli me encantaba. Pero a mí no me gustaba el final.  No me gustaba. Y entonces papi era la gente que conversaba con uno ¿Te gusta esto y cómo va? Y yo decía, no me gusta. ¿Pero por qué no te gusta, niño? No me gusta eso. ¿Pero qué tú vas a hacer?  Y me dice así, cámbiaselo.

¿Tú sabes lo que yo hacía? Yo cogí una libreta.  Y empecé a copiar el cuento de Mowgli completico. Lo que hacía era cambiar el final, y el final que tenía no se lo ponía. Yo iba poniendo lo que me daba la gana a mí. Una mentalidad de niño, ¿no? Lo que me parecía. Y al otro día lo volvía a leer y decía ya no me gusta ese. Lo tachaba y volvía a copiar otro final. Y así me empezó a gustarme escribir cosas. Y entonces empecé a copiar cosas.  Me gusta ese poema. Lo copiaba. Y mis hermanas, ¿sabes qué las muchachas tenían las libretas de los poemas y canciones?  Y yo decía, me gusta esa canción. Yo la copiaba. Porque era el afán de escribir.

Ya después lo dejé. Cosas de muchachos, pasa el tiempo. Sí, seguí leyendo. Pero ya jovencito, yo me empecé a cartear con mucha gente. Y entre ellos, me empecé a cartear con un escritor argentino, Daniel Navarro. Y entonces, a mí como me encanta hablar tanto, escribía bastante. Y él me decía, a mí me encantan tus cartas porque tus cartas no son corrientes, tú las floreas y son extensas y jamás pierdo el interés. Tú tienes algo. Tú tienes madera de escritor. ¿Tú no te has dado cuenta que tú puedes escribir cosas? Y me dijo, mira, aquí hay un concurso de una revista, Primicia, que es de amor. Ya yo estaba escribiendo por mi cuenta porque me encantaba mucho la narrativa gótica, yo escribía cuentos sobre vampiros y de las apariciones. Los poemitas que uno hace de principiante. Y me dice es un concurso de poesía de amor. La poesía de amor no me gusta. Sin mentirte, de un tirón hice el poema. Dice, mándamelo que yo me encargo de lo demás porque yo sé que tú no tienes computadora.

Y me dijo, lo que tuve que cambiar solo unos detallitos. De cosas como las asonancias, las consonancias, que eso tú no puedes dominar.  Y gané el concurso. El poema se llama Necesito. Y está en mi libro Crepúsculo, torsos y polen que lo puse como si fuera un portal. Y gané el concurso. Fue el primerito. Y después yo empecé a mandarle cosas, poemas. Para otras revistas argentinas.

Y entonces, por España convocaron un concurso a Alaska. La cantante, que a mí me fascina Alaska. Y había poesía y cuento. Yo participé en los dos. Y gané el concurso en poesía y en cuento. Pero, una cosa muy genial que me enteré después por uno del jurado, quien financiaba el concurso era el ABC, o sea el periódico reaccionario y cuando abren la plica, pues era por pseudónimo, dice ah, es cubano. Si es cubano, es comunista. A él no se le puede dar el premio. Y entonces, uno del jurado se molestó. Se molestó muchísimo con eso y  ese muchacho, un jovencito, dijo, ah, está bien, y me escribió y me dijo, mira, tú eres el premio, y en mi revista yo te voy a publicar. Fuiste el premio internacional de Alaska. Y yo, de mi bolsillo te voy a pagar. No te voy a pagar toda la cantidad pero sí te voy a pagar. Tú dime lo que tú necesitas.

Y así hice tremenda amistad con ese muchacho. Que después ese muchacho me pidió que trabajara para una revista que él tenía, que hiciera poemas, que hiciera dibujos, que participara en cuentos. Y cuando Alaska vino a Cuba él me escribió para que fuera a ver Alaska a La Habana y reportara desde Cuba la presencia de Alaska en Cuba.

En España una revista de corte gótico también lanzó una convocatoria y a mí me escogieron para publicar con ellos. Publiqué un cuento y varios poemas. Me dijeron te lo tenemos que compartir con alguien porque tú no eres conocido. Y como a los dos o tres meses me dijeron queremos hacer una revista completa contigo porque la gente compró la revista por ti, por tus poemas. Y me volvieron a publicar.

Para mí, escribir cuentos es más fácil porque yo soy de la gente que me voy inventando todo en la mente. Hasta que no tengo toda la idea metida en la cabeza, y todos esos chismes, como yo digo, esas cosas que yo quiero meter, en el cuento, no lo escribo.

Escribo poemas. Me encantan. Pero lo respeto más. Porque el poema tiene que ser conciso. El poema es como un cuento, pero extractado. Yo por eso no escribo poemas en verso, escribo en prosa, para darme margen a escribir más, porque yo hablo demasiado.

En los dos me siento bien, pero en el cuento es como que me relajo completamente y puedo expandirme a páginas, y páginas, que en el poema no puedo.

Yo me fui un tiempo para La Habana. Y después regresé y me hice buen amigo de Alfredo Pérez que me conocía desde niño porque era un íntimo amigo de mi hermana mayor. Y con quien tuve la primera relación así, fue con Alfredo Pérez, que le pedía me revisara lo que estaba haciendo.

Conocí a  Ángel Chang y empecé a intercambiar libros. Y él me habló de las casas de la cultura. Yo fui muy renuente a ir a los lugares porque yo soy muy penoso. Pero bueno, empecé a participar en unos concursos. Después que cojo confianza ya, pero me cohíbo mucho, pero empecé a participar en los concursos, recuerdo que gané el Más allá del amor, que era de poesía. Entre el jurado estaba Julio Sánchez Chang y nos reunieron para compartir con Julio. Pero ya después yo me alejé de los talleres porque no sé, no me gustaba y trabajé solo.

Seguí escribiendo, pero lo tenía como un hobby, pero cuando yo empecé a trabajar aquí (Centro de Promoción de la Cultura Literaria Manuel Navarro Luna)  y vi el movimiento literario, ya vi que era otra cosa. Que es verdad que había escritores. Y entonces dije es verdad, uno puede tomar en serio la escritura. Y seguí trabajando. Y empecé a escribir cuentos. Pero ya no era una tónica Gótica, empecé a enfilarme porque me empezó a gustar, el realismo sucio. Y eso se lo enseñaba a Edgar. Y Edgar me iba guiando,  hasta que ya armé un libro.

El primero que me evaluó a mí un cuento, que no era cuento, era el capítulo de una novela, fue Sacha.

Sacha vino aquí (A Manzanillo) no sé si fue por una feria del libro. Ya yo trabajaba en Navarro Luna, y Maritza  convocó para leer cuentos. Y Sacha,  y otro escritor más, nos evaluaron.

Ya yo tenía mi libro casi formado. Y yo dije, yo no voy a leer el cuento, voy a leer un capítulo de una novela a ver qué me dice. Y el capítulo tenía unas cuantas páginas. Y completico lo leí, y él tranquilito. Y la gente lo miraba. Y yo lee, lee.

Me dijo, “a mí no me engañas, eso no es un cuento, eso es una novela. Es un capítulo de una novela. Está bien. Pero no es un cuento”. Yo le digo, yo lo sé, porque yo lo hice para probar. Y ahí fue como empecé a tener cierta amistad, cierta relación con Sacha. A raíz de eso. Porque dice que yo quería pasar gato por liebre.

Fue así que empecé la relación con Sacha.

Foto: Marlene Herrera

Tengo una novela. Una novela, que hace más de treinta años la escribí. La escribí en el período especial. Si tú ves en lo que está escrita, en papel cartucho. En lo que pude. Yo se le enviaba a Daniel Navarro,  él me la tecleaba y ya me la mandaba con la corrección hecha.  Pero nada más llegó hasta el capítulo once, porque él se enfermó. La tengo ahí, se llama El regreso, va sobre una relación entre amigos que por causas muy juveniles se separan, son las vivencias de amigos con vidas sociales diferentes; a veces me pongo a teclearla pero me parece que le falta mucho, y la he dejado ahí.

Cubanos, yo admiro mucho a Sacha, Arturo Arango, Luis Felipe Rodríguez tiene un apartado. Admiro mucho, por ejemplo, a Jorge Ángel Pérez, a Enrique Pérez Chang, Enrique Pérez Díaz, que son narradores de esta corte que me gustan, me encanta, aunque no soy muy fanático a la ciencia ficción, me encanta la narrativa de Yoss (seudónimo de José Miguel Sánchez Gómez), amigo mío también, muy amigo mío, me encanta Padura hasta cierto momento, por su narrativa, me encanta Garrandés, son muchos escritores por su forma de escribir, y el maestro Lezama, el Virgilio Piñera, y para mí en la cumbre la Loynaz, para mí no hay poetiza que la supere, y su obra, bueno, su novela lírica, Jardín, para mí es insuperable, insuperable,  yo la adoro a la Loynaz.

Extranjeros  si tengo un espectro bien grande, según la temática que lea, por eso me encanta Stephen King, me encantan los narradores americanos de los años 50, Thomas Pynchon, Tom McCarthy, estos escritores que trabajan la novela estópica, me encanta la narrativa japonesa, me fascina, yo trato de copiarla por su forma, porque la narrativa japonesa tiene algo propio de ellos, que ellos escriben como si tuvieran un hacha en la mano, ellos un párrafo te lo llevan a tres palabras y es suficiente para darte un mazazo en la cabeza y dejarte muerta, me encanta la narrativa japonesa, me encanta, me fascina.

Pero mi obra cumbre, fíjate no es japonesa, mi obra cumbre que me lo he leído hasta la actualidad siete veces la novela, El nombre de la rosa, siete veces me lo he leído y la película la he visto quince veces, me fascina, entre más yo la veo, más me gusta, y tengo otros libros de Umberto Eco que me lo han enviado, para mí, mi obra cumbre es esa.

Leo mucha literatura latinoamericana que no se conoce en Cuba, muy buena, dominicanos,  cubanos que toda una vida han vivido en el exilio, o se fueron muy jóvenes, y me fascina una escritora que se la llevaron de Cuba a los dos años, Achy Obejas, esa mujer escribe todo en inglés, pero ella hizo una versión al español, genial, me encanta Daína Chaviano, que para mí es la maestra de la fantasía, tengo toda su obra completa, y así te puedo decir cantidad de narradores que se han ido, que están en el exterior, que son muy buenos, y a veces no los conocemos.

En Navarro Luna, en febrero del 2007, estaba yo en el tercer año de la carrera, que Maritza nos trajo a los mejores expedientes del tercer año de Estudios socioculturales, nos trajo para aquí, y ellos poco a poco se fueron cogiendo su camino, yo no, porque esto sí me gustaba, decía, este es mi sitio, esto es lo que me gusta, esto es lo que yo quiero, No me interesa el sueldo, no me interesa las relaciones personales o de trabajo. Y aquí estoy.

Tengo como tres libros en camino.  Tengo un libro ya en México que debe estar al salir. La editorial americana que me publica y para la cual trabajo como editor, ellos quieren este año sacar dos libros míos.

Tengo Beautiful People, la versión cubana, y la versión americana, que está más ampliada, incluí cuentos que aquí no se podían incluir. También tengo Crepúsculo, torsos y polen que es poesía de tema como erótico. El año pasado publiqué Historias de Cama, que es la que quiero publicar en Estados Unidos. Que también ya tengo como seis cuentos para incluir, para que sea más amplio.

Tengo también una antología de cuentos breves de Letras Cubanas, estoy en una antología chilena. Tengo textos en España. Textos por Argentina.

Mi temática tiene que estar siempre relacionada con el sexo porque es muy rica y siempre hay tela por donde cortar.

Me gustaría el Nobel, me encantaría el Nobel de Literatura, me encantaría.  Aunque pienso que los premios te dan currículo, pero no te crean escritor, hay escritores muy buenos que nunca tuvieron un premio, y hay escritores pésimos que tienen todos los premios.

Pero bueno, sí, a mí el Nobel.»

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