Manzanillo y la huelga de zapateros que desafió a Machado

Foto tomada de Internet
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Manzanillo. Octubre 14. – En  1929, la crisis económica imperante en Cuba aumentaba el desempleo y reducía drásticamente los salarios.

En Manzanillo, los zapateros trabajaban en pequeños talleres conocidos como chinchales, sometidos a largas jornadas laborales y pagos mínimos.

En ese contexto, el joven Blas Roca, de apenas 21 años, fue elegido secretario general del sindicato de zapateros y transformó las distintas sociedades gremiales en una organización combativa.

Fue así que los zapateros se lanzaron a la huelga que estalló el 26 de agosto de 1929, con la mejora salarial como principal demanda.

El movimiento se extendió por 49 días y concluyó el 14 de octubre con una victoria para los trabajadores, que lograron arrancar concesiones salariales a la patronal.    
  
Pero su significado fue mucho más allá de lo económico: el triunfo resonó en todo el país y demostró la esencia de un movimiento obrero organizado.

Aún más importante, la huelga fortaleció a la clase trabajadora manzanillera y consolidó a Blas Roca como líder central del movimiento obrero local, lo que le permitió asumir después la secretaría general de la Federación Obrera de Manzanillo y proyectar desde allí luchas laborales de mayor alcance.

La huelga de los zapateros de  1929, no fue sólo una exitosa batalla económica en la historia local de Manzanillo, sino un paso clave en la toma de conciencia política de la clase obrera cubana bajo la dictadura de Machado.

El recorrido de Blas Roca, de joven zapatero a figura principal del movimiento comunista, tiene su punto de partida en esta acción de clase.

Su victoria envió un mensaje claro al régimen: los trabajadores cubanos eran capaces de organizarse y luchar por sus derechos.

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