El futuro naciente en manos de la (con)ciencia

Se continúa la atención en el Hogar materno tomando las medidas contra la pandemia // Foto Archivo (Eliexer Pacheco)
Se continúa la atención en el Hogar materno tomando las medidas contra la pandemia // Foto Archivo (Eliexer Pacheco)

Si proteger a las embarazadas siempre ha sido un reto cumplido con más éxitos que desaciertos para el Sistema de Salud Pública cubano, hoy ante las circunstancias y riesgos que impone la pandemia del nuevo coronavirus podemos sentirnos confiados porque se supera a diario el incalculable desafío.

Junto al placer de sostener en brazos ese mágico regalo de la vida, de seguro, agradecen las féminas el esfuerzo imperante en los diferentes servicios asistenciales para proteger a las embarazadas del mortal virus, aunque evitar el contagio depende en mayor medida de la actitud responsable y consciente de las futuras madres y sus familias.

Desde el inicio de la pandemia la Mayor de las Antillas adoptó protocolos preventivos de actuación, fundamentalmente en las instituciones donde estas son atendidas de forma directa, como en los 132 Hogares Maternos de la geografía nacional, y se inscribieron entre los grupos vulnerables y prioritarios de estudio por las complicaciones que pudiera generar, debido a los cambios fisiológicos e inmunológicos de la mujer en estado de gestación.

El Programa de Atención Materno-Infantil (PAMI) ha garantizado a todas su seguimiento prenatal en este periodo, con el enfoque de susceptibilidad que a ellas y sus bebés compete, y extremando los cuidados por el personal médico.

A razón de la valía que tienen tanto las madres como los neonatos para la sociedad cubana, es el Hogar Materno Rosa Elena Simeón de Manzanillo un ejemplo preciso de cuánto se hace para proteger la salud y vida de ambos seres; escenario donde 26 profesionales velan por la integridad física y bienestar de 19 pacientes, en constante tránsito por los términos del embarazo.

Para su protección ante el virus disímiles han sido las restricciones sanitarias, que competen tanto al personal asistencial, de servicio, como a sus familiares que tienen limitación del acceso, el uso obligatorio del nasobuco y la desinfección de manos y superficies.

Desde el comienzo de la pandemia ninguna gestante manzanillera ha padecido la COVID-19, a diferencia de otras 104 cubanas que hasta los primeros días de enero se han diagnosticado en la Mayor de las Antillas, y de las cuales sólo una precisó de cuidados intensivos, detalló en conferencia de prensa el doctor Francisco Durán, director nacional de Epidemiología.

Ninguna ha fallecido, por la consagración y actuar inmediato del personal sanitario y el diseño nacional de enfrentamiento; a diferencia de las 458 que perdieron su vida, sólo hasta septiembre de 2020, en 14 países de América, de las más de 60 mil confirmadas, según estadísticas de la Organización Panamericana de la Salud.

Si bien la ciencia, en estudios desarrollados, ha hecho determinaciones de que las gestantes con SarS-CoV-2 podrían pasar la infección de forma asintomática y leve; y que la transmisión madre-hijo no se produce a través del cordón umbilical ni de la lactancia materna, sino por contacto directo a través de las microgotas al toser, estornudar, hablar; el acierto en la protección de sus vidas pende de la conjugación de ciencia y conciencia.
La primera de manos de profesionales que garantizan su recuperación y logros como la tasa de mortalidad materna de 40 por cada 100 mil nacidos vivos durante 2020 en Cuba.

La segunda, de mayor trascendencia, referida al actuar propio y colectivo, al estado de autocomprensión de que la salud de cada pequeño en el vientre y la de su progenitora precisan de levantar muros preventivos para llevar a feliz término la maternidad y experimentar del amor incomparable de tenerle en el regazo, amamantarle, y saberle saludable y fuerte de cara al mundo.

Cuba ha hecho su parte, y lo seguirá haciendo, porque es la defensa de la vida lo más importante para nuestra sociedad socialista; pero, más en estos tiempos de coronavirus, contribuir desde la posición nuestra, la tuya, al cuidado de esas barrigonas y sus hijos, que también pueden ser los tuyos, es cuestión vital de presente y futuro.