Trovar con Martí

Obra de Kamil Bullaudy.

Tuvo la suerte de que José Martí le llegara por un joven maestro que no se ceñía a fórmulas ni traía a colación al mártir de Dos Ríos solo el 19 de mayo o el 28 de enero. Por él, en la niñez recorrió las páginas de La Edad de Oro y comprendió que lo más importante no era citar a Martí, ni recitar de memoria La niña de Guatemala en el matutino escolar, ni reverenciar el busto emplazado a la entrada del aula, sino tenerlo como parte inseparable de su patrimonio íntimo, alguien muy cercano, contemporáneo y vital.

Ya en la madurez reconoció que, en buena medida, la música había ayudado a sentir a Martí. Escuchar los textos del Maestro hechos canciones amplió sus horizontes. Trova vigorosa que fue infiltrándose en las venas hasta sedimentar una zona del gusto estético personal que quiso compartir con los suyos.

¿Cómo no ponderar el valor de poner música a versos que son música por sí mismos? Por el investigador Emilio Cueto, contumaz rastreador de la impronta martiana en el arte donde quiera que haya aflorado, conoció que hasta 2010 habían quedado registradas más de 700 obras que evocan o cantan a Martí; 175 inspiradas en su legado y 536 musicalizaciones de poemas y otros escritos. Claro está, las estadísticas no guardan relación con el alcance, pertinencia y altura del acto creador.

Tomando en consideración esto último, Sara González emprendió el reto, estimulada por Haydee Santamaría y sus compañeros del Grupo de Experimentación Sonora del Icaic, y consiguió vencerlo en un disco que vio la luz en 1975, primer álbum de la volcánica trovadora.

Nada mejor que comenzar por la definición del arte poética contenido en Mis versos («Estos son mis versos / Son como son / A nadie los pedí prestados…»), lo cual se amolda a la estética musical de Sara sumamente original al abordar Todo es hermoso y constante, Yo sacaré lo que en el pecho tengo, Mi caballero, Como fiera enjaulada, Crin hirsuta y el fragmento del estremecedor texto dedicado a los mártires del 27 de noviembre. Los arreglos de Leo Brouwer, Juan Márquez Lacasa y Sergio Vitier vienen justos a la proyección lírico-musical de cada una de las piezas del disco.

Aquella conexión juglaresca con el Apóstol no fue la única de ese año. Pablo Milanés puso música y grabó doce textos martianos, memorables todos, pero de manera muy especial, por inusual y sorprendentemente eficaz, la traslación sonora de un pasaje en prosa, nada menos que del iluminador y muy vigente ensayo Nuestra América (1891): «Éramos una visión con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño. Éramos una máscara con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisién, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España». Es la música de un Pablo que permanece, el mismo que en Canción a la unidad latinoamericana entonó: Bolívar prendió una estrella / que junto a Martí brilló / Fidel la dignificó / para andar por estas tierras.

¿Cómo no volver una y otra vez a la identificación de Amaury Pérez Vidal con los versos martianos? La puesta en circulación del disco monográfico de 1980 señaló una ruta grávida de novedades, puesto que el trovador, excepto en dos temas debidos a otro autor, buceó en páginas de Martí no muy frecuentadas. Tales los casos de Carmen, Magdalena, una curiosa incursión del Apóstol en lengua francesa, Je veux vous dire, y la epístola en versos dedicada en 1877 a su amigo español radicado en México, el actor y director Enrique Guasp de Perís, quien, por cierto, le solicitó la escritura del juguete dramático Amor con amor se paga. Premonitorias, hasta los días de hoy, estas líneas de la epístola a Guasp de Perís: …han de venir los venturosos días / de espacio claro / y de incansable vuelo.

Con una gran carga vital se siente la obra de una trovadora de una generación anterior, trascendente por su singularidad y pujanza, Teresita Fernández. Apuntó a Ismaelillo, el poemario que el Héroe Nacional, en el duro exilio, consagró a su vástago. Fina García Marruz, con agudo y perspicaz oído y ojo crítico, calificó el logro con estas palabras: «El que busque modernas complejidades armónicas huya de estas canciones donde lo simple constituye hallazgo difícil, la terca inspiración, el encuentro con la tonada eterna».

Decididamente, con la música viajan imágenes, certezas, luces, sombras, caídas y esperanzas, el ser excepcional en su real estatura: la de una criatura que lo dio todo de sí para los demás, para la Patria, para el género humano. Decididamente, Martí canta y aquel, aquellos que se empinó y se empinaron desde muy temprano al calor de su enorme legado, cantan con Martí.

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