Campesinos, semilla viva de la nación

Foto: Rafael González
Foto: Rafael González

Manzanillo. Mayo 17.- En cada surco de este municipio hay una lección de resistencia, cuando el sol castiga con su intensidad y la tierra parece negarse a dar frutos, ahí están ellos, nuestras campesinas y campesinos manzanilleros doblados sobre el suelo para alcanzar su producción.
Su entrega diaria no es solo un medio de vida; es un acto de amor patrio pues producir en el campo cubano nunca ha sido tarea fácil, pero en los tiempos recientes, la proeza se ha vuelto épica, merecedora de un reconocimiento que trasciende la anécdota para convertirse en ejemplo nacional.
Sin embargo, sería injusto hablar de su esfuerzo sin mencionar las limitaciones que enfrenta el país que no nacen de la casualidad ni de errores propios, sino de la persistente y cruel política de bloqueo comercial, económico y financiero impuesta por el gobierno de Estados Unidos.
Ese cerco inhumano, diseñado para asfixiar a toda una nación, golpea con especial saña al sector agropecuario. Mientras el mundo desarrollado accede a tractores, fertilizantes y piezas de repuesto con relativa facilidad, nuestros campesinos deben ingeniárselas con lo que tienen a mano, porque el bloqueo les niega hasta los instrumentos e insumos más básicos para sembrar y cosechar.
Pero ellos no se rinden, con la creatividad popular, esa inteligencia que brota cuando la necesidad aprieta, se ha convertido en su principal herramienta. De sus manos y sus talleres improvisados surgen arados reciclados, sistemas de riego caseros y abonos orgánicos elaborados con residuos de la propia finca.
Han abrazado la agroecología no solo como una opción filosófica, sino como una necesidad estratégica, produciendo biofertilizantes, repelentes naturales y semillas criollas que garantizan cultivos más sanos y resistentes.
Así, lo que debía ser una debilidad se transforma en fortaleza, la tierra que trabajan es más viva, más autosuficiente, más cubana.
Precisamente por esa vocación de servicio, cada 17 de mayo el país se detiene a celebrar el Día del Campesinado. La fecha no es fruto del azar, sino de una decisión histórica del Comandante en Jefe Fidel Castro, quien entendió que sin tierra no hay libertad ni soberanía alimentaria.
Fue él quien, al frente de la Revolución, les entregó a los hombres y mujeres del campo las tierras que el latifundio les había arrebatado, con una consigna clara el de producir para que los habitantes de esta isla comieran. Aquel gesto de justicia se convirtió en el cimiento de una nueva ruralidad, digna y rebelde, que hoy continúa vigente en cada parcela productiva.
Por todo ello, al cierre de esta reflexión, solo cabe elevar la voz para felicitar, de corazón, a todos y cada uno de los campesinos y campesinas de Cuba y en especial a los manzanilleros. Ustedes son la semilla viva de la nación, los herederos del barro y la esperanza.

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