Rostros de júbilo y escuela nueva

Yesica y sus amigos con rostros de júbilo y escuela nueva// Foto Marlene Herrera
Yesica y sus amigos con rostros de júbilo y escuela nueva// Foto Marlene Herrera

El canto matinal que llega del gallinero despierta a Yesica Núñez Pérez, y aunque busca las sábanas que la resguardaban del fresco de la madrugada, el recuerdo del espacio renovado que le espera y la fraternal sonrisa de su maestra le hacen salir de un salto de la cama.

Ella es una de los 49 niños y niñas entre cuatro y 11 años de edad que desde el primer lunes de septiembre asiste con orgullo a la escuela primaria La Demajagua, de la comunidad homónima de Manzanillo, porque «quiero seguir aprendiendo para el futuro y mi escuela está muy linda ahora».

A la fiesta del saber acude con la alegría de iniciar su tercer grado y encontrar una nueva escuela, con estructura y colores acentuados, tanto como los de los uniformes de tonalidad blanco y rojo que visten ella y sus compañeros; cambios que responden a un proceso inversionista ascendente a los 30 mil pesos, ejecutado como parte de las acciones constructivas en el asentamiento rural en saludo al 150 aniversario de la clarinada libertaria en el otrora ingenio La Demajagua el 10 de octubre de 1868.

«Es una dicha que el centro escolar haya sido reparado, considero que lo merecía porque este lugar es imprescindible en la historia de Cuba, fue donde comenzó la lucha por la independencia y ningún lugar mejor para preservar esa herencia que las aulas», comenta Gloria Vega Torres, abuela de Yesica.

Gloria Vega Torres comenta que este lugar es imprescindible en la historia de Cuba // Foto Marlene Herrera
Gloria Vega Torres comenta que este lugar es imprescindible en la historia de Cuba // Foto Marlene Herrera
La escuela primaria La Demajagua tiene una matrícula de 49 alumnos y un claustro de 13 maestros // Foto Marlene Herrera
La escuela primaria La Demajagua tiene una matrícula de 49 alumnos y un claustro de 13 maestros // Foto Marlene Herrera

“Tuvo una reparación total que es lo más hermoso que hemos tenido en este lugar, y todos los padres y familiares estamos contentos con las condiciones creadas para que nuestros niños se sientan cómodos en el espacio donde aprenden y les enseñan la importancia de este campo, donde Carlos Manuel de Céspedes llamó por primera vez a la lucha por la libertad”.

Previo al inicio del período académico, la institución recibió una trasformación a partir del reemplazo de la cubierta o techo, la carpintería, las instalaciones eléctricas y red hidrosanitaria, el mobiliario y la cerca perimetral; a la vez que se construyeron nuevos locales que permiten hoy contar con cinco aulas, una biblioteca, un laboratorio de computación y uno de Ciencias naturales, la dirección y el local de la oficinista.

Todo el colectivo integrado por 13 docentes y seis de apoyo a la tarea educativa, junto a los vecinos de la demarcación, sita a unos 13 kilómetros del centro urbano de Manzanillo, protagonizó los tres meses de arduo trabajo para otorgarle nuevas virtudes a esta fragua de espíritus, como definiera a la escuela el Apóstol, José Martí.

“Nuestro compromiso es con los 20 niños y 29 niñas que en doble sesión hacen de estos salones su casa, porque aquí descubren, conocen el mundo que les rodea gracias a la labor de los maestros, y por eso hicimos todo el sacrificio en las vacaciones y dimos esta imagen a la institución”, refiere Ernesto Arévalo Rojas, jefe de ciclo y uno de los mayores impulsores de las faenas constructivas.

De gala fue la bienvenida, la historia conspiró para que a casi 150 años después de que el amanecer sorprendiera al Padre de la Patria convocando a las armas, el mismo sol que alumbró el primer día de libertad e independencia de Cuba iluminó a los bisoños que cursan entre el preescolar y el sexto grado, con evaluaciones en su mayoría de excelente y muy bien.

También, una fiesta con payasos en el área de recreo, y el beneplácito de tener a su disposición todos los recursos y base material de estudio: libros, cuadernos, libretas, lápices, goma de borrar y pegar, plastilinas, crayolas, temperas, y la cobertura docente como punto de partida para el proceso de enseñanza-aprendizaje que protagonizan ellos y los profesores.

La responsabilidad de la enseñanza recae en nuestras manos afirma Yunier Santana Antúnez // Foto Marlene Herrera
La responsabilidad de la enseñanza recae en nuestras manos afirma Yunier Santana Antúnez // Foto Marlene Herrera
Los niños en el primer día del curso 2018-2019// Foto Marlene Herrera
Los niños en el primer día del curso 2018-2019// Foto Marlene Herrera

“La responsabilidad mayor recae en nuestras manos, afirma Yunier Santana Antúnez, director de la escuela La Demajagua- pues somos quienes moldeamos su carácter y forjamos en ellos los conocimientos y valores que precisan para vivir en sociedad; así que nos obliga a prepararnos más y mejor, y en el caso particular de este centro diría que es una exigencia duplicada para quienes están al frente de los grupos multigrados: tercero-cuarto y quinto-sexto”.

En respuesta a esa tarea de infinito amor que les ocupa, la enseñanza, refiere el educador con 12 años en el ejercicio del magisterio: “desde que uno se gradúa la meta es ir superándose, y resulta un privilegio dirigir una escuela, y más esta que es tan importante por encontrarse a pocos metros del parque museo La Demajagua, centro fundacional de la Revolución cubana, y cuyo nombre defendemos con orgullo desde la educación”.

El júbilo en los rostros de Yesica y sus amiguitos premia el esfuerzo y acentúa la validez de las acciones constructivas que se despliegan en Manzanillo, en saludo a los 150 años del tañido de la campana del entonces ingenio de Céspedes en aclamo de la emancipación.

La obra educacional cubana, fuente de la formación integral de sus mujeres y hombres, del desarrollo de conciencias y pensamiento creador, es muestra del alcance de ese estallido redentor que marcó el inicio de la única Revolución que ha existido en la Isla, como precisó el Comandante en Jefe Fidel Castro.

De ello deriva que, cuando el gallo cante en las mañanas sucesivas, Yesica despierte y salga de la cama con premura, y se aliste para “llegar temprano y aprender las cosas nuevas que la maestra dice en las clases”.

Bienvenida con payasos en el área de recreo // Foto Marlene Herrera
Bienvenida con payasos en el área de recreo // Foto Marlene Herrera
Yesica y sus amigos con rostros de júbilo y escuela nueva// Foto Marlene Herrera
Yesica y sus amigos con rostros de júbilo y escuela nueva// Foto Marlene Herrera