Donde el amor florece

Escuela primaria rural Elías Zaldívar Álvarez en Bayate // Foto Eliexer Pelaez Pacheco
Escuela primaria rural Elías Zaldívar Álvarez en Bayate // Foto Eliexer Pelaez Pacheco

Manzanillo. Febrero 25.- Lerisbel del Castillo Roble es una manzanillera que sabe del verdadero precio del amor, porque desde el magisterio ve el brillo de su obra cada mañana allá en el intrincado y lejano Bayate, sitio rural de Manzanillo, rico no sólo  en historia, sino también en la humildad y entrega de su gente.

En este lugar del consejo popular Cayo Espino se escribió una de las páginas más gloriosas de la historia patria, aquel 24 de febrero de 1895, fecha en que el patricio manzanillero Mayor General del Ejército Libertador Bartolome Masó Márquez, protagonizara el grito de Bayate, acontecimiento que sirvió para establecer el reinicio de las guerras por la independencia de Cuba y el comienzo de la gesta de los 10 años.

De este suceso hablaba Lerisbel a sus pequeños estudiantes en el momento en que llegué a su aula de la escuela primaria Elías Zaldívar Álvarez. Esta orgullosa maestra tiene alumnos de primer, segundo y tercer grados, ya que por las características de las zonas rurales tiene un plan de clases multígrado.

En esta escuela lleva dos años entregando amor a los pequeños y refiere que para impartir clases en esta modalidad “requiere de una preparación muy buena por parte del docente porque debe llevar los conocimientos a todos según sus edades, grados y desarrollo”.

Lerisbel del Castillo Roble, una maestra amorosa // Foto Eliexer Pelaez Pacheco

“Me siento satisfecha  y contenta de trabajar con ellos, de enseñarles las letras y los números. Cada día que vengo al aula le enseño algo nuevo y mis niños aprenden con muchísimo amor”, dice Lerisbel.

Educar desde esta zona con difícil acceso que tiene una rica trascendencia histórica representa para ella algo importante. Esta maestra ama tanto a sus educandos que cada jornada tiene que vencer las dificultades de la lejanía y las difíciles condiciones del camino, para trasladarse desde su vivienda en el poblado de Vicana, y caminar dos kilómetros para poder llegar a la escuelita.

Allí la reciben con besos, flores silvestres del campo y una sonrisa que encanta sus cinco alumnos  que también tienen que desplazarse desde varias zonas, a veces un poco lejanas del centro.

“En realidad para mí es emocionante, pues mire usted, de verdad yo vengo todos los días con amor y cariño, porque quiero que mis pequeños aprendan y se formen para el bien de la sociedad, para que el día de mañana me digan: maestra hoy me desempeño como agricultor, profesora, médico, enfermera, o de cualquier otro oficio,  gracias a usted”.

Los últimos dos años de labor de Lerisbel, de los cinco que tiene con experiencia laboral, han sido para esta licenciada en maestro primaria los más bellos de su profesión, y se emociona al escuchar las palabras de sus estudiantes.

Con una voz dulce y brillosa, desde la candidez de la inocencia de sus siete años,  Melissa Arévalo López dice que “aquí en la escuela me siento bien, aprendo muchas cosas interesantes, a leer y a estudiar con mi maestra”.

Por su parte Claudia Seguí Arias confiesa desde la esencia de su timidez le gusta su escuela “porque la maestra me enseña los productos, a escribir y leer”.

Jhonatán López Mendoza agrega que “aquí además de estudiar hacemos actividades en el movimiento de pioneros exploradores, desarrollamos juegos en la educación física y me enseñan a ser un niño bueno, estudioso y un buen trabajador en el futuro”.

Antonio Labrada Rivero expresa que “aquí aprendo el alfabeto, a multiplicar y a leer. Me gustan las clases de educación física, y me siento orgullo de estudiar en este lugar, de mi maestra porque me enseña y de la Revolución por darme esta escuela”.

Melissa Arévalo López // Foto Eliexer Pelaez Pacheco
Claudia Seguí Arias // Foto Eliexer Pelaez Pacheco
Jhonatán López Mendoza // Foto Eliexer Pelaez Pacheco
Antonio Labrada Rivero // Foto Eliexer Pelaez Pacheco