Primero de Mayo, compromiso y resistencia

Foto: Samantha Cabrera
Foto: Samantha Cabrera

Manzanillo. Mayo 1.- Cada 1° de mayo, el mundo recuerda a los Mártires de Chicago, aquellos obreros que en 1886 reclamaron la jornada laboral de ocho horas y pagaron con sangre su rebeldía. Aquella represión en Haymarket Square transformó la fecha en símbolo universal de la clase trabajadora. Pero en ningún lugar el día cobró un brillo tan particular como en Cuba después de 1959, cuando la Revolución hizo de la efeméride una celebración.

Desde el triunfo revolucionario, el Primero de Mayo dejó de ser un día de reclamo para convertirse en una demostración de apoyo al nuevo proyecto socialista. La Plaza de la Revolución en La Habana se llenó cada año de obreros, campesinos y estudiantes que marchaban con banderas rojas y carteles revolucionarios. Fue el propio Fidel quien, entre discursos, convirtió el desfile en una tradición.

Hoy en Cuba mantiene vivo el espíritu de sus orígenes revolucionarios. Los trabajadores de la isla —desde el obrero azucarero hasta el técnico de la salud, desde el campesino cooperativista hasta el joven ingeniero— salen a las calles para reafirmar su compromiso con la patria.

A pesar de los obstáculos que el bloqueo ha impuesto, los trabajadores eligen la marcha como un acto de fe en el trabajo diario. Los sindicatos, lejos de rendirse, convierten cada 1° de mayo en un reconocimiento al esfuerzo colectivo.

Hoy, en Manzanillo, desde el amanecer, las calles vuelven a llenarse de paso firme y mirada hacia adelante. En cada bandera que ondea late la promesa de no rendirse, de seguir produciendo y enseñando a pesar de las carencias.

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