Manzanillo. Mayo 19.-«Ser médico es un compromiso de por vida que requiere esfuerzo, investigación y mucho amor», afirma la doctora Durkenia Dávila Marinas cuando se le pregunta por qué escogió el sector de la salud.
Hoy atiende 960 personas en el consultorio 11 del Policlínico Ángel Ortiz Vázquez de esta urbe costera, pero su camino no fue lineal, primero fue enfermera y esta es su historia.
Periodista (P): Doctora, cuénteme, ¿usted siempre quiso ser médico?
Doctora (D): La verdad desde pequeña sentí esa necesidad de ayudar a los demás, pero primero me hice enfermera en el 2005. Trabajé varios años así, hasta que decidí que quería más. Quería diagnosticar, entender mejor las enfermedades, tomar decisiones. Así que me puse a estudiar otra vez y en el 2015 me gradué de Médico General Integral.
P: ¿Y valió la pena el sacrificio?
D: Totalmente, hablo con orgullo de mi profesión porque me ha permitido superarme como persona. No todo el mundo tiene la oportunidad de crecer así, y yo la aproveché. Además hice un diplomado en terapia intensiva, que me abrió otras puertas.
P: Como la misión internacionalista en Venezuela, ¿no?
D: Sí, estuve tres años en el municipio Tobar, en el estado Mérida, para mí fue una experiencia muy gratificante. No solo fuimos a llevar atención médica, sino que también aprendimos de ellos. Intercambiamos saberes con los compañeros venezolanos, eso no se olvida y me da mucha nostalgia.
P: ¿Cuándo regresó a Cuba, qué pasó?
D: Bueno, me reincorporé al sistema de salud en el Poli 2 Ángel Ortiz Vázquez de aquí, y desde entonces atiendo en el consultorio 11, donde tengo una población de 960 personas, distribuidas en 326 núcleos familiares.
P: ¿Y cuáles son los principales problemas que presenta esa población?
D: Fundamentalmente dos, la hipertensión arterial y el envejecimiento poblacional y todo lo que acarrea, la mayoría de mis pacientes son adultos mayores con varias enfermedades crónicas. Eso exige mucha paciencia, explicarles las cosas con calma, repetir si hace falta. Pero es mi trabajo y lo hago con gusto.
P: Para cerrar, doctora, ¿qué significa para usted ser mujer cubana de estos tiempos y ejercer la medicina?
D: Mire, yo creo que la mujer cubana es muy resiliente. Trabajamos jornadas largas, muchas tenemos familia que atender, y aún así le ponemos corazón a nuestra profesión, no nos rendimos fácil. Eso es algo que admiro de mis compañeras y de muchas mujeres que conozco. Aquí la mayoría de los médicos somos mujeres, y eso no es casualidad. Es porque amamos lo que hacemos.
La historia de la doctora Durkenia es la de muchas mujeres cubanas que empezaron desde abajo, que no tuvieron miedo al sacrificio y que hoy son parte del sistema de salud cubano.