Transmisión local en Villa Clara: Los hombres que duermen junto a las máquinas (+ Video)

Es el único centro productivo del país con sus obreros laborando en condición de aislamiento. Foto: Yunier Javier Sifonte/Cubadebate.

Fidel Hernández jamás imaginó tener su cama justo al lado del puesto de trabajo. Rodeado de grandes máquinas y de ese olor a tinta que lo abarca todo, desde el 6 de mayo él es uno de los 69 obreros del Poligráfico Enrique Núñez Rodríguez, de Santa Clara, que permanecen aislados allí para cuidar su salud y a la vez no detener la circulación de los periódicos en el centro de Cuba.

Sede de un evento de transmisión local que hasta el momento tiene 13 casos confirmados —cinco trabajadores y ocho familiares—, en pocas horas la institución modificó sus rutinas para asegurar la permanencia en ella de una de las dos brigadas de trabajo y del resto del personal de apoyo.

El cambio ocurrió tras la decisión de mover a los integrantes de la otra brigada hacia uno de los centros de aislamiento de la ciudad, luego de detectar en el grupo varias personas positivas al nuevo coronavirus. Es el único centro productivo del país con sus obreros laborando en condición de aislamiento.

Hacer de la imprenta una casa

Convertir el lugar en un centro de aislamiento implicó vencer los miedos y las tensiones propias de enfrentarse a la enfermedad. Foto: Yunier Javier Sifonte/Cubadebate.

Todo comenzó hace casi una semana. Uno de los jefes de turno llegó al trabajo con fiebre y enseguida lo remitieron al policlínico. Prueba rápida, PCR, encuesta epidemiológica, antecedieron a la confirmación de un positivo que puso en tensión a toda la planta. El director Jorge Enrique Veitía Fernández vivió la historia minuto a minuto.

“Luego tuvimos dos personas más del mismo turno con diagnóstico positivo. Como todos pertenecían a esa brigada, las autoridades sanitarias decidieron aislar a sus 19 integrantes y a sus familiares. Entonces nos preguntamos qué hacer con el otro equipo, porque aunque entre ambos grupos no existe contacto, sí comparten el mismo espacio de trabajo”, comenta.

Los trabajadores del poligráfico solo tenían dos opciones: cerraban el lugar e iban para un centro de aislamiento o creaban uno en el propio edificio. La respuesta apenas necesitó pocos minutos de debate: “Consultamos con nuestro ministerio y con la dirección de salud y propusimos que, salvo la brigada con los casos confirmados, el resto nos quedaríamos en la institución para cumplir el aislamiento y a la vez no paralizar la impresión”.

En un parpadeo llegaron camas y colchones, módulos de aseo, alimentos. Entonces el bullicio de las personas opacó el sonido de las máquinas y poco a poco todos encontraron un lugar. A su vez, crecieron los puntos de desinfección, los controles sanitarios y la higienización de todo cuanto pudiera significar un riesgo de contagio.

Entre las principales medidas tomadas aquí estuvieron la fumigación con hipoclorito de sodio en todas las aceras y paredes, los pasillos, los pasamanos. Las máquinas recibieron un producto especial también destinado a eliminar algún posible vestigio del virus. En el caso de los periódicos, no son un punto de peligro, pues los obreros solo tocan el papel antes de someterlo a las altas temperaturas que se originan en el proceso de impresión.

Para contribuir al distanciamiento cada persona tiene su cama ubicada en las propias áreas de trabajo. Así se evita el entrecruzamiento de personas y es más fácil controlar la situación en caso de algún nuevo contagio. A su vez, un extenso y ventilado portalón en la zona de carga de los periódicos se convierte en comedor tres veces al día. Los obreros llegan poco a poco para evitar aglomeraciones.

Mientras miles de obreros en el país apelan al teletrabajo para contribuir al aislamiento, aquí cambiaron el proceso y convirtieron el trabajo en el hogar. Desde hace una semana la brigada que permaneció aquí asume de manera ininterrumpida la producción.

Desde que inició el aislamiento el poligráfico vive una rutina marcada por un panorama alucinante: en las noches, oficinistas, choferes y técnicos visten pijamas, mientras los encargados de la impresión comienzan a sacar de las máquinas los periódicos del día siguiente. Cuando amanece se invierten los papeles.

Fidel Hernández es uno de los que va a dormir cuando otros casi despiertan. Técnico en expedición de la prensa, pasa las madrugadas junto a las máquinas que doblan y empaquetan los diarios. En una jornada de trabajo pasan frente a él más de 162 mil ejemplares, aunque cuando imprimen los medios de circulación provincial esa cifra se duplica con facilidad. Desde hace tres días tiene su cama junto a una rotativa.

“Jamás imaginé algo así. Sin embargo, llegó el momento y lo asumimos con responsabilidad para cuidarnos en conjunto. Además, con la otra brigada fuera todo dependía de nuestro esfuerzo, así decidimos cumplir el aislamiento mientras trabajábamos. Quienes no trabajan con la prensa se dedican a mantener la higiene y desinfectarlo todo. Estoy seguro que saldremos bien”, confiesa.

Con 61 años y casi una vida dedicada a estas labores, a Fidel no le falta razón. La buena noticia es que todos los trabajadores aislados dentro del poligráfico tuvieron un primer PCR negativo el jueves 7 de mayo. No obstante, aun deben permanecer varios días más aquí para repetir la prueba y descartar cualquier peligro de contagio.

“Decidimos estar aquí para continuar el trabajo y lo cumpliremos”

Mientras unos descansan, los turnos de impresión comienzan pasadas las doce de la noche. Foto: Yunier Javier Sifonte/Cubadebate.

El poligráfico de Santa Clara es un edificio con pasillos largos, muy bien alumbrados y llenos de puertas que poco a poco dan acceso a las áreas donde ocurre el proceso de impresión. De este lugar salen todos los periódicos que circulan en Villa Clara, Sancti Spíritus, Cienfuegos y Ciego de Ávila, aunque en casos excepcionales también asumen producciones para todo el país. Detener el trabajo nunca estuvo en los planes.

Para Osmany Mantilla Pozo, Técnico de Defensa Civil, convertir el lugar en un centro de aislamiento implicó vencer los miedos y las tensiones propias de enfrentarse a la enfermedad.

“Aquí el primer día fue de mucho nerviosismo, sobre todo porque a nuestra familia también la aislaron en otros lugares de la ciudad y eso siempre crea incertidumbre. No obstante, enseguida nos organizamos y asumimos el compromiso de no detener el trabajo”, confiesa.

Mientras tanto, Yoany Rodríguez Contino llegó a la institución para brindar asistencia médica ante cualquier emergencia. A su vez, contribuye al control epidemiológico y tres veces al día pesquisa a todo el personal. “Aquí tenemos personas mayores de 60 años, algunos de ellos con patologías asociadas, así que extremamos las medidas de seguridad. Hasta el momento todos se sienten bien y ninguno tiene síntomas”.

La esposa de Yoany también es doctora y labora en otro centro de aislamiento de Santa Clara. Cuando habla de ella puede ocultar poco la sensación de orgullo. “Nos tocó estar ahora alejados, pero esta es nuestra batalla. Nos dieron la tarea y nos enviaron a los lugares donde más falta hacíamos”.

Por su parte, Raquel Báutez es protagonista no solo en todas las labores de limpieza, sino también en la organización del trabajo. Secretaria de la sección sindical y analista de producción del taller de impresión, desde que comenzó el aislamiento en el poligráfico se le puede ver en casi cualquier parte. Fundadora del lugar, conoce cada rincón, cada pasillo y también cada desafío vivido a través de los años.

“Aquí nunca se dejaron de tomar precauciones, solo que luego del contagio las arreciamos. Este aislamiento es una situación difícil para todos, porque nosotros estamos aquí y nuestras familias en otros centros de la ciudad. La preocupación se mantiene siempre, pero este es uno de los tantos retos vencidos que entrarán a la historia de este lugar. Decidimos estar aquí para continuar trabajando y lo cumpliremos”, asegura.

Aunque para estos hombres y mujeres restan muchos días para volver a la cotidianidad de su trabajo o regresar al seno de su familia, el compromiso no decae ante este nuevo panorama. Tinta, láminas de papel y rotativas seguirán siendo su mejor aliado en tiempos en que la COVID-19 impone dormir entre las máquinas para garantizar trabajo y salud.

Para contribuir al distanciamiento cada trabajador tiene su cama ubicada en las propias áreas de trabajo. Foto: Yunier Javier Sifonte/Cubadebate.

En video, la noticia