Aylín Ferrales, vocación por la vida en tierra del quetzal

La disponibilidad de los medios ha sido clave para la protección ante la Covid-19// Foto Cortesía de la entrevistada
La disponibilidad de los medios ha sido clave para la protección ante la Covid-19// Foto Cortesía de la entrevistada

Porque en sus brazos el llanto se trastoca en felicidad y vida, la doctora manzanillera Aylín Ferrales Fonseca experimenta el regocijo de ser una de las profesionales de la medicina cubana que cumple su tarea salvadora con devoción.

Desde la tierra del quetzal cuenta el reto de ser un heraldo de la esperanza que, procedente del colectivo del hospital ginecobstétrico Fe del Valle Ramos de esta urbe, esparce luz en los parajes de aquella geografía.

«Soy especialista de primer grado en ginecobstetricia y profesora asistente; tengo 21 años de ser médico general y 15 de ejercer la especialidad que me apasiona».

Foto Cortesía de la entrevistada

«Estoy en Guatemala, en el departamento de Peten municipio Poptún, desde el 29 de diciembre de 2017, en la que es mi tercera misión, antecedida por dos años en Honduras y tres meses como itinerante en Venezuela».

«En este tiempo he crecido mucho, he ganado experiencia como Ginecobstetra, ya que aquí he visto serias complicaciones que no son muy frecuentes en nuestro país gracias al diseño de nuestro sistema de salud».

«Debido a la lejanía de muchos lugares y la ausencia de servicios de salud, las pacientes tienen sus partos con comadronas, a quienes a pesar de ser personas con habilidades no le es posible resolver muchas urgencias».

«Por lo que son muy frecuentes las hemorragias obstétricas debido a retención placentaria, las roturas y atonias uterinas, y que además usan infusiones para acelerar la actividad del útero; y lamentablemente en muchos de estos partos se pierde el producto de la concepción, sea por prematurez o por asfixias».

Se vence la barrera lingüística para atender a las pacientes// Foto Cortesía de la entrevistada

«Es muy triste, ver que se nos mueran tanto la madre como el bebé, para nosotros que no estamos acostumbrados a tales pérdidas. Las pacientes llegan en muy mal estado debido a su idiosincrasia, creencias religiosas; prefieren tener su parto con la comadrona e incluso su control prenatal lo llevan con ellas, teniendo, aunque lejos, los centros de salud donde al menos cuentan con una enfermera».

«También existe la barrera lingüística por lo que algunas no quieren venir a los servicios médicos, pues la mayoría de las mujeres sobretodo las de la etnia maya no hablan español y tienen que esperar por los esposos para que puedan traducir».

«A pesar de ello cumplimos con nuestro trabajo, en mi caso en un hospital distrital donde se atienden alrededor de 10 a 12 partos diarios y se hacen muchas cesáreas».

«Esta brigada está integrada por 23 cooperantes entre médicos y enfermeras; en el hospital trabajamos medicina interna, pediatría, anestesia, con dos técnicos y una epidemióloga. Mientras el resto están en las comunidades, en lo más intricado de esta región durante toda la semana».

Realizan entre 10 y 12 partos diarios y muchas cesáreas// Foto Cortesía de la entrevistada
Salvar tanto a madre como a bebé es una victoria para el equipo médico// Foto Cortesía de la entrevistada

«Es dificil estar lejos del hogar y la familia, pero gracias a los avances en las comunicaciones podemos hacer esta estancia más amena, y prácticamente puedo hablar todos los días con ellos, que me dan aliento para hacer mi labor lo mejor posible».

«Pero si es difícil, más ahora con esta pandemia; en este departamento hay bastantes casos, en nuestro hospital se diagnostican, pero los más graves se remiten a los centros temporales ya que no se cuenta con salas de cuidados intensivos, ni ventiladores mecánicos. De hecho, este municipio es zona roja».

«Además, los hospitales a donde deben ir estos enfermos de gravedad están colapsados y se hace un tanto compleja la referencia de estos. Y la población, si bien una mayoría se protege, todavía hay quienes piensan que la Covid es un invento… un catarrito».

«No obstante, a la Covid-19 la hemos superado siendo muy disciplinados, cumpliendo a cabalidad las normas de higiene, protegiéndonos hasta dentro de nuestras casas. En estos momentos estamos trabajando por turnos para exponernos menos».

«De cada una de estas vivencias siempre se aprenden cosas nuevas, que nos sirven para la vida profesional; y al analizar estas realidades pienso que las conquistas de nuestra Revolución debemos defenderlas como sea».

«Esto es inolvidable, en el ámbito asistencial claro, pero también el ver tanta desigualdad, muchos con todo y otros sin nada. Por nuestros servicios no se les cobra, pero al salir tienen que comprar sus medicamentos a altos costos, personas que no tienen ni qué comer, porque en los centros de salud solo hay las medicinas más necesarias».

Los colaboradores cubanos recuerdan fechas históricas y desarrollan jornadas científicas para intercambiar experiencias // Foto Cortesía de la entrevistada

«Ante tal entorno me convenzo que ser médico cubana es un gran orgullo, tanto orgullo siento que hasta se me ponen de punta los pelos. Nosotros estamos formados de forma diferente, pienso que somos más humanos».

«Tenemos muchas personas que nos agradecen estemos hoy aquí. Vemos al paciente como nuestra familia, queremos resolverlo todo en ese instante, ya que sabemos de la lejanía de donde vienen, y todo el trabajo que pasan para llegar al hospital o centros de salud».

«Agradezco a Fidel, a la Revolución Cubana por darme la posibilidad, primero, de hacerme médico, y de poder venir a estos países a ayudar a los más necesitados… Me siento orgullosa de ser Cubana».

«Mis padres me formaron con esos principios de humanismo, sencillez, de compromiso con mi patria. Y para mis hijos soy su Guerrillera, y de hecho, siempre les inculco estos valores, para que sean continuidad».

Foto Cortesía de la entrevistada

«Pienso culminar esta colaboración en diciembre y regresar a casa, si la Covid lo permite, pero terminar con la medicina jamás. Esa es mi vida, si volviera a nacer, volvería a ser médico y exactamente ginecobstetra».

«Porque escuchar el llanto de una nueva vida evoca la alegría, la pasión por mi especialidad, la entega a esta vocación de salvar».

Foto Cortesía de la entrevistada

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