Manzanillo, Septiembre 28.- La trayectoria de la educadora Mireya Campusano Peña en el ejercicio de la profesión que ejerce desde hace más de cuatro décadas, revela una historia de compromiso y amor infinito.
El legado educativo de la maestra natural de esta urbe granmense, germina en las diferentes generaciones que, con el transcurrir del tiempo, han bebido de su sabiduría y de sus más puros valores.
“Desde pequeña tuve inclinación por ser maestra, y a medida que fui creciendo mi amor por la vocación y por los niños se hizo más fuerte”, confesó la pedagoga con evidente orgullo.
Con la responsabilidad y la pasión que entraña el ejercicio de la profesión, a la edad de 18 años comenzó su incursión en el sector como directora de una de las instituciones escolares del municipio costero de Pilón, durante el cumplimiento del servicio social.
“Pese a mi juventud tuve la satisfacción y el privilegio de ubicar a la escuela entre las mejores de la localidad a partir de un excelente trabajo en equipo de todos los trabajadores, en función de la calidad de la enseñanza”, acotó.
En el seminternado Pedro Sotto Alba, donde labora en la actualidad, acumula desde hace más de 30 años sus mayores experiencias en la obra educativa, escenario docente que le ha permitido incursionar como conductora del proceso didáctico en los diferentes grados, y que considera su casa grande.
“En estos momentos imparto clases a los niños y niñas de segundo grado, y siempre llego al aula con el ánimo y la ilusión de llevarles nuevos saberes y consejos que los conduzcan a ser hombres y mujeres de bien”, significó.
Al referirse a los desafíos que implica para los educadores cubanos la actual situación socieconómica señaló: “Estamos viviendo momentos muy difíciles debido a la crisis que vive el país, pero el maestro siempre tiene que dejar los problemas que pueda tener en la casa, y recibir a sus pequeños con una sonrisa y el cariño que merecen, porque nuestra misión fundamental está en forjar futuros seguros”.
Campusano Peña pronto se despedirá de la vida activa en el magisterio una vez que llega a la edad de jubilación; pero con el brillo que se refleja en la mirada de los que aman y fundan aseguró, nunca podrá desprenderse del encanto de ese espacio que hace suyo entre pizarras, libros, cuadernos y el bullicio de esos pupilos que llenan su corazón de amor y esperanza.