Manzanillo. Junio 11.- Tras superar uno de los momentos más difíciles de su vida, el reconocido profesor e instructor de arte Juan García Ramírez se encuentra plenamente reincorporado a sus labores en la Casa de Cultura municipal. Quien también es miembro de la Comisión Nacional de Evaluación para Músicos Profesionales y del Consejo Técnico Provincial, conversó sobre la vitalidad de sus talleres, los requisitos para aprender el instrumento y cómo la música se convirtió en su principal aliada para sanar tras sufrir un infarto cerebral hace seis meses.
García Ramírez, actual director de la banda municipal de conciertos, mantiene una intensa agenda docente orientada a la enseñanza de la guitarra. Aunque el enfoque principal es la práctica instrumental, el profesor aprovecha cada sesión para conectar a sus alumnos con la historia, la apreciación musical y los diferentes estilos de cada época.
El taller más concurrido ocurre los sábados, una jornada intensa que el propio músico califica como «una locura», pero que le genera una enorme satisfacción al ver el progreso de sus estudiantes en tiempos que considera «más veloces y convulsos». Además de las clases de guitarra, los viernes por la tarde imparte un taller de canto, dirige una pequeña orquesta de guitarras compuesta actualmente por cinco integrantes.
Al ser consultado sobre las condiciones para iniciarse en la guitarra, García Ramírez aclaró que la edad ideal para comenzar es a partir del cuarto grado de la enseñanza primaria. El profesor explicó que, a diferencia del piano, donde las teclas están juntas, la guitarra exige una apertura de dedos que podría causar deformaciones biológicas o fisiológicas si el niño no ha alcanzado el desarrollo óseo adecuado. ¿Y el límite de edad máximo? «Hasta los 150 años, más o menos», bromeó el docente.
Para formar parte de sus talleres, el profesor puntualiza dos condiciones indispensables: tener instrumento propio: «Hace falta porque son habilidades psicomotoras que se crean en la práctica.Condiciones musicales innatas: Poseer afinación y, sobre todo, sentido del ritmo. «El ritmo es una exigencia sentenciosa. Quien no lo tiene, difícilmente pueda estudiar guitarra». Los interesados en matricularse pueden dirigirse directamente a la Casa de Cultura y contactar al profesor o al equipo de dirección de la institución.

El momento más emotivo de la entrevista llegó cuando «Juanito», como le conocen afectuosamente, rememoró el evento cerebrovascular que sufrió hace medio año. “Hubo una noche que pensé que me moría”, confesó, recordando la gravedad del infarto cerebral y la excelente atención que recibió por parte del personal médico y de enfermería de la sala de Ictus del Hospital Clínico Quirúrgico Celia Sánchez Manduley, a quienes extendió un profundo agradecimiento.
La recuperación no fue fácil. Al regresar a casa, el temor a no poder volver a tocar estuvo presente: “No me atrevía a agarrar la guitarra. Yo la miraba, ella me guiñaba el ojo y yo le daba la espalda con mucho temor. Pero cuando la agarré, me percaté de que sí podía”.
La propia fisioterapeuta del hospital le confirmó que su trasfondo como guitarrista clásico y popular significaba tener «resuelta gran parte de la fisioterapia». El ejercicio diario con el instrumento, sumado a largas caminatas desde la calle Moncada hasta el centro del pueblo y ejercicios de escritura terapéutica, permitieron una recuperación que hoy asombra a muchos.
Al preguntarle por su canción preferida, el maestro reconoce la dificultad de elegir una sola debido a su amplio recorrido por la música bailable, clásica, folclórica y romántica, aunque confiesa un cariño especial por «Fiesta», del cantautor Joan Manuel Serrat, un tema que suele cantar a menudo y que parece resumir su actual regreso a la vida y a la música.