El fin de la escala laboral 6×1 gana protagonismo hoy en Brasil tras entrar en discusión en el Senado, en medio de una campaña presidencial donde la propuesta se perfila como un tema de confrontación hacia la segunda vuelta.
A la controversia se sumaron organizaciones empresariales como las confederaciones Nacional de la Industria, Nacional del Transporte, Nacional del Comercio de Bienes, Servicios y Turismo, y Nacional de Agricultura, las cuales divulgaron este martes un manifiesto contra la votación de la PEC durante el actual proceso electoral.
Las entidades alegan que la reducción de la jornada puede elevar costos de producción, presionar los precios y afectar las contrataciones formales.
Sin embargo, el fin de la escala 6×1 tiene el respaldo de amplios sectores de la sociedad brasileña que consideran agotador ese esquema y reclaman mayor equilibrio entre trabajo y vida personal.
Sus partidarios sostienen que dos días de descanso permitirían mejorar la calidad de vida, fortalecer la convivencia familiar, facilitar el estudio y reducir los efectos del desgaste físico y mental asociado a largas jornadas laborales.
Una encuesta Datafolha divulgada en marzo mostró que 71 por ciento de los brasileños apoyaba el fin de la escala 6×1, mientras 76 por ciento consideraba que la medida tendría efectos positivos o muy positivos sobre la calidad de vida de los trabajadores.
Otro estudio, divulgado por la Agencia Brasil en septiembre, indicó que 67 por ciento de los consultados considera que trabajar seis días consecutivos perjudica la salud mental y 62 por ciento cree que afecta la salud física.
Así, a medida que avanza el calendario hacia la segunda vuelta presidencial del 25 de octubre, la discusión sobre la jornada laboral se establece como uno de los terrenos en los que Lula y Flávio Bolsonaro buscan diferenciar sus proyectos.
De ese modo, el electorado que deberá decidir no solo quién gobernará Brasil, sino también qué modelo de relaciones laborales prevalecerá en los próximos años.