El equipo cubano de voleibol masculino sufrió bastante en los últimos años, pero este sábado al fin le llegó su premio, con la clasificación a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
No era optimismo lo que se respiraba precisamente para la obtención de ese sueño, especialmente porque veníamos de caer en solamente tres sets contra Canadá hace unos días en el torneo Norceca.
Sin embargo, dio frutos la estrategia del tan criticado técnico Jesús Cruz, de no poner en cancha en ese momento a nuestras principales figuras, porque aparentemente los canadienses salieron confiados al duelo más importante de este ciclo, y lo pagaron bien caro.
Conscientes de que este era el ahora o nunca para una generación de mucho nivel que es la base de este plantel, los caribeños salieron con todo y se acercaron a su mejor versión.
La afición reunida en la ciudad de Moncton no daba crédito al enorme cambio de un día a otro, pero evidentemente el cuerpo técnico antillano trabajó con toda intención para que sus pupilos dieran el ciento por ciento en el momento indicado, no antes.
Era el mismo rival que los dejó fuera de la cita de Tokio 2020, y tampoco habían logrado colarse entre los concursantes de París 2024, ni por esta vía ni por la de la Liga de Naciones.
Pude ver el partido a partir del tercer set, cuando los locales ganaban 16-13 y pese a un repunte de los nuestros, no se pudo asegurar la victoria.
Sin embargo, no vi desánimo en las filas del elenco tricolor, sino confianza en que terminarían la tarea, y así fue con un cuarto parcial en el que a pesar de que nos empataron a 19 cuando íbamos delante por dos puntos, el ímpetu no bajó como en ocasiones anteriores, y se pudo cerrar la faena.
A sus 42 años, Robertlandy Simón ya tendrá su Olimpiada, y hubiera sido injusto que una trayectoria tan ilustre no contara con el principal evento deportivo del planeta en su palmarés.
Esta vez se controlaron los errores propios y la mayoría fueron en saque, pero siempre he dicho que prefiero el saque agresivo, ese que aunque no se traduzca directamente en un tanto, descoloque al armador contrario, y miren que estábamos contra uno de los mejores.
La recepción, uno de nuestros mayores problemas históricos, logró controlarse gracias al líbero Yonder García y a los dos titanes de esta hazaña: Marlon Yant y Miguel Ángel López, que se echaron el equipo al hombro también ofensivamente con 25 y 22 unidades respectivamente, el 48 por ciento de las cosechadas en total.
Cristian Thondike no estuvo certero del todo en el pase, pero logró distribuir bastante bien, pese a que el ataque por el centro casi recayó totalmente sobre Simón, porque a Alexis Wilson se le vio nervioso y eso debilitó las variantes por esa zona.
En el caso del cubano volador, si bien no pudo sobrepasar el bloqueo contrario en muchas ocasiones, se las arregló con toda su maestría para que las manos norteñas echaran el balón fuera.
Sus lágrimas al concluir el choque eran la mejor muestra de vergüenza para un jugador al que se le ha exigido mucho por su alto desempeño en Ligas foráneas, pero quedando a deber con las cuatro letras en más de una ocasión. Esta vez, y ojalá para siempre, aportó lo que se le pide.
Muy oportunas también las intervenciones del joven Alejandro Miguel González, entre las figuras de mayor futuro en la selección de la Mayor de las Antillas, quien tuvo aquí su verdadero bautizo de fuego, porque estos son los partidos en los que quema la pelota, y siempre la pidió sin achicarse.
El boleto al concierto olímpico no podía conseguirse de otra forma, porque a la hora de la verdad hay que poner lo que no se aprende en un gimnasio.