Bienal cubana suma obra monumental a La Habana

Primavera, obra del escultor Rafael Miranda en XIII Bienal de La Habana 2019 Foto: Juan Muñoa Cordero
Primavera, obra del escultor Rafael Miranda en XIII Bienal de La Habana 2019 Foto: Juan Muñoa Cordero
La Habana, 16 abr (Prensa Latina) El escultor cubano Rafael Miranda expone hoy una obra peculiar en la XIII Bienal de La Habana 2019, pues los espectadores pueden observar esta capital desde distintos ángulos, gracias a ciertas aberturas en la pieza.
‘Mi objetivo es lograr que, con este ojo de casi ocho metros de ancho y cinco de altura, cada transeúnte disfrutede la obra desde su inicio y observe a diario un fragmento nuevo de ella’, apuntó en declaraciones a Prensa Latina.

A su juicio, de esta manera rompe con un esquema de la Bienal, donde el público espera desde el primer día la obra finalizada, en cambio invita a que cada persona forme parte de su construcción.

El autor de Primavera, escultura todavía enclavada en la capitalina intersección de Galiano y Malecón como regalo de la XII Bienal, explicó que la actual pieza está compuesta por adoquines para el exterior y cristal de Murano, originario de Italia, para la composición del iris del ojo.

‘Ambas esculturas poseen diferencias bien marcadas, en tanto lo conceptual como en el diseño y los materiales de su realización, pues considero que su punto común es que son un regalo a La Habana’, subrayó.

Miranda se atrevió a trabajar por primera vez con adonquines, piedra que posee una cara pulida y otra árida, pero dicho material representa parte de la historia de las calles habaneras, por donde caminaron millones de cubanos ilustres, como el propio Héroe Nacional, José Martí.

Según refirió el escultor, estos empedrados llegaron a la capital cubana mediante barcos que venían cargados de ese material y regresaban al Viejo Mundo con riquezas como oro, plata y hasta vajillas de cerámica.

‘Luego de analizar la historia del adoquín, se me ocurre realizar un ojo, algo más perenne, por toda la simbología inadvertida que posee, desde el golpe del cincel que ocurrió en esa piedra hace años hasta el refrán cubano: siempre hay un ojo que te ve’, manifestó.

También, tiene un significado dentro del contexto religioso y cultural de la masonería, sociedad a la cual pertenecieron ilustres cubanos del siglo XIX y XX.

Los adoquines aparecen colocados de manera volada y sujetos por unos pasadores de acero inoxidable.

El artista ha querido bautizar la obra con un título en específico y piensa hacerlo cuando la concluya, en dependencia de la propia interrelación de la pieza con el público, lo cual le dará el sello final que merezca.

Durante la Bienal, Miranda la construye en los jardines del Castillo de la Fuerza, en el municipio de La Habana Vieja, de frente al puerto e intentará tenerla concluida en un mes, aproximadamente.

La representación visual será donada a la ciudad para colaborar en la celebración de su 500 aniversario, y el artista aspira a que se convierta en parte del acervo cultural de La Habana.

Con la participación de más de 300 creadores de los cinco continentes, la fiesta de las artes visuales por excelencia en Cuba se extiende por calles de la capital, e incluso algunas provincias del país, hasta el 12 de mayo.

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