Manzanillo. Octubre 23.- En el corazón del Hospital Ginecobstétrico Provincial Fe del Valle Ramos de Manzanillo, existe un espacio donde el tiempo parece detenerse, la Sala de Piel a Piel.
Allí, entre amor y cuidados está Virgen Melania Licea García, enfermera especialista en Neonatología. A las puertas de su jubilación, su piel lleva la memoria de cuatro décadas de entrega, y sus manos, la maestría de quien ayuda a florecer la vida.
«Mi historia con la enfermería comenzó en 1983, cuando el mundo era muy distinto, pero la esencia del cuidado era la misma. Comencé mis pasos en el Hospital Infantil Hermano Cordové en el servicio de Neonatología Abierto. Fueron años de mucho aprendizaje, para poder entender la fragilidad de la vida desde la primera línea. Tras siete años de entrega allí, trasladaron el servicio al Hospital Materno, donde estoy actualmente. Han sido cuatro décadas para conocer que cada bebé es un universo distinto y requiere de una atención única».
Existe un momento mágico para las madres que están en el servicio, aquel instante en que el pequeño alcanza el peso necesario, su salud es sólida y finalmente puede conocer el calor de su hogar. Virgen ha sido la arquitecta de esos momentos, su mano acompaña cada proceso.
«Esa sala es mucho más que un espacio físico, es un binomio sagrado entre madre e hijo. Trabajamos con el método de mamá canguro, donde el contacto constante, el calor de la piel y el latido materno son la medicina más poderosa. Ver los resultados de esta íntima relación es lo que nos da la fuerza.
No hay mayor recompensa profesional que el día en que una madre, regresa para enseñarme a su bebé, mostrándome que el niño está sano, fuerte y listo para la vida. Ese vínculo trasciende lo laboral, es un lazo de gratitud que me acompaña siempre».
Una vida de entrega total dejó marcas en Virgen, pues en este largo camino ha obtenido logros significativos.
«Nunca he interrumpido mi vínculo con la enfermería y lo hice con el desafío de construir mi propia vida, criando a mis tres hijos y cuidando de mi familia. Logré equilibrar la maternidad con la profesión, sin que una restara a la otra.
Además, me llevo el honor de haber cumplido una misión internacionalista en la República Bolivariana de Venezuela, esa experiencia me permitió conocer otros horizontes y entender que el cuidado de la vida es un lenguaje universal. Me voy con la satisfacción de haber cumplido mi misión en ambos planos, el personal y el profesional».
Esa entrega total ha hecho que la Neonatología no sea solo su trabajo, sino su identidad. Por eso, hoy se convierte en la mentora de nuevas generaciones, aquellas que ven en su ejemplo un camino a seguir.
«A los jóvenes que sueñan con esta rama, solo tengo un consejo, prepárense. La ciencia debe ser su base, pero el corazón su motor. Trabajar con recién nacidos no es una tarea difícil, pero exige una disciplina inquebrantable. Hay que hacerlo con amor, con una dedicación absoluta y con una responsabilidad que no admite descansos. Cada segundo cuenta cuando se trata de proteger la vida que apenas comienza».
Virgen Melania es en esencia, la serenidad hecha mujer. Con una paciencia infinita y un amor que no conoce de fatigas, ha sabido llenar de orgullo y de esperanza los pasillos del Hospital Fe del Valle Ramos.