Por el trabajo social siento mucho amor

Katiuska Pérez González fue una de las manzanilleras fundadora del programa de Trabajadores Sociales en el 2001 en Santiago de Cuba //Foto Eliexer Pelaez Pacheco
Katiuska Pérez González fue una de las manzanilleras fundadora del programa de Trabajadores Sociales en el 2001 en Santiago de Cuba //Foto Eliexer Pelaez Pacheco

Manzanillo. Febrero 15.- El 15 de febrero de 2001 quedará guardado en la memoria de los 513 jóvenes que antes habían estado desvinculados del estudio y del trabajo en Cuba, y que se las daba una nueva oportunidad para su futuro, al recibir el título de la primera graduación del Curso Emergente de Trabajadores Sociales de la escuela habanera de Cojímar.


A ese acto de graduación asistiría el creador de este programa el Comandante en Jefe Fidel Castro quien al mostrar las razones que motivaron este suceso expresó: «la graduación (…) como trabajadores sociales no es algo que concluye, es algo que comienza». Al asegurar esto patentizaba como el acontecimiento formaba parte de los programas que se fraguaron al calor de la batalla de ideas.


De aquel entonces nacerían las escuelas para la formación emergente de esos jóvenes en Villa Clara, Holguín y Santiago de Cuba. De esta última salió formada como trabajadora social la manzanillera Katiuska Pérez González, quien aún recuerda la inauguración del centro Frank País por el propio líder de la Revolución cubana, Fidel, el 24 de octubre de 2001.


En aquel entonces Katiuska tenía 19 años, y hoy a sus 38 se desempeña como especialista principal del Departamento de empleo en la Dirección Municipal de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) del municipio Manzanillo, e interrumpió sus labores unos minutos para compartir con nosotros su testimonio de la formación, el desempeño y las nostalgias que tiene de aquella época.


«Yo me inicié en ese programa luego de haber salido del preuniversitario, fui una de las muchachas captadas por la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) para dirigirnos a Santiago de Cuba a estudiar.


En ese momento no lo tomé con mucha alegría porque no teníamos conocimientos de que era lo que íbamos hacer, pero una vez allí, cuando ya nos explicaron como era el trabajo, el sistema de estudio que teníamos, todo lo que hicimos, ya nos fuimos emocionando por la tarea.


Cuando el Comandante fue a inaugurar la escuela estando nosotros allí eso fue una cosa que no te puedes imaginar, nos emocionó tanto verlo, lo pudimos tocar, fue algo muy bonito.


Ser una de las fundadoras de este programa significó mucho porque fue una experiencia única, cosas que no nos imaginábamos que podíamos hacer, tuvimos momentos que vivimos que fueron únicos. Estando estudiando nos trasladaron a diferentes provincias a cumplir con otros objetivos como era la campaña contra el mosquito en La Habana y en Santiago, la sustitución de los bombillos incandescentes por los ahorradores, el pesaje de niños, una experiencia también bonita porque estuvimos en zonas del campo, trabajamos hasta cualquier horario de la noche o de la madrugada porque salíamos temprano, a parte de que nos divertimos, cumplimos bien con lo que nos asignaron en esos momentos.


Lo que más me marcó de ese tiempo fue la carrera universitaria que alcancé pues cogí una buena opción la licenciatura en Derecho, y a parte de eso, todo lo que hicimos con la población, todos los programas que se crearon en ese instante que pasaron por nuestras manos, trabajamos directamente con el Curso de Superación Integral para Jóvenes, con la tarea Álvaro Reinoso, atendimos desde nuestros puntos todas esas tareas, y fue algo bonito en realidad.


De aquella época extraño la escuela, fue un centro lindo creado exclusivamente para eso, extraño a mis compañeros, conocimos a jóvenes de muchas provincias, y sobre todo aquel actuar con las familias en esos tiempos.


Hoy soy la especialista principal del Departamento de empleo en el MTSS, llevo una tarea bastante complicada ahora mismo con la tarea Ordenamiento, y el haberme formado como trabajadora social me aportó para mi trabajo actual muchos conocimientos y experiencias.


Puedo resumir en una palabra lo que siento por el trabajo social y es, amor», así concluyó esta joven fruto de uno de los más nobles programas de la Revolución cubana.


Testimonios como estos hay muchos desde el cabo de San Antonio hasta la punta de Maisí. Varios de estos jóvenes se mantienen desempeñando como trabajadores sociales en sus comunidades con la transformación que ha sufrido el programa. Otros su rumbo ha tomado la proa de importantes aportes en la vida socioeconómica del país, al desempeñar las carreras universitarias de la cual tuvieron la posibilidad de formarse.

Sin dudas esta fue una gran oportunidad para los bisoños que encontraron nuevos derroteros en sus vidas, y que hoy sienten un sano orgullo se haber sido parte de un programa cargado de tanta sensibilidad humana.