Amor en los cuidados intensivos del pediátrico manzanillero

La sala de cuidados intensivos del pediátrico manzanillero es un sitio lleno de humanismo, entrega y amor //Foto Eliexer Pelaez Pacheco
La sala de cuidados intensivos del pediátrico manzanillero es un sitio lleno de humanismo, entrega y amor //Foto Eliexer Pelaez Pacheco

Manzanillo. Octubre 8.- La sala de terapia intensiva del Hospital provincial Pediátrico Hermanos Cordové de Manzanillo es un sitio donde se demuestra la entrega, el sacrifico y el amor de sus especialistas hacia los pequeños pacientes que en ella ingresan.
Este lugar cargado de humanismo es un sitio donde cada minuto cuenta a favor de la vida de los pequeños duendes traviesos afectados por alguna dolencia.

Aquí, las 41 enfermeras y los 10 médicos logran convertirse además de parte ensencial de un equipo de salud, en personas que a veces se consideran como un miembro más de las familias de los niños. Muchas historias cargadas de amor y humanismo así lo demuestran.

Por la supervivencia
El bebé Rafael Zambrano Sánchez es un lactante de ocho meses de edad, que desde los 32 días de nacido fue trasladado desde el Hospital materno infantil provincial Fe del Valle, de Manzanillo, hasta el pediátrico local.
«Rafael presentó una parálisis braquial derecha con fractura de clavícula del mismo lado, y una parálisis diafragmática por lesión del nervio frénico del mismo lado. Esto le ocasiona una insuficiencia respiratoria crónica complicada además por una bronconeumonía bacteriana que logramos controlar totalmente con los antibióticos», explica el doctor Bárbaro Vázquez López, jefe de la sala de cuidados intensivos del pediátrico manzanillero.

Dr. Bárbaro Vázquez López //Foto Eliexer Pelaez Pacheco

«Debido a la insuficiencia respiratoria crónica que provoca esta enfermedad, es un niño que ha requerido ventilación mecánica artificial durante toda su vida desde su nacimiento. Por el tiempo prolongado de la ventilación fue necesario realizarle una traqueostomía, y además tuvimos que hacerle gastrostomía porque no podía alimentarse», agregó el también especialista en segundo grado en pediatría.

Los especialistas de esta sala luchan cada día por la supervivencia de este bebé. Acoplado a los equipos mecánicos que le mantienen con vitalidad, sus atenciones son constantes por la vigilancia que tiene de las enfermeras y médicos que se enfrentan además al bloqueo económico que sufre la isla por parte del gobierno norteamericano, que imposibilita tener los recursos necesarios para atender su dolencia. A pesar de todo Rafael es salvado en este lugar sin que su familia tenga que pagar por este servicio.

Rafael es salvado por los especialistas de esta sala //Foto Eliexer Pelaez Pacheco
La dedicación del equipo de salud de esta sala es esencial para la vida de estos pequeños pacientes //Foto Eliexer Pelaez Pacheco

Humanismo
El humanismo es uno de los valores que en esta sala más prevalece. «Esta es una cualidad generalizada de todo el personal médico de Cuba. Generalmente nuestro trabajo lo hacemos con el corazón, y para el bien de estos pequeños, nos entregamos en salvarles la vida y mantener incluso vivos a niños con afecciones crónicas como este, dolencias que se prolongan en el tiempo a los cuáles logramos conservarlos en las mejores condiciones posibles para sus vidas», refirió el igual especialista en segundo grado en medicina intensiva de emergencia.
Lograr salvar estas vidas es un éxito tan especial para nuestra medicina, pues se tienen que vencer muchos obstáculos en una nación que no cuenta con tantos recursos económicos, pero premios como ver crecer a los niños es el esencial acicate para seguir la batalla.
«Servicios como este representa realmente un costo bastante alto para nuestro país, por el simple hecho de que un niño haga una estadía prolongada en una sala de cuidados intensivos es bastante complicado, y si sumamos las veces que se infecte, los tratamientos múltiples, la ventilación prolongada, pero a pesar de todo mantenemos la disposición de salvarlos y de manera gratuita.
Salvar las vidas es nuestro objetivo fundamental a cualquier infante con estas condiciones o con cualquier situación que conlleve a estar graves o críticos», agregó el doctor Bárbaro.

El humanismo y el amor prevalecen en este servicio del pediátrico manzanillero //Foto Eliexer Pelaez Pacheco

Satisfacción
Para el jefe de la sala observar a un niño salir de esta sala salvado «es una satisfacción muy grande, el ver que los pequeños que tratamos puedan salir con vida y con la mejor calidad de vida posible de nuestro servicio representa un alto sentimiento».
Mientras que para la licenciada Ángela Castillo Martí, jefa de las enfermeras de esta sala es también un orgullo. «Como enfermeras pediatras que somos sentimos una satisfacción atender a estos tipos de pacientes ya que le dedicamos todo el amor del mundo.

Lic. Ángela Castillo Martí //Foto Eliexer Pelaez Pacheco


Estar al frente de este equipo es un privilegio además porque el personal es sacrificado en su labor, vigilante por excelencia de todas las alteraciones que estos niños puedan realizar, o un evento, para rápido tomar acciones de salvar la vidas de estos inocentes».
Otra de sus colegas, la licenciada Marta Vázquez Barbán comenta que cuando uno de estos pequeños entra en cualquier evento que pone en riegos sus vidas, «es un impacto fuerte al que nos sobreponemos accionando rápido con todo y sobre todo con la agilidad que hemos adquirido.

Lic. Marta Vázquez Barbán //Foto Eliexer Pelaez Pacheco

En lo personal siempre me ha gustado trabajar en terapia. Me da mucha satisfacción ver cuando un niño se salva y siento una pena muy grande cuando no logramos salvar a algunos. Si me dieran a elegir entre otras especialidades siempre escogeré ser enfermera de la sala de terapia, y sería pediatra toda la vida porque es lo que me gusta y me da satisfacción».
Por su parte la también licenciada Sandra Álvarez Gutiérrez dijo que para ella «es un orgullo mayor trabajar con niños que presentan situaciones graves. Esto me enorgullece porque pongo mi granito de arena al salvar esa vida.

Lic. Sandra Álvarez Gutiérrez //Foto Eliexer Pelaez Pacheco

Es muy lindo que camines por las calles y veas a ese niño, o niña que estuvo en una situación crítica y lo observes gozando de una salud plena. En este tipo de sala prima el amor principalmente, el esfuerzo y sobre todo la dedicación para ver estos resultados».

Todo este equipo sobrepasa los 30 años de experiencias en esta humilde y hermosa labor. Gracias a ellos infantes como Rafaelito, que es natural del lejano poblado de Ceiba Hueca, en el municipio Campechuela, puedan tener una esperanza de vida envidiable para cualquier país del mundo. El agradecimiento es especial para todos.


Un comentario en “Amor en los cuidados intensivos del pediátrico manzanillero

  1. Felicidades para ese colectivo de enfermería del cual yo también fui parte por 21 años , realmente son un colectivo que trabaja con mucha conciencia y dedicación ,las extraño muchísimo y nunca olvidaré a todas mis compañeras.

Los comentarios están cerrados.