La dinámica hacia la cita decisiva del 25 de octubre exige a la izquierda brasileña una reestructuración acelerada de sus alianzas tácticas y su ideario discursivo, en un lapso de apenas tres semanas.
La utilización inédita para él de las redes sociales y el esfuerzo para que la alta abstención sea revertida a su favor destacan los esfuerzos del mandatario progresista de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, para evitar que el reaccionario candidato opositor Flavio Bolsonaro gane finalmente la segunda vuelta presidencial el 25 de este mes.
Las encuestas siguen favoreciendo al hijo de Jair Bolsonaro, quien permanece en prisión por un fallido intento golpista, en tanto los otros derrotados candidatos de la primera vuelta favorecen a Flavio.
Desde que Bolsonaro se anotó una importante victoria al quedar por delante de Lula en la primera vuelta, fue sumando adhesiones a su proyecto de “derrotar al Partido de los Trabajadores”. Este apoyo no supone ninguna sorpresa porque el senador concurrió a las elecciones como el principal candidato de una derecha dividida. Ninguna otra sigla quiso aliarse con él de partida, pero siempre estuvo relativamente claro que sumarían fuerza con los Bolsonaro ante la batalla electoral definitiva.
Ahora nombres tradicionales de la centroderecha y la derecha clásica han formalizado ese apoyo al candidato del Partido Liberal, el de los Bolsonaro. Entre esos apoyos, Republicanos, una formación creada por la Iglesia Universal, Podemos, União Brasil, Progressistas y Novo.
En una demostración de poderío, nueve gobernadores electos en primera vuelta acudieron a arropar a Bolsonaro hijo este jueves en Brasilia. El PL amplió el domingo su poder territorial y legislativo. Aumentó su mayoría en la Cámara de Diputados hasta los 121 de los 513 escaños y roza los escaños necesarios en el Senado para declarar desde allí la guerra al Supremo. Cuatro Bolsonaros han conquistado un escaño.
Aunque las iglesias protestantes guardan mayores afinidades ideológicas con el bolsonarismo, sus liderazgos mantienen diferencias éticas con el PL. Pero, a la larga, lo apoyará.
Quien sale victorioso y envalentonado es el presidente de EE.UU., Donald Trump, que ha sido figura central de la campaña electoral en Brasil y estará dispuesto a participar y a ser nuevamente el protagonista en estas tres semanas.
Su participación es inminente, incluso si Lula determina cambiar su relato pugnaz en torno al presidente y la potencia del Norte de América. Los derechistas presidentes de Colombia, Abelardo De la Espriella; Argentina, Javier Milei; Chile, José Antonio Kast; y Ecuador, Daniel Noboa, entre otros, también querrán poner su «granito de arena».
LULA MUY ACTIVO
Lula decretó este viernes, en su calidad de presidente, una nueva exención de impuestos a la gasolina. Y, en su calidad de líder del PT, anima a los suyos a ir vecino a vecino, internauta a internauta.
Este viernes se echó de nuevo a la calle en una favela de Brasilia. En Ceilandia, feudo bolsonarista, y la barriada donde creció la nueva senadora Michelle Bolsonaro, Lula proclamó: “Este país no volverá a ser gobernado por el fascismo, no será gobernado por los asesinos de la covid, por los socios del Banco Master y de Vorcaro [el fraude millonario en el que Flavio Bolsonaro es investigado]. Estaremos juntos; habrá mucho debate en la televisión y en internet”. El presidente tiene en el punto de mira a los 33 millones que se abstuvieron, especialmente los mayores de 70 años.
Lula es el único candidato de la izquierda, cabeza de lista de la alianza de la Esperanza. Liderada por el Partido de los Trabajadores, está formada por otras cuatro siglas de izquierdas más el partido PSB del vicepresidente y candidato a la reelección, Geraldo Alckmin, un antiguo rival. Lula reclutó a Alckmin en el 2022 para derrotar a Bolsonaro y este sigue fiel a su lado. Es su gran gancho electoral ante los empresarios y los conservadores preocupados por la integridad.
Pese a que la brecha porcentual en la primera vuelta parece ajustada, con un 47,03% de los votos válidos para la extrema derecha representada por Flavio Bolsonaro (Partido Liberal) frente al 45,16 % obtenido por Lula (Partido del Trabajo), el margen de maniobra político y electoral ubica a la candidatura oficialista en un escenario altamente complejo.
La dinámica hacia la cita decisiva del 25 de octubre exige a la izquierda brasileña una reestructuración acelerada de sus alianzas tácticas y su ideario discursivo, en un lapso de apenas tres semanas. Ante un resultado inesperado, los estrategas tendrán que hacer magia.
La propia reacción del mandatario, quien al reconocer el resultado planteó de inmediato la necesidad de «otra campaña», demuestra que la izquierda ha recibido el impacto del resultado, pero que está dispuesta a realizar las correcciones necesarias. Las próximas tres semanas serán una batalla política de máxima exigencia, donde el resultado final pondrá a prueba su capacidad para reinventarse y reponerse ante la adversidad. De lo contrario, la derecha radical habrá tomado casi por completo al subcontinente.
BOLSONARO NUNCA MÁS
Miles de personas se manifestaron en Río de Janeiro contra Flavio Bolsonaro y un posible regreso de la ultraderecha al poder en Brasil, al inicio de la campaña para la segunda vuelta del 25 de octubre. Bajo la consigna «Bolsonaro nunca más», los participantes expresaron su temor a los recortes presupuestarios y a la propuesta del senador de amnistiar a su padre, condenado por intentar un golpe de Estado.
«Estoy aquí porque creo en la democracia, porque tengo miedo», dijo a la AFP Alice Carneiro, de 25 años, una administradora que lloraba por sus temores a que una victoria del hijo del exmandatario Jair Bolsonaro perjudique a su esposa, que es transexual.
Los manifestantes criticaron el gobierno de Jair Bolsonaro, en el poder entre el 2019 y 2022 y recordado por su gestión de la pandemia de covid, que minimizó como una «gripecita» y dejó más de 700 000 muertos en Brasil. «Recuerdo que la vida de mi familia estuvo en riesgo durante la pandemia… Recuerdo la negación de las vacunas», dijo Carneiro.
En medio de la incertidumbre, los manifestantes recordaron los recortes realizados por Jair Bolsonaro a las universidades federales, las becas de investigación y el programa gubernamental Farmacia Popular, que ofrece medicamentos gratuitos o con descuento.
«Me parece muy, muy triste este auge de la extrema derecha y el auge del bolsonarismo en Brasil», dijo Emmanuel Araujo, de 19 años, que se prepara para el examen de ingreso a la universidad.
Iara Pinheiro, que votó por primera vez con 16 años, también siente pánico: «Soy una mujer negra y creo que perderemos nuestros derechos si las cosas siguen como están”.
FLAVIO DELINCUENCIAL
AFP recuerda como la fiscalía brasileña denunció al senador Flavio Bolsonaro, hijo mayor del presidente Jair Bolsonaro, sospechoso de participar, con la ayuda de un asesor, en un esquema de desvío de dinero cuando era diputado regional de Rio de Janeiro.
Se trata de la primera denuncia contra un miembro de la familia Bolsonaro. Un tribunal deberá decidir si acoge la imputación y abre un proceso contra los sospechosos.
La Fiscalía de Rio acusó a Flavio Bolsonaro de participar en una organización criminal, lavado de dinero, apropiación indebida y malversación de fondos, delitos cometidos entre el 2007 y 2018.
También fue denunciado como operador del esquema su exasesor Fabrício Queiroz, un exoficial de la Policía Militar de Rio, de 54 años, muy cercano a la familia Bolsonaro, y otras quince personas.
El caso salió a la luz a fines del 2018, después de que el organismo de control de movimientos financieros (COAF) descubriera giros atípicos entre el 2016 y 2017 en una cuenta de Queiroz, por un valor de 1,2 millones de reales (376 000 dólares al cambio promedio del 2017).
En diciembre del 2019, la policía allanó varios inmuebles pertenecientes a Flavio Bolsonaro, a sus exasesores de la Asamblea Legislativa de Rio y a la segunda esposa del presidente Bolsonaro, en el marco de la investigación de ese esquema, llamado ‘rachadinha’, en el cual los empleados devuelven al legislador una parte del salario que reciben.
Según informaciones previas de la Fiscalía, el senador habría movido un total de 2,7 millones de reales (474 000 dólares al cambio de hoy) a través de ese esquema.
En agosto, la revista Crusoé publicó que Queiroz habría depositado en la cuenta de Michelle Bolsonaro, la actual esposa del entonces mandatario, 21 cheques por 72 000 reales entre el 2011 y 2016 (12 600 dólares al cambio de hoy).
Días después, al ser preguntado por un periodista sobre la participación de la primera dama en ese esquema de pagos ilícitos, el mandatario le respondió: ‘¡Qué ganas de reventarte la boca a golpes!’.
En junio, Queiroz, que estaba ilocalizable desde hacía meses, fue detenido en la residencia de un abogado que actúa como defensor de Flavio Bolsonaro. El exasesor, a quien vinculan a las temidas milicias parapoliciales de Rio, está actualmente en prisión domiciliaria, tras recibir un habeas corpus del Supremo Tribunal Federal.