Ramón Sánchez Parra: orgullo de ser periodista

Ramón Sánchez Parra, periodista por siempre // Foto Marlene Herrera/Archivo

Soy su aprendiz. Lo digo con el placer de haber crecido escuchando de su andar incansable en el ámbito noticioso, de referirle como mentor para adentrarme en los caminos de esta profesión que, como asevera, es una academia.

Recuerdo las recomendaciones cuando le dije que aspiraba a ejercerla, de tener como “mejor amigo cuanto texto llegue a tus manos, porque la vocación del periodista es dar la noticia, si, pero leer, estar al día y el conocimiento son armas infalibles”.

Ramón Sánchez Parra lleva impregnado en su espíritu aquel aroma de la tinta del periódico local Orientación, donde despertó su pasión por el periodismo. Si bien inició como repartidor, previo al triunfo revolucionario para cobrar unos 15 pesos, fue allí donde “me incorporé al trabajo periodístico de una forma que nunca pensé”.

La vorágine de la rotativa avivó el sueño del joven Nené, como le conocían y le llama aún su Concha, siempre sediento del saber. Y se convirtió en tipógrafo de la primera y última plana del diario, dirigido por Hipólito Portal y con anuencia de personalidades de la cultura local como el historiador Wilfredo Naranjo Gautier.

Aquella dimensión de las palabras salió del papel y se adhirió a él con tal fuerza que nació el Parra devorador de libros y lecturas sin fin, el discípulo de reportero capaz de crecer por su ímpetu de autodidacta y asumir faenas como corresponsal de los periódicos Sierra Maestra, de Santiago de Cuba, el nacional Granma, fundador del manzanillero La Demajagua convertido luego en el semanario provincial, donde echó raíces.

Incontables los sucesos narrados en las más de cinco décadas de ejercicio y desvelos para entregarle al pueblo la noticia, la valoración del suceso, la entrevista al hombre digno, sencillo, humilde, laborioso, comprometido que, como él, resulta indispensable en la construcción social cubana.

Sánchez Parra cuenta entre sus más de 70 reconocimientos la condición de Hijo Ilustre de Manzanillo // Foto: Marlene Herrera/ Archivo

“El periodismo, valora- un campo que es bastante arduo y difícil, no crea nadie que la prensa es tan sencilla como parece, porque hay que investigar, buscar, trabajar mucho, y gustarle la profesión principalmente; requiere de dedicarle días, horas”.

“Para mí es un orgullo grande haber sido periodista, haber tributado tan siquiera algunas cosas a la prensa, y me siento feliz porque he cumplido con parte de lo que corresponde a una persona aportar en su vida”.

Dentro de ese mundo que asegura aún sueña, la radio, especialmente la de su ciudad natal, “ha sido una escuela; Radio Granma, de la que fui colaborador prácticamente siempre, allí junto a compañeros como Mariano Gómez Navarro, Pedro Vera Portales. Una academia de crecimiento para periodistas, locutores, y otros, que están en distintos ámbitos del país, porque se aprende mucho, fundamentalmente por su dinamismo”.

“Ella tiene ese poder de ubicuidad, de entrar dondequiera, al momento, y esa magia enamora al periodista, y le obliga a la vez a superarse, necesariamente a buscar información veraz, y ese hábito no lo pierdo a pesar del tiempo. Por eso leo la prensa y escucho la radio a más de 25 años de jubilado, y sigo bien informado”.

“Sueño con que estoy trabajando, porque amo la profesión, y me vinculo con los demás compañeros, voy a la emisora, sigo las noticias. Indudablemente entre los momentos más hermosos dentro del gremio recuerdo cuando me otorgaron el premio Por la obra de la vida Rubén Castillo Ramos, y me lo dieron aquí en Manzanillo, y entre otros tantos, el Sello 90 Aniversario de la Radio”.

Cual caballero andante, hidalgo sin corcel, con lápiz, papel y grabadora como lanzas en mano, Sánchez Parra es uno de esos comunicadores por excelencia que se agenció un lugar en la historia de la prensa y radio local, desde la consagración al quehacer de servidor público, capaz de sentir “el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso”.

Su voz, aunque ya revela los 82 años, conserva el tono radiofónico con el que llegó a las casas de los manzanilleros, la firmeza de aquellos tiempos cuando tuvo el privilegio de perpetuar, con la cámara fotográfica de propiedad compartida con un amigo, la imagen de Ernesto Che Guevara durante el primer trabajo voluntario en la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos.

Sánchez Parra recuerda la fotografía tomada al Che en el primer trabajo voluntario // Foto Denia Fleitas Rosales

La confabulación de sus manos y el pensamiento, hábiles para redactar con inmediatez, asiste a su expresión para reiterar: “he sido una persona dichosa, en ese campo de que le reconozcan a uno el trabajo realizado; me siento orgulloso de los compañeros de este medio que no me olvidan, que me quieren y yo también siempre los querré”.

Y cual aprendiz, tiene esta periodista joven la deuda con el veterano y maestro de continuar incorporándole energías y saberes a este oficio incomprensible y voraz, como magistralmente lo definió García Márquez, “cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente”.

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